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Córdoba

Vivir con sed en el Paredón San Roque

Están pegados al dique que abastece de agua a la ciudad de Córdoba y no tienen una gota que calme su sed. Usan sistemas de poleas para extraer agua de una laguna cada vez que necesitan bañarse.

“Todavía me acuerdo del día en que la laguna se quedó seca. Creo que era allá por 1960. Ni una gota de agua había y la tierra estaba reseca. El dique había bajado mucho y, por eso, la laguna también. Nos reunimos todas las familias que rodeamos a la laguna para rezar que el agua vuelva. Para pedir que llueva. Pero no pasaba nada y cada vez se nos iba más el alma del cuerpo”.

A Marta Sosa todavía se le ilumina la mirada cuando recuerda el histórico hecho. La mujer de 55 años, pelo enharinado y piel de nuez, es toda una autoridad en la zona. Nacida y crecida al lado de la laguna, nieta de los primeros pobladores del lugar. Ve pasar con resignación el transcurso del tiempo y con cada vez más calma se da cuenta de que todo seguirá igual. Es que por más que lo piense una y mil veces no puede entender cómo viviendo a sólo metros del dique que abastece de agua a la ciudad de Córdoba no tenga una sola gota para calmar su sed.

Es una de las tantas historias de los pobladores del Paredón San Roque, habitantes de lagunas escondidas pero muy cercanas a la modernidad. Son unas 100 personas que rodean tres lagunas, afluentes   del dique San Roque. Están a metros de la ruta E55 y del embudo que de vez en cuando se torna un espectáculo para los turistas que suelen detenerse a ver la “cola de la novia”. Se encuentran en la entrada de Villa Carlos Paz. Pero nadie los ve y a nadie parece importarles. De otra manera no se explican que no tengan agua desde hace siglos. Que hayan tenido que apelar a precámbricos sistemas para extraer agua de esas lagunas y acarrear bidones para extraer algo para tomar.

Valle escondido. No es fácil llegar a las viviendas de la gente del paredón. Hay que detenerse en la ruta, doblar hacia la derecha y andar unos minutos por un camino polvoriento. El sendero se interrumpe con el paso de unas vías que aun están calientes. Ha pasado un tren sin previo aviso. Y una vez atravesado el obstáculo aparece el primer “barrio” de la comunidad.

Poco a poco, los vecinos cuentan sus peripecias en torno al agua y a la vida misma. Son relatos que parecen sacados de libros de historia pero se desarrollan en pleno Siglo 21. Es el otro costado de la crisis hídrica.

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