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Córdoba

Sí, quiero; No quieren

De un lado, el reclamo de un derecho ausente; del otro, una creencia y una preceptiva social. A favor del matrimonio gay, parejas del mismo sexo inexistentes en la ley, pero que ya no pueden ocultarse dentro del clóset social. En contra, la reivindicación de un modelo de familia que no pide nada para sí –puesto que es el canon– sino que instruye sobre el comportamiento ajeno. Que así, en alianza con el fondo de discriminación que anida en el sentido común, censura a los diferentes: como la Iglesia cordobesa que cercena la expresión del disidente cura Nicolás Alessio por correrse de la “bula” eclesial.

El periodismo tiende a trazar bisectrices: pararse al medio, buscar los dos bandos, las dos campanas. Aquí, ciertamente, hay dos actores sociales (hay más de dos, pero por defecto, hemos de simplificar), pero estos antagonistas no son iguales. Porque mientras unos pelean en primera persona para decir “Sí, quiero”, otros utilizan la tercera persona, la indicada para referirse a los demás porque “No quieren”. No son activos sino reactivos.

A una minoría que reclama un derecho que no tiene se le puede discutir su legitimidad, el tiempo para la realización de su deseo, la complejidad de su implementación.  Per no con una opinión o una creencia. Ni con una forma de ver el mundo que lo anula como igual. Igual en su diversidad, en su compleja otredad.

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