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Argentina

Tienen palabra, y la hicieron libro

Un grupo de alumnos de la Escuela Nacional de Bahía Blanca editaron un diccionario con términos que usan los adolescentes. La obra, presentada en la última Feria del Libro, recibió excelentes críticas.

A muchos no se les entiende ni jota cuando sueltan las palabras de la jeta. La mayoría de los interlocutores quedan tildados y prefieren caretearla, quedándose en el molde, para no pasar por agretas. No es que los adolescentes hablen un castellano diferente, ni mucho menos chino básico. Tan sólo inventan sus propios vocablos y resignifican palabras preexistentes empujados por esa voz interior, llamada instinto, que los invita a diferenciarse de los adultos. Y el objetivo está cumplido si logran trocar el lenguaje en una barrera invisible (aunque audible) que separe su mundo del de los mayores.

Pero en esa constante mutación del discurso hay quienes prefirieron perpetuarlo, congelar en la palabra escrita lo que alguna vez pronunciaron sus labios. Como un grupo de alumnos de una escuela de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, que editaron un diccionario que contiene los términos que ellos mismos acuñaron a lo largo de estos últimos 15 años.

El Nuevo diccionario adolescente y otras yerbas, cuya edición se solventó con fondos aportados por el Instituto Cultural bahiense, fue presentado el pasado 6 de mayo en la 36ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, evento al que asistió 1,2 millón de visitantes. Allí, por primera vez los chicos borraron esa línea divisoria y dejaron que el resto del mundo entendiera su universo.

Aunque la iniciativa de estos chicos es por demás novedosa e inédita, el fenómeno no es exclusivo de esa generación. Quien no haya hablado en código con sus amigos durante su infancia, que se atreva a tirar la primera piedra.

Sin embargo, los alumnos bahienses tuvieron la posibilidad de perpetuar sus propios códigos. Básicamente porque los nuevos vocablos no perduran en el tiempo, más bien son abandonados a medida que sus usuarios se alejan de la adolescencia para entrar en la adultez. De hecho, año tras año surgen nuevas expresiones populares, que luego mueren y se reeditan o resucitan, y así sucesivamente en tanto existan futuras generaciones.

Del aula a las librerías. En principio, el diccionario era un trabajo práctico que los alumnos del Colegio Nacional de Bahía Blanca tenían que elaborar para la materia Lengua y Literatura. Pero el ojo crítico de la profesora a cargo de esa asignatura, Elena Di Sarli, vio más allá de las palabras y le propuso a sus alumnos darle a ese ejercicio curricular un formato de libro. Así nació, en 1995, la primera edición del diccionario, que no llegó a ser impresa, pero creó la base de la obra que ya está en las librerías. Desde aquel primer boceto, la profesora y los alumnos de esa promoción, más algunos estudiantes que se sumaron en estos últimos años, continuaron puliendo el trabajo, agregando, quitando y resignificando los vocablos.

Dime cómo hablas. La obra es un diccionario que contiene 160 vocablos que recopilan el habla adolescente. Las palabras se presentan con sus clasificaciones formales, es decir, los aspectos gramaticales, lexicales, semánticos y morfológicos de cada término. Además, presenta un apartado con los vocablos utilizados en 1995 y en la actualidad.

Los autores del texto son Facundo Martinese, Daniela Giménez, Sebastián Sáez, Lucía Calmels, Franco Pulgar, Lucía Serra, Andrea De Cascos, Santiago Catalini, Paloma Rodríguez y Franco Melinsky. El grupo fue coordinado por la profesora Elena Di Sarli.

En peligro de extinción. La ley del menor esfuerzo parece regir la vida de los adolescentes. Hasta tal punto que ahorran hasta las palabras, sin saber que con esa vagancia condenan a muerte al lenguaje. Los especialistas coinciden en que los chicos de entre 13 y 18 años no usan más de 600 vocablos (un adulto medio utiliza 1.600 vocablos para comunicarse y a los 4 años de edad, un niño tiene incorporadas en condiciones normales cerca de 2.500 palabras) y que la falta de lectura empobrece cada día más su idioma, sin mencionar la pésima influencia de las nuevas tecnologías y la televisión.

Según cifras oficiales, en Argentina se vende un libro de texto cada tres chicos y desde la década de los ‘90 la venta de textos se precipitó de 12 millones a dos millones.

En detrimento de esas cifras, otras estadísticas crecen abismalmente. El 40 por ciento de los hogares argentinos con chicos de 11 a 17 años tiene conexión a Internet y el 92 por ciento de los adolescentes de esa franja navega, aunque la mayoría lo hace en un cyber. Además, cuatro de cada 10 adolescentes de sectores de mayores recursos tienen un televisor en su dormitorio. En tanto, el 70 por ciento de los chicos tiene celular al cual utilizan, principalmente, para enviar mensajes de texto.

El mataburros

Algunas palabras que incluye el diccionario son:
Chabón. Chico, joven, adolescente, hombre.
Rollinga. Fanático de los Rolling Stone, teniendo en cuenta su vestimenta.
Emos. Integrante de la tribu social homónima.
Góticos. Integrante de la tribu social homónima.
Bostero. Tacaño, amarreta / Fanático de Boca Juniors.
Botinera. Mujeres que se casan o están en pareja con un jugador de fútbol.
Fuck you. Expresión inglesa que denota un insulto.
Falopa. Droga.
Caño. Un cigarrillo de marihuana.
Faso. Cigarrillo de nicotina.
Agreta. Que se enoja fácilmente.
Alpedismo. Acción de no hacer nada.
Arre. Derivada de la expresión “ah re boludo”.
Bardear. Molestar.
Caretódromo. Neologismo que se refiere al Paseo de Las Esculturas, plaza bahiense donde se reúnen los caretas.

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