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Una bocha solidaria

En Villa Serrana. Todos los jueves, Andrea Acuña les enseña a jugar hockey a 25 nenas. Lo hace en una plaza, con palos y bochas prestadas por amigos y familiares.

J ueves 9 de diciembre, el reloj marca las 17.15 y el termómetro acusa la máxima del caluroso día en Córdoba. Los 37,1 grados no provocan modorra. Las ganas de aprender son mucho más fuertes que el sol que azota a la ciudad. Poco a poco, las pequeñas Leoncitas llegan al campo de entrenamiento. Algunas lo hacen en bicicleta, otras de la mano de la mamá o la hermana mayor. Todas bajo el mismo sueño:aprender a jugar hockey, un deporte que ni siquiera les había mostrado la tele.

La placita de Villa Serrana es el escenario y ella, la profe, las recibe con una tremenda sonrisa y un cartelito que identifica a cada una de las pequeñas que conocieron el deporte a través de su iniciativa. La de Andrea Acuña, un alma solidaria que todos los jueves les regala dos horas de su tiempo a un grupo de nenas deseosas de compartir un palo de hockey, una bocha o un momento con nuevas amiguitas.

Para todas ellas, la profe y sus amigas de Mami hockey, las niñas y sus mamás, el verbo compartir es el que mejor aprendieron a conjugar. Comparten un espacio y se olvidan de los pocitos que tiene el suelo de la plaza o si el pasto está más alto o más bajo; comparten los palos que la "seño" y sus amigas "prestan" para que todas se sientan grandes jugadoras; comparten las bochas que Andrea recolecta todos los miércoles para devolver el jueves una vez que la actividad ya finalizó; comparten los baldes de albañil, cajones de cerveza o tachos viejos que sirven de improvisados "conos"; comparten un momento de esparcimiento, aunque algunas tengan cuatro añitos y otras tengan siete u ocho; comparten la esperanza de que Papá Noel o el criollo Niñito Dios deje en su arbolito un palo de hockey.

La iniciativa. Andrea Acuña tiene 39 años y un hijo que juega al hockey, el deporte que la cautivó cuando tenía 10 años y hoy es su pasión. Todos los jueves, una que vez que finaliza su tarea diaria (en una guardería municipal) prepara los elementos para emprender el viaje hacia el corazón de Villa Serrana. Tarda más de una hora y dos colectivos en llegar hasta el lugar.

Desde hace más de dos meses no deja ningún punto librado al azar. Está en todos los detalles. Quiere, sueña, desea, que el hockey sea un deporte popular y sus nenas, las que no faltan a ningún "entrenamiento", se integren a través del deporte.

"Hace dos años que estaba con ganas de armar una escuelita, se me dio esta oportunidad y no quise dejarla pasar", cuenta a Día a Día con una sonrisa tan enorme como la felicidad de las pequeñas que reciben sus enseñanzas.

Y continúa: "Yo veía que en los torneos de fútbol infantil siempre había muchas nenas que estaban al margen del juego y la participación. A mí me interesaba que hicieran algún deporte, alguna actividad física que las integrara".

Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y la coordinadora del proyecto logró que las niñas se sintieran parte de una sociedad que muchas veces margina o deja fuera del sistema. "La elección del lugar no fue azaroso. En esta zona no hay clubes, sólo se juega al fútbol. El barrio está rodeado de avenidas, pero el corazón alejado de ellas y sin posibilidades de poder hacer otra cosa que no sea fútbol", explica Andrea.

Para esta mujer solidaria el primer paso estaba dado. Sólo era cuestión de seguir mirando hacia adelante y proyectando el futuro. Así cada jueves, a las 17, en la plaza del barrio la reunión es impostergable. Claro, cuando la improvisada cancha está ocupada o llegan los chicos a jugar a la pelota, las "pequeñas jugadoras" se mudan a la Cooperativa que está enfrente y que se prendió con la idea. "Desde que surgió la iniciativa todo se transmitió de boca en boca, nunca hicimos publicidad ni nada", cuenta la seño y las palabras se atropellan por seguir relatando la historia.

Y sigue: "El día de la competencia de fútbol yo avisé que iba a venir al jueves siguiente (el segundo de setiembre) y acá estuve. Ahora ya son 25 nenas que vienen a entrenar".

El entusiasmo. El ímpetu y la energía que pone la ex número 5 de La Salle contagia. Nadie puede hacer la vista gorda ante tanto empuje. Las peques lo perciben, lo toman. Cuando uno las ve cuesta creer que no conocían nada del deporte hasta que llegaron a la placita.

"Las nenas nunca habían visto un partido de hockey. La mayoría ni siquiera había visto un partido por la tele, pero si sabían de fútbol, por sus hermanitos. Entonces como es más o menos parecido y se juega con la misma cantidad de jugadores, yo les dije que esto era lo mismo que el fútbol, pero con un palo y eso les gustó", sigue Andrea. Y agrega: "Siempre les dije vengan y vean. Si no les gusta no vengan más, pero hasta ahora no falló ninguna".

No se toma asistencia y un faltazo no significa una penitencia o castigo. Pero cada jueves, una vez que la tarea escolar llegó a su fin, las 25 nenas acuden a la cita. Aprenden a manejar el palo, a acomodar el cuerpo y a sortear obstáculos. Los escollos no son sólo los que pone Andrea para que las peques aprendan a evitarlos, también aparecen otros, pero no amedrentan. Faltan infraestructura y elementos, pero sobran ganas.

"Yo traigo todo, porque de las 25, sólo seis tienen palos", explica. Y continúa el relato: "Más allá de no tener cancha ni elementos, porque reciclamos todo lo que encontramos a mano, hay voluntad y deseos de hacer que esto crezca y cada vez sean más las chicas que aprendan a jugar hockey".

Medallas de integración. No es fácil iniciar una actividad, generar competencia o incluir a un grupo en un torneo oficial. Pero desde distintos ámbitos se pueden generar encuentros para que las nenas de Villa Serrana también puedan conocer las mieles de un torneo o de la obtención de una medalla.

"Yo estoy más que agradecida con el La Salle H.C. porque a través de ellos las chicas pudieron tener su primera y única participación en el año. A decir verdad, entrenamos poco, pero a partir de ir al club y hablar con la gente que estaba a cargo de la organización nos invitaron a participar", relata Andrea.

La invitación fue para formar parte de un torneo de hockey infantil y allí fueron las nenas del barrio. Jugaron cuatro partidos y compartieron el día con más de 700 nenas que sienten la misma pasión por el deporte. "Fue un megaevento, como un intercolegial, organizado por el La Salle. Las chicas nunca habían visto una cancha de hockey y estaban muy felices. Tuvieron la posibilidad de jugar en el sintético, un lujo para ellas, y cada una volvió con su medalla de participación. Fue como un broche de oro del año, pasamos de entrenar en un sitio baldío, sin elementos ni infraestructura a compartir una jornada a puro hockey".

A Andrea se le ilumina la mirada cuando recuerda el momento. Nadie mejor que ella conoce del sacrificio de las familias y el amor que pone cada una de las 25 pequeñas para seguir adelante con una actividad, que hasta hace dos meses atrás desconocían.

Mirar hacia adelante. La semilla ya fue sembrada. La planta empezó a germinar y poco a poco sus raíces se van afirmando. Pero todavía se puede hacer más. Y eso es lo que sueña a futuro la coordinadora de la escuelita.

"Me gustaría mejorar todo y que vengan más nenas. Como yo juego en las Mamis de La Salle, quiero hacer una campaña para juntar los botines o zapatillas que ya no usan. Quizás para muchos no signifique nada, en cambio para nosotras todo suma. O los palos viejos, que seguro en alguna casa debe haber y que están en desuso. Nos facilitaría mucho la tarea conseguir ese tipo de cosas", expresa Andrea.

La seño, que se encarga de aclarar una y otra vez que no es profe de educación física sino una mera transmisora de su pasión por el deporte, está satisfecha con lo conseguido hasta aquí. "Estoy feliz, esto es un granito de arena en una sociedad en la que hay falta de compromiso. En la que muchas veces se mira para otro lado, por eso poder aportar con algo por más mínimo que sea para mí ya es importante. Tal vez sea una forma de proyectarme, dejando una enseñanza. Que de 25 nenas, dos sigan jugando y puedan tener la posibilidad de llegar a una primera de un club sería como cumplir el sueño de mi vida", dice.

Probablemente ninguna de ellas sea una Leona de selección, pero todas son pequeñas Leoncitas de la vida. Encontraron una actividad que las integró, un deporte que les enseña a sortear obstáculos cada día y a compartir con sus pares el desafío de seguir creciendo. Andrea las guía desde la disciplina que tanto la apasiona, pero también las está formando para afrontar la vida.

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