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Policiales

Un Estado ausente en el vuelco trágico

Los testimonios de los sobrevivientes del Ford Ka confirmaron la falta de controles, lo que dio vía libre al consumo desmedido de alcohol.

Los testimonios de los tres sobrevivientes de la tragedia del Ford Ka, episodio que les costó la vida a dos chicas y a un adolescente y que actualmente tiene en el banquillo de los acusados al conductor del vehículo, confirmaron, además de lo traumático de la situación para los jóvenes, que el vuelco fue la conjugación de maniobras imprudentes al volante con la falta de controles policiales y municipales en la sobreabundante venta y consumo de alcohol.

Es que en este juicio hay mucho más que la suerte procesal que correrá Matías Castro (25), imputado por “homicidio simple por dolo eventual (tres hechos) y lesiones graves (tres hechos)”, lo que podría costarle entre ocho y 25 años de reclusión. El objetivo de los querellantes apunta a demostrar que los controles policiales en la ruta eran inexistentes (aún no estaba la Policía Caminera), que la seguridad externa del boliche La Estación era nula y que el consumo peligroso de alcohol era una invitación sin freno para los jóvenes.

En otras palabras: un Estado ausente y tres chicos muertos: Enzo Paniza (17), Manuela Gorriti (19) y Leticia Buffa (21).

Palabra de Anabel. En este sentido, Anabel Pico (20), la primera sobreviviente en declarar, manifestó que “no hubo nada de controles” en el ingreso al boliche de la comuna San Roque, donde supuestamente debían pedirles el documento para corroborar que no fuesen menores de edad. “Tampoco hubo policías, ni en los alrededores ni en la autopista. La falta de controles era una particularidad de La Estación, que solía estar repleto siempre”, apuntó la muchacha con voz ronca. “Así me quedó el habla después de estar entubada, en coma, por 15 días”, explicó.

Después, la muchacha hizo hincapié en los detalles previos a la tragedia del 3 de marzo de 2.007, dado que olvidó lo que ocurrió después por las “secuelas de pérdida de memoria” que le ocasionó el vuelco. “Tengo marcas de quemaduras en la piel porque el motor se me cayó encima, y traumas que me impidieron avanzar en la facultad”, contó Pico entre sollozos.

Recordó que, al llegar al boliche, Castro le pidió a Alejandro Naides, un compañero de la facultad, que le estacionara el auto porque él no sabía cómo hacerlo. “Matías tenía el auto desde hacía un mes y estaba aprendiendo a manejar. No tenía experiencia. Incluso, me enteré de que antes había tenido un problema por una maniobra riesgosa”, indicó la muchacha, quien conoce a Castro desde la primaria. Agregó que el imputado no sabía dónde cargar gas “porque tenía la oblea vencida”, y que, pese a los reclamos, “jamás la actualizó”.

Los jóvenes bebieron cervezas y vodka. La ingesta continuó adentro del boliche, donde Pico vio que Castro “no estaba bien, caminaba mareado” por el alcohol. El conductor tomó agua, pero de todas maneras “no había cambiado su estado” por lo que le pidieron tres veces que cediera el volante. En las tres, Castro se negó.

“Sucede que Castro es inmaduro, ingenuo. Tenía esas actitudes de exhibicionismo típicas de quien empieza a manejar”, opinó. Un ejemplo de ello lo demuestra el hecho de que Castro “sacó el carnet en un municipio fuera de la Capital, porque en esos lugares pagaba y listo, sin tener que estacionar”.

Palabra de Florencia. El aporte de Florencia Córdoba (20) fue bastante determinante en cuanto a la presunta actitud de Castro al volante, ya que, relató, “conducía zigzagueando”. Antes de perder el conocimiento por el choque, ella escuchó que los demás ocupantes le gritaban “que parara” porque iba demasiado rápido “y perdía el control”. La muchacha sufrió fractura expuesta de muñeca.

Palabra de Juan Manuel. Lo más relevante del último sobreviviente, Juan Manuel Palacios Sosa (21), fue cuando contó que, a la salida del boliche, le pidió a Castro que le dejara conducir, a lo que el imputado se negó. “A Matías le faltaba práctica para aprender a manejar, aún no tenía experiencia”, expresó Sosa, quien debió ser operado en cinco oportunidades por las fracturas en el vuelco fatal.

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"El Ford iba como loco"
La segunda audiencia finalizó con los relatos de Pablo Molla y Carolina Olmos, una pareja que, aquella fatídica madrugada, conducía por la autopista cuando vio que detrás “se acercaba un Ford Ka zigzagueando como loco”, por lo que le cedió el paso. “El Ka no respetaba las distancias, iba mucho más rápido que yo, que no superaba los 110 kilómetros”, expresó Molla. El hombre tuvo una extraña sensación y le pidió a su esposa que llamara al 101 para advertir que frenaran al Ka. “Venía de manera imprudente y presionaba a los demás vehículos”, reiteró. Previo a ellos declaró Jesús Ramírez, el conductor del Polo que fue embestido de atrás por el Ford Ka.

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