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Córdoba

Una maratón en la que todos ganan

Personas con obesidad, depresión y estrés se ponen todos los años como meta correr 20 kilómetros desde Córdoba a Carlos Paz.

La “Gringa” conserva intacto en su memoria el día en que se acercó al grupo. Llevaba tacos altos, uñas perfectamente pulidas y labios pintados color carmín. No entendió muy bien cuando la profesora le pidió que se tirara al piso y comenzara con la rutina de ejercicios. “¿Qué hago acá?”, fue lo primero que pensó al ver la manera en que las mujeres, sesentonas la mayoría, se tiraban al piso y le ponían garra a los abdominales.

Corría entonces el mes de noviembre y hacía muy poco tiempo que había perdido a su esposo. Tenía depresión, hasta que decidió “ir a pispear” un domingo al club de la Ciudad Universitaria y ver cómo es que este grupo se decía superador de todas las vicisitudes cotidianas. “No me quedó otra que tirarme al piso y hacer lo que la profesora, con su buen carácter de autoridad, me indicaba. Pero después de la duda, y ese mismo día, me di cuenta de que yo quería estar ahí; que ya pertenecía al grupo que tanto me habían nombrado”, comenta la “Gringa”, de 74 años.

La mujer a la que hace referencia es María Alcira Ortiz, alma mater del grupo, quien junto a su esposo Fabio aceptó el desafío de comandar un grupo de personas con diferentes problemas: obesidad, depresión, estrés, soledad y una enorme variedad de “males” contemporáneos.

El grupo surgió en 1984 y suma cada vez más adeptos. Fabio ya no está, pero la fórmula trascendió, sin secretos. Alcira la explica con sencillez y se refuerza con cada uno de los testimonios de las personas que hoy integran el Grupo de Actividad Física (GAP)-Amistad.

Miércoles 20.30. Pista de atletismo de la Ciudad Universitaria. La clase de aeróbica está por comenzar. Llegan visitas. Alcira le presenta al grupo el fotógrafo de Día a Día. Luego se lo lleva para ver las instalaciones en los que practican deportes, para comprobar que haya suficiente luz. Al regreso, como por arte de magia que recuerda el ochentoso “Venga y Atrévase a soñar”, las chicas aparecen pintadas y peinadas para la sesión fotográfica. Es cierto, van a hacer gimnasia, pero eso no significa que pierdan el estilo. “No somos un grupo de maratonistas. Todos los años nos preparamos para hacer los 20 kilómetros y llegar a Carlos Paz. Lo que nos importa es llegar y apuntamos al estilo de vida”, explica Alcira.

El sustento del grupo tiene tres pilares “tangibles”: ejercicio, alimentación y visita al médico. “Tenemos entrenamientos de cuatro a seis meses para lograr alcanzar los 20 kilómetros de la maratón. Los domingos, la rutina de ejercicios tiene más de dos horas y eso supera un cambio de conducta: acostarse temprano y organizar la alimentación”, explica la profesora.

Más allá de la rutina, hay otros pilares que no se ven pero que también son fundamentales: el entusiasmo y la contención. “Nos ponemos metas cada vez más importantes y eso nos incentiva. Al principio, el grupo que surgió con personas que tenían problemas de obesidad. Los familiares, que venían a buscarlas, de pronto comenzaron a quedarse. Y se fueron sumando. Así se armó un grupo que contiene y a su vez da fuerzas”, dice la mujer.

Tal fue el caso de Juan, quien después de tantas veces que buscó a su esposa, decidió calzarse las zapatillas y entrenar. “Escuchame: a mi me inyectan endorfinas, desde que llego hasta que me voy”, comenta el hombre que está por cumplir los 60.

Mariana, una abogada de 58 años, refuerza la teoría: “Durante mucho tiempo viví en diferentes lugares. Cuando volví, la ciudad ya no era la misma. Necesité un grupo en el que logré un sentido de pertenencia. Yo sé que los llamo y ellos están”.

Jueves 11.30. Reunión en un café céntrico. La profesora y 10 integrantes comentan cómo se preparan para el gran evento de la maratón anual. Será la cuarta vez que Miguel (60) participará de la corrida. Le cuesta mucho esfuerzo llegar, ya que un accidente de tránsito que lo dejó en coma 23 días le produjo secuelas neurológicas. “La última vez que participé de la maratón, lo hice en 3,36 horas. Me di cuenta que lo fundamental era la tolerancia. Todos corremos contra nosotros mismos, contra nuestros miedos. Nadie te pide que llegues primero. La cuestión es llegar”, expresa.

También Mariana se entusiasma. “El apoyo de todo el grupo  me ayuda y me da fuerza. Lo percibí la primera vez que llegué desde Italia. Sentía desarraigo y soledad. Pero sé que puedo contar con ellos y viceversa”.

Antes del debut, surgen los recuerdos de la última maratón, la de los 20 kilómetros de Córdoba a Carlos Paz. Atrás quedó el miedo de Miguel de volver a tener un accidente de tránsito. Atrás quedó la obsesión de Ana con la glucemia y la diabetes. Atrás quedó el sentimiento de bronca que sintió Beba al ser despedida “injustamente”.

Y atrás también quedó la soledad de Mariana: “Cuando sentí que no daba más, comencé a ver el lago San Roque desde la cuesta. Empecé a largar las patas, como si fuese un avestruz, y extendí los brazos. Había hecho tres minutos menos que la última vez. Para mí, eso fue todo”.

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