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Córdoba

Una de cada 10 mujeres está "depre"

Ellas se la toman más a la tremenda, según un estudio de la UNC. No hay recetas universales para la felicidad, pero sí se puede cambiar con poco.

Problemitas que se convierten en problemones, discusiones que terminan en lucha campal con la pareja para ver quién tiene la razón y miles de vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. ¿Se sintió tocado? No se alarme ni se desvele más, pero puede que usted esté dentro de la franja de personas que, sin saberlo, tiene algún rasgo depresivo.

Aunque el nombre depresión (así solito) desate el pánico, al parecer es mucho más frecuente de lo que uno piensa. Un estudio realizado por la Cátedra de Medicina III del Hospital Córdoba, que comanda el médico Juan Carlos Copioli, reveló que el 9,92 por ciento de las mujeres tiene algún rasgo depresivo. El porcentaje es menor en los hombres, en quienes se encontró el 4,02 por ciento.

La muestra estuvo conformada por 141 mujeres de entre 26 y 48 años y 149 varones de entre 25 y 47 años de la ciudad de Córdoba. Las encuestas se realizaron en plazas, bares y terminal de ómnibus de la ciudad de Córdoba, en sitios donde la gente se encuentra más distendida. Los resultados fueron publicados por la revista Hoy La Universidad .

Entre los rasgos depresivos se definieron ocho variables (o síntomas): estado de ánimo deprimido, pérdida de intereses, trastorno en el sueño, aumento de peso o cambio de apetito, falta de energía, dificultades para la concentración, desvalorización personal, y pensamiento sobre el suicidio o la muerte.

Cuando alguno de los encuestados decía tener cinco de estos síntomas dos veces por semana o más, se los definía como portador de “algún rasgo de depresión”.

“Vivimos en un mundo terriblemente competitivo. Una persona está sometida todo el tiempo a situaciones de alerta permanente o estrés. El tema es cómo enfrenta cada uno esa presión. Y en esto hay dos salidas, lo que llamamos ‘resiliencia’, que es cuando una persona enfrenta el problema, se adapta y saca ventajas de esa situación. Y están las que las que no logran una adaptación, tienen un estrés crónico, que seguramente es causante de depresión”, explica a Día a Día Juan Carlos Copioli.

Al parecer no hay escapatoria para el estrés, incluso si uno viviera en un pueblo al fiel estilo de la familia Ingalls. Aunque las ciudades grandes, como nuestra capital, aportan un granito de arena extra a clima de competitividad que se da en todos los trabajos actuales.

“En la ciudad, la sociedad está crispada y uno debe enfrentarse con el maltrato en la calle, los líos del tránsito y los apuros de todos los días. Pero el clima de competitividad de la sociedad actual se vive en todos lados. Es el apuro por ser el más exitoso y por tener el último LCD del mercado”, agrega Copioli.

Pero no toda la culpa la tiene el contexto. Mucho de lo que uno carga en su mochila, que data de tiempos inmemoriales, le dan una cuota extra a una ansiedad crónica. La infancia está en la punta del ovillo.

“Una de las cosas que nos sorprendió fue ver de qué manera repercutía el ejercicio físico en las personas. Vimos que los hombres que hacían más actividad física tenían menos rasgos depresivos. En cambio en las mujeres era la inversa. Esto tiene que ver con que ellos están acostumbrados desde chicos a hacer deporte. La mujer en cambio comienza tarde, busca en la actividad física un escape a la depresión”.

Che cosa facciamo? “No te hagas tanto el rollo”, suele ser la frase típica de un hombre a una mujer que le cuenta sus confidencias. ¿Lo escuchó? Pues bien, esta parece ser la regla de oro.

“Hay que disfrutar de todo lo bueno que la vida nos da, como la familia, las cosas pequeñas, sin preocuparnos en exceso por lo que va a venir”, apunta el doctor.

Aunque el consejo esté trillado, bien vale recordarlo: hacer una dieta variada, especialmente con frutas y verduras, y tener un buen descanso (de ocho horas) son otras dos reglas de oro.

Por último, bien sencillo: no caer en la manzana de la tentación del mercado. En boca de Copioli: “Hay gente que para distraerse se va al shopping, a ver en qué gasta. ¿No hay mejores formas para distenderse que ver en qué consumir? En esto no hay reglas establecidas. Cada uno tendrá que buscar lo que le hace bien”.

La búsqueda no pasa por ver en qué gastamos, sino en qué nos llena el alma. Así de simple.

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