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Córdoba

Universitarios tunean 32 viviendas humildes

Villa Rivadavia. Proyectan y dirigen pequeñas obras para mejorar el hábitat.

Cuando a los nietos de Rufino Torres el asma les impide respirar, el hombre se desespera. Desde su pieza se escuchan las bocanadas de los pequeños, procurando conseguir un poco de aire fresco. Es que en la casa de Rufino, en Villa Rivadavia Anexo, hasta eso escasea. O escaseaba: una intervención de estudiantes de la cátedra de Servicio Socio Habitacional de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) hizo que el aire entre como por arte de magia en ese santuario del tesón que es la casa de los Torres.

La de Rufino, junto con otras nueve de la barriada, formó parte del primer pelotón de viviendas mejoradas a través del Proyecto de Rehabilitación y Mejoras Edilicias, que contempla la realización de pequeñas obras, con un monto inferior a los tres mil pesos, planeadas y dirigidas por los estudiantes universitarios, y construidas por los propios vecinos. 

Con un cigarro armado entre los dedos, Rufino señala las nuevas ventanas que se colocaron en las piezas, más grandes que las anteriores y en una ubicación distinta, y la flamante instalación eléctrica que reemplazó a los viejos cables comidos por las hormigas. “Me entusiasme y terminé el revoque fino en el frente y pinté”, dice el hombre de piel curtida.

Mejoras indispensables. Hasta julio del año próximo, cuando finalice el proyecto, 32 viviendas habrán sido adecuadas para que cumplan con las exigencias arquitectónicas mínimas de habitabilidad. En las primeras 10 casas, los trabajos se ejecutaron entre marzo y julio de este año.
Los hogares que serán intervenidos surgieron de un relevamiento realizado por los alumnos universitarios en 62 casas de la barriada. “La primera intención era que los vecinos tuvieran el plano aprobado. Entonces, surgió que muchas casas no reunían las condiciones de habitabilidad óptimas, pero  haciéndoles unas pocas reformas se podía mejorar notablemente el hábitat. Así arrancó el proyecto, consensuando con los vecinos los trabajos”, explica Leandro Pivetta, licenciado en Ciencias Políticas e integrante del Grupo de Voluntarios de la Universidad Católica de Córdoba.

Con dos años caminando el barrio, Leandro se mueve como uno más. Se asoma por la ventana de la casa de Ana Santa Cruz y la llama a los gritos. “¡Pasaaaá!”, es la respuesta que llega desde el fondo. “A la casa de Ana la dieron vuelta”, dice Leandro antes de entrar. La descripción es literal: lo que era el living, ahora es un salón para dar clases particulares (así se gana la vida Ana), y el “aula” pasó a ser el dormitorio de los hijos de la mujer. Contagiada, Ana le puso el piso a la nueva habitación, compró los vidrios que faltaban en las ventanas y revocó toda la cocina.

“Para ingresar al programa, los vecinos deben aceptar ciertas condiciones y firmar un acuerdo en el que se detallan las obras, los materiales, los plazos de ejecución, el monto que aportarán y el responsable de los trabajos”, agrega Leandro Pivetta. Cada familia beneficiada debe hacer un aporte en efectivo equivalente al 5 por ciento de la inversión que se hará en la casa. En ningún caso el monto superará los 150 pesos. “Y se puede pagar en cuotas semanales”, agrega Leandro. Lo recaudado sirve para aguantar el impacto de la inflación en los materiales de construcción.

Los 25 mil dólares para financiar el programa fueron aportados por la ONG Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático de Vivienda Popular, con sede en Chile.

“No regalamos nada. Sólo aportamos los conocimientos técnicos y el financiamiento. Pero cada vecino debe comprometerse con el proyecto y llevarlo adelante”, explica Leandro, mientras entra a la casa de Nélida Domínguez. Allí, el nuevo sistema de desagües (un complejo entramado de caños de PVC y sifones) evita que la vivienda se anegue los días de lluvia. “Uh, cuando llovía esto era un barrial, el agua entraba dentro de las casas, y nunca se me ocurrió preguntar cómo lo podía arreglar. Por suerte llegaron los chicos”, dice Nélida sonriendo. Entonces, hace memoria y se da cuenta que la solución demoró 30 años.

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