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Ocio

Vivir cansados y a contrarreloj

Nuestro organismo nos hace las quejas, pero parecemos no oírlo. Y sin embargo, recientes estudios científicos confirman que los cambios de horario, como el que hicimos hace poco, podrían afectar al corazón.

En Estados Unidos y muchos países de Europa es ya una costumbre totalmente instalada el atrasar una hora el reloj al promediar el otoño, y adelantarla antes del verano. Para nosotros, en Argentina, este hábito nos resulta una extrañeza, pero al fin y al cabo, “habrá que acostumbrarse”, nos consolamos. Sin embargo, nuestro cuerpo no dice lo mismo. Y a la hora de saltar de la cama, o resistir una velada trasnochada, nos pasa factura de la falta de sueño.

En los países del Primer Mundo, ya se empiezan a cuestionar los efectos sobre la salud de este cambio de horario que realizan cada seis meses. Una reciente investigación científica llevada a cabo en Suecia obtuvo resultados que parecen demostrar que estos cambios de horario afectarían al corazón. 

Más atención para los individuos vulnerables. “Éste es el primer estudio sobre el tema, por lo que se necesitan realizar más investigaciones”, aclaró el doctor Imre Janszky, del Instituto Karolinska de Estocolmo y coautor de una carta publicada en la edición del 30 de octubre de la revista New England Journal of Medicine. “Sin embargo, podemos decir sin lugar a dudas que nuestro estudio se suma a la evidencia de que los individuos vulnerables pueden beneficiarse al evitar cambios bruscos en su ritmo biológico”, dijo Janszky.

Entre estos individuos vulnerables se encuentran las personas que ya tienen privaciones del sueño, señalan los expertos. Los pacientes que tienen un riesgo más elevado, como colesterol alto y, sobre todo, si roncan, deben tener mucho cuidado con la hora de acostarse y levantarse, no sólo con los cambios de horario, sino también en general, explican desde la universidad de New Jersey.

Los datos del Estudio. Para esta investigación, los científicos suecos utilizaron un registro con información de todos los ataques cardíacos que se habían producido en Suecia desde 1987. Luego, compararon el número de ataques cardíacos que tenían lugar  durante los primeros siete días después del “adelanto de la hora en primavera” y del “retraso de la hora en otoño”, así como el número promedio de ataques cardíacos que ocurrían dos semanas antes y dos semanas después del día de transición.

Y el resultado fue bastante elocuente: hubo un aumento repentino en el número de ataques cardíacos durante los tres primeros días laborables después del cambio de hora en primavera, y el efecto fue más pronunciado en las mujeres.

Sin embargo, con el cambio de hora del otoño, se observó un incremento significativo el primer día laboral justo después de la transición; y este efecto fue más pronunciado en los hombres.

Dormir más: una necesidad, no un lujo. El descanso nocturno promedio se ha disminuido de 9 horas a 7,5 en el último siglo. Esta falta de sueño general en nuestra civilización es causa de muchos males.

Los autores de este reciente estudio elaboraron como posible hipótesis que el incremento en el riesgo se debía posiblemente a los efectos negativos de la privación del sueño sobre la salud cardíaca.

El siguiente paso de la investigación debería ser determinar si el sueño prolongado podría revertir el problema, sobre todo debido a que en las sociedades occidentales tiende a faltar el sueño. Los datos estadísticos indican que en general, el descanso nocturno promedio se ha reducido de 9 horas a 7,5 horas en el último siglo.

Es probable, indican en el estudio, que dormir más ayude, dado el sorprendente hallazgo de que el riesgo más elevado de ataque cardíaco en el otoño tiene lugar el lunes, el primer día de trabajo de la semana.

¿Y si probamos con una siesta? Dificultad para concentrarse, cabeceos constantes, y bostezos que se repiten uno tras otro. La somnolencia diurna es una señal de que no estamos durmiendo lo suficiente, y a largo plazo, podría ser un factor de problemas más graves, como afecciones cardiovasculares. En estos casos, los expertos recomiendan la siempre saludable “siestita”. Un reposo en las primeras horas de la tarde, de no más de media hora, dicen que es ideal para reponer energías y seguir adelante durante el día.

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