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Policiales

Un poco menos para uno del motín

El TSJ acortó una condena por la fallida fuga en camión, durante el motín de 2005.

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Por Anónimo (not verified)

El grito de uno de los policías sorprendió al puñado que se cubría detrás del camión: “¡Ése respira!”

Todos lo daban por muerto, al ver la perforación que ese corpulento muchacho tenía en la zona derecha de su cabeza. Pero esa vida no quería extinguirse.

Ni bien percibió la situación, el comisario Frías se acercó para observar al herido. Al verlo en el piso, de inmediato reconoció a ese muchacho. Y el baleado, apenas consciente, también supo en el acto quién era ese jefe policial.

“Sacame de acá, Frías…”, alcanzó a decirle el muchacho entre toses y carraspeas. Al Gordo Luna aún no le había llegado la hora.

Volver y pedir perdón. Víctor Javier Luna (32) fue el hombre que volvió de la muerte esa noche del 10 de febrero de 2005. La ráfaga que había dejado sin vida a cuatro ocupantes de la cabina del camión, incluyendo al rehén Andrés Abregú, también impactó en la cabeza de este muchacho. Parecía muerto, pero volvió.

Fue llevado a juicio 33 meses después, junto a los compañeros de esa fallida fuga. El 13 de noviembre de 2007 le tocó el turno de hablar ante el tribunal. Contó de su historia de marginalidad, su adicción a las drogas, su infancia fallida. Admitió haber estado en esa cabina del infierno, y entre varias pausas, pidió perdón a la familia del empleado fallecido. Y cerró diciendo: “Agradezco a Dios estar vivo, pero las cosas que uno hace, debe pagarlas”. Y las pagó. El 5 de diciembre del mismo año fue hallado culpable de privación ilegítima de la libertad agravada por la muerte de la víctima. A ello se le sumó la tentativa de robo del camión y la tentativa de fuga. Traducido en condena, fueron 17 años de prisión, unificados en 18 por su condena anterior. Sale en 2023.

Pequeña baja. A tres años de aquel veredicto, la condena de Luna fue parcialmente reducida por el Tribunal Superior de Justicia, quien resolvió el recurso de casación presentado por su abogada, la defensora oficial Susana Frascaroli. En su planteo, la letrada había objetado la legalidad del mínimo de pena previsto por el Código Penal para la privación ilegítima de libertad agravada por la muerte de la víctima, señalando la desproporcionalidad del mínimo de pena fijado para un homicidio culposo, como sería el caso en cuestión, que por la ley 253742, pasó de un piso de 5 años a uno de 15. Sobre ese piso de 15 años es que a Luna le fueron aplicadas agravantes que consideró la Cámara Séptima del Crimen al momento de dictarle condena. Consideró la naturaleza violenta del hecho, la muerte innecesaria de sus compañeros de fuga, y la del rehén Abregú. Esas fueron las agravantes que atacó la defensora. Planteó que la violencia fue en el contexto del motín y la situación de una cárcel hacinada, que la muerte de los compañeros de fuga era un riesgo que ellos mismos debieron configurarse y no se le puede achacar a Luna, y sostuvo que la muerte del rehén no puede ser un agravante porque está en la propia carátula del hecho.

La Sala Penal del TSJ (Aída Tarditti, Esther Cafure de Battistelli y Mercedes  Blanc  de Arabel) hizo lugar en parte a todos estos planteos, y llegó a tener términos duros contra la Cámara que había condenado a Luna, al considerar que los jueces Víctor Vélez, Carlos Ruiz y Alberto Crucella realizaron una “valuación absurda que torna en una decisión arbitraria”.

Aún así, la rebaja que le dieron a Luna no resultó categórica. De los 18 años originales, pasó a 16 años y seis meses. Un año y medio menos que este preso deberá pasar a la sombra.

Ni para los condenados, ni para el fiscal
Junto con la sentencia de Luna, la sala penal también resolvió otros seis recursos de casación por la misma causa del camión, uno de los cuales era el presentado por el fiscal de cámara que actuó en el juicio, Fernando Amoedo. Todos fueron rechazados.

En su presentación, Amoedo había objetado la absolución de 22 internos que también estaban acusados de la privación ilegítima de la libertad de Andrés Abregú con idéntica imputación que Luna. Todos ellos habían sido absueltos por ese delito, aunque condenados por la tentativa de robo del camión, y la tentativa de fuga, recibiendo siete años de prisión.

Y también se quejó el fiscal por la absolución de Rodolfo Matías Castro, hombre al que le asistió el “beneficio de la duda”, tras declarar que había saltado por el muro posterior del complejo carcelario aprovechando la confusión generada por el camión. Ninguno de sus pedidos prospero, y la sentencia permaneció inalterada.

Pero en contrapartida tampoco admitió las casaciones presentadas por los abogados patrocinantes de los condenados, quienes básicamente se centraron en dos objeciones: que sus defendidos no participaron del robo del camión agravado por el uso de arma de fuego; y que las unificaciones de condenas que les aplicó la Cámara eran incorrectas.

La tragedia de febrero de 2005
Estallido. En la siesta del 10 de febrero de 2005, en una cárcel de San Martín hacinada, estalló un motín iniciado tras el enfrentamiento de dos pabellones.

Atrapados. Errores en los dispositivos de represión y control provocaron que las fuerzas de seguridad quedaran encerradas entre dos sectores de la cárcel, y fueron rápidamente sometidos como rehenes. En menos de 40 minutos, toda la cárcel quedó a disposición de los 1600 presos, que tenían más de 30 rehenes en su poder. Pronto ganaron los techos e hicieron replegar a las fuerzas de seguridad.

Génesis de la fuga. Un grupo importante se trasladó al Pabellón Industria, al fondo del complejo, y preparó un camión del Servicio Penitenciario para fugar.

Rehén y desastre. En la cabina del camión colocaron al rehén Andrés Abregú y junto a él se ubicaron cinco fugitivos. Sobre las 20.10 salieron del complejo, derribaron un portón perimetral, pero fueron frenados por una ráfaga de disparos, haciendo que el camión se incrustara contra un árbol de calle Uspallata.

Muertes en la calle. Por la balacera y la posterior intervención policial, fallecieron tres reclusos y un empleado penitenciario. Minutos antes había muerto otro penitenciario (Pablo Ferreyra) y un policía (Roberto Cogote).

Los juicios. El caso fue llevado a juicio a finales de 2007 y principios de 2008, desdoblado en tres juicio. Las condenas fueron desde los tres años hasta la prisión perpetua.

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