Córdoba

Un policía denunció que sus jefes lo persiguen por investigar al D2

Es un comisario, hijo de un sindicalista asesinado en 1976. Hizo una presentación en la Justicia Federal.

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Por Anónimo (not verified)

“Cortala con esa investigación del D2”. La amenaza tronó en un amplio despacho del edificio de la Jefatura Policial. Venía de boca de un integrante de la plana mayor y dejó helado a su destinatario, un comisario que entonces trabajaba en la departamental Marcos Juárez.

Fue el final de una charla, a mediados de julio, que resultó mucho más áspera de lo esperado. La frase retumbaba una y otra vez en su cabeza, pero el comisario intentó convencerse de que era una bronca del momento.

Prefirió concentrar sus esfuerzos en la cita que ya tenía fijada para el 4 de agosto en el despacho de la fiscal federal Graciela López de Filoñuk, para brindarle más detalles sobre la muerte de su padre, Alberto César Giménez, ocurrida en la madrugada del 26 de febrero de 1976, en la esquina de Paraná y San Jerónimo. Había conseguido nueva documentación y estaba ansioso de ponerla sobre el escritorio de la funcionaria judicial que lleva todas las investigaciones sobre delitos de lesa humanidad en esta provincia.

Pero dos días antes recibió un llamado desde la fuerza policial, con una noticia complicada. Le pedían que se presentara en Córdoba, que había sido trasladado de destino, que ahora estaría adscripto a la Policía Caminera.

No parecía casual. El destinatario vio un mensaje en este súbito traslado,  y se dio cuenta de que las advertencias que le habían hecho dos semanas antes tal vez no eran en vano.

24 años de constancia. El protagonista de la historia es el comisario Julio César Giménez. Tenía sólo 11 años cuando su padre, Alberto César Giménez, fue brutalmente asesinado –según investigó– por una patota del D2, sólo un mes antes del golpe de Estado.

Giménez padre era en aquella época secretario general del Sindicato de Pasteleros, y estaba en la lista de los dirigentes combativos que formaban parte de la vanguardia cordobesa, junto con exponentes de la talla de Agustín Tosco, Atilio López y René Salamanca (ver “La muerte del...”).

Su trágica muerte marcaría a fuego el resto de la vida de su hijo, que se juró investigar quiénes lo habían matado. Cuando tuvo la edad suficiente, se inscribió en la Escuela de Oficiales y logró ingresar a la Policía. Desde adentro, se armó de paciencia para desempolvar los archivos, rescatar sumarios, investigar conexiones, entrevistar a amigos y compañeros de su padre.

Nunca dejó de buscar y poco a poco fue llegando a la conclusión de que su padre no había sido matado por Montoneros ni por la interna sindical, como se supuso en aquel entonces, sino que había sido una de las tantas víctimas del D2.

Cuando logró juntar elementos documentales, dialogar con testigos y acumular indicios suficientes, decidió buscar ayuda. Se acercó a la organización Hijos, y allí obtuvo una primera orientación de parte del abogado Martín Fresneda.

Finalmente, en mayo de 2007, tras 24 años de silenciosa constancia, tomó coraje para realizar la primera presentación ante la Fiscalía Federal Nº 3. Fue una denuncia consistente a la que tuvo acceso Día a Día, y que refleja con precisión la probable participación del capitán Héctor Pedro Vergez en el crimen. Nada menos que el tenebroso miembro del Comando Libertadores de América y probable “fundador” de La Perla (ver “Quedate tranquilo...”).

Si bien la fiscal López de Filoñuk se excusó de brindar detalles del curso de la investigación, al menos confirmó que “se está avanzando para intentar determinar quiénes fueron los autores de la muerte”.

¿Notas caprichosas? Estos movimientos judiciales que inició el comisario Giménez parecieron sellar el destino de su carrera dentro de la fuerza, según él mismo lo sostuvo en una nueva presentación ante la Justicia Federal. No sólo fueron las amenazas que denuncia haber recibido a mediados de julio de este año, cuando la superioridad se enteró de sus acciones judiciales. Luego padeció un traslado aparentemente caprichoso.

Pero lo que terminó de convencerlo de que estaba siendo perseguido, fueron los puntajes que recibió en su Informe de calificación anual.
Todos los años, los oficiales jefes de la fuerza son evaluados en diversos rubros por tres instancias de la superioridad: su jefe directo, el jefe de la departamental, y luego un miembro de la plana mayor.

La documentación a la que tuvo acceso este diario marca una llamativa contradicción de criterios. El jefe inmediato de Giménez, comisario Rubén Valverde, jefe de zona en la Regional Marcos Juárez, y el comisario mayor José Azcona, director de la Departamental, abundan en puntajes y conceptos elogiosos para el evaluado. Sin embargo, en la tercera instancia evaluatoria, el hombre de denunció al D2 recibe catastróficas calificaciones que lo ponen al borde del pase a retiro.

Éste es el detalle (ver facsímiles adjuntos):
* Integridad: 1ª instancia 9,80 / 2ª instancia 10 / 3ª instancia 4.
* Conducción: 9,80 / 10 / 5.
* Idoneidad: 9,80 / 10 / 4.
* Responsabilidad funcional: 10 / 10 / 3.
* Relaciones públicas: 10 / 10 / 3.

El autor de ese tercer puntaje es el comisario mayor Ramón Ángel Frías, miembro de la plana mayor, director general de las Departamentales Sur y firme candidato en la lista de aspirantes a suceder a Alejo Paredes. Es el mismo hombre que según la denuncia fue el que en su despacho habría amenazado al comisario Julio Giménez con la frase que encabeza esta nota.

La calificación genera susceptibilidades. Los dos primeros evaluadores conceptúan elogiosamente a Giménez. "Reconocido por autoridades públicas. Muy buena gestión como jefe de la comisaría de Distrito Leones. Inteligente en lo operativo e investigativo, con iniciativas constantes".

Frías por su parte, ensaya alguna explicación para su terrible bochazo: “Oficial jefe que se ha desempeñado por momentos con cierta efectividad. No obstante en esta instancia (se) ha evaluado globalmente su desenvolvimiento”. La calificación pone al aludido prácticamente al borde del pase a retiro.

Según señaló Giménez el 10 de noviembre último en la ampliación de su exposición ante la fiscalía federal, esta situación también formaría parte de la persecución, por el solo hecho de ser denunciante del D2.

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El texto original de este artículo fue publicado el 29/11/2009 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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