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Ocio

Tanto hecho y tanto por hacer

Contento con su presente, proyectando cosas para su futuro, a todo ritmo, inquieto, imparable. Así lo hubiera descripto a Bam Bam después de visitarlo en su casa el martes pasado para hablar un poco sobre el que terminó siendo su último show.

Con esa voz áspera, de las que hacen que te aclares la garganta después de escucharla, y los rasgos bien marcados en el rostro, Bam Bam transmitía experiencia, esa experiencia que sólo tienen los que viven intensamente. Pero al mismo tiempo, sus ojos, sus palabras y sus constantes gesticulaciones hablaban de expectativa, de cosas por venir, cosas por hacer.

“Somos los más viejos de los jóvenes y los más jóvenes de los viejos”, se definió en referencia a su lugar en la música afroperuana, sin embargo la definición es aplicable a su vida. Bam Bam Miranda tenía toda una vida por detrás, pero también tenía toda una vida por delante. Quedó pendiente su show, ya grabado, presentando un solo en tres culos de mujeres. Quedó pendiente un libro y quizá una decena de cajones a medio armar. Sin embargo, dejó de legado mucho más, agregó swing al cuarteto, sumó calidad a la percusión en el país, a través de sus instrumentos y sus colaboraciones con músicos de todos los géneros.

Dedicó su vida completa a la música y murió sentado sobre su cajón peruano, arriba del escenario. Quizá fue la muerte que siempre imaginó, pero llegó demasiado pronto, para él y para nosotros.

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