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Córdoba

Una historia con perfume masculino

Aunque a simple vista se ve como un varón, Fer es una mujer que lucha para acceder a una operación que le permita vivir como un hombre.

Fer nació hace 33 años en Córdoba. En su DNI figura como María Fernanda Rodríguez Benavides; pero en diciembre presentó en la Justicia provincial un acta de acción voluntaria solicitando la autorización para la intervención quirúrgica que le permita cambiar su cuerpo de mujer (genitales y mamas) por los de un varón, y que en su documento diga Fernando Martín.

El protagonista de esta página asegura que no es homosexual, sino que sufre de “disforia de género”. Es un hombre que tiene el físico de una mujer. Sin dudas, el caso de Fer recuerda el de “Naty”, el joven de Villa Dolores que se operó para adecuar su cuerpo al de una mujer.

“Siempre me gustaron las chicas”, afirma Fer, pero recién a los 27 años empezó a vincularse sentimentalmente con mujeres. Durante su adolescencia, puede decirse que no vivió su sexualidad, ya que por temor a lo que pudiera pensar su padre se aisló de todo.

Rechazo familiar. Fer se crió con su padre y sus cinco hermanos varones, ya que su madre se fue de su casa cuando él tenía nueve años. El fuerte carácter machista de su padre hizo que éste lo echara de su casa cuando advirtió que Fer se estaba inyectando hormonas masculinas. “Ahí me quedé completamente solo; pero eso me dio más fuerzas”, relata. Y revela que jamás tuvo un novio, y tampoco fue una mujer femenina: “Nunca usé vestido, siempre de pantalón y remeras amplias, lo único que llegué a tener es el pelo largo, pero por una promesa hasta terminar el secundario”.

Fue recién cuando vio la película Los muchachos no lloran (de Kimberly Peirce) que Fer supo lo que le pasaba: la protagonista del filme es una mujer que se siente varón. Así, desde hace tres años Fer se somete a un tratamiento hormonal que consiste en una inyección de Testoviron Depot cada 15 ó 20 días. La hormona (testosterona) inhibe a los ovarios para que no produzcan estrógenos. El suministro de la droga no se puede cortar, ni siquiera después de la operación. Con el tiempo, el tratamiento le cambió la voz, le hizo crecer el vello del cuerpo, y le modificó  la musculatura. Además, está bajo tratamiento psicológico.

–¿Cómo es la relación con tu familia hoy?

–A mi papá lo vi en el hospital cuando se enfermó mi abuelo. Mis hermanos dicen que ‘está todo bien’, pero me los crucé un par de veces y nunca me preguntan cómo estoy, o me piden mi teléfono. Mi abuelo paterno es el único que siempre estuvo conmigo.

–¿Quiénes son tus amigos?

–Tengo dos amigos varones con los que me cuento todo. Y tengo amigas mujeres. Con las chicas la relación es más emocional, tal vez como no tuve madre necesito ese afecto.

–¿Cómo son las mujeres?

 –Las mujeres son dulcísimas. La compañía femenina a todos los hombres nos agrada. A mí me gustan las mujeres, pero no todas las mujeres. Y creo en la amistad entre el hombre y la mujer.

–¿Cómo es la relación con tus compañeros de trabajo?

–Para los chicos soy uno más. Tienen más prejuicio las mujeres. Pero, la discriminación está; hay una persona que pasó un día a mi lado y me dijo “a ver vos si movés las tetitas”.

–¿Por qué trabajás como operario en una fábrica?

–Necesitaba laburar y donde menos me hacían problema era en las fábricas.

–¿Por qué decidiste hacer pública tu historia?

–Quiero que la gente sepa que no es fácil. Todavía tengo que hacer muchísimo para empezar una vida normal. Luego de tener la autorización judicial viene la pelea con la obra social para que me cubran los gastos de la operación, que no es mucho, pero como es un caso especial ponen muchas restricciones. Quiero una familia y adoptar niños. Y necesito que sea rápido.

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