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Sexo en el trabajo

Las personas pasan la mayor parte de su día (despiertos) en el trabajo. Será por ello, por la cantidad de tiempo que conviven con otros, por la vivencia de múltiples experiencias que se comparte con jefes, empleados y compañeros, o simplemente por la regla natural que nos define como seres sexuales, que en el trabajo, además de recorrer un camino para la realización profesional y conseguir un ingreso, muchas personas tienen además... sexo.

Atracción fatal. Pocos ámbitos son tan fértiles para originar relaciones de pareja como el laboral. El tipo de convivencia, las relaciones de poder, las horas compartidas generan estímulos de toda clase. El sexo en el trabajo encuentra en la clandestinidad un caldo de cultivo para originar una relación excitante.

Según un informe de la versión americana de la revista Playboy, son las mujeres las que más habitualmente han mantenido o mantienen una relación con un superior jerárquico (46 por ciento).

Mariana, de 25 años, empleada de una empresa de seguros cuenta lo siguiente: "Yo tuve una relación amorosa en el trabajo, él era de sistemas y yo, telefonista. En los ratos libres subíamos al sexto piso y pasaba de todo, la adrenalina que me provocaba esa situación se tornaba adictiva para mi vida. Bajaba toda transpirada del ascensor, no teníamos límites, nunca pensábamos en que alguien nos pudiera descubrir. Después me enteré de que él tenía una hija, yo estaba enamorada, se terminó todo”.

Esto parece confirmarse por la opinión de los psicólogos organizacionales, quienes concluyen que las mujeres se involucran más afectivamente que los hombres. Ellos por lo general sólo pretenden tener sexo.

Según el mismo informe de la publicación americana, si bien muchos trabajadores no llegan a concretar nada, están todo el tiempo en una posición de seducción con sus colegas o superiores.

Las mujeres son las que suelen definir el lugar donde concretar sus fantasías dentro del ámbito laboral, y según el trabajo realizado por la revista, prefieren el escritorio, mientras que el sexo masculino, el sofá o una silla.

Otro condimento son las exigencias modernas, que requieren que un empleado pase tantas horas en el trabajo: Ello suele derivar en conflictos con las parejas y esto es lo que propicia más las relaciones en el ámbito laboral.

No nos une el amor sino la trampa. En muchos casos, el trabajo es un campo de batalla para conseguir establecer una historia basada en lo sexual, pero que no pretende consolidarse en un proyecto de pareja. Muchos se dan precisamente entre personas casadas o comprometidas, que encuentran en las empresas una pantalla ideal para sus infidelidades.

“En el trabajo se dan historias de trampa, sobre todo. Es verdad que también surgen historias que después avanzan en algo serio, pero casi siempre terminan siendo de zurda”, comenta Matilde, 36 años, encargada de un Call Center.

“En muchas empresas no permiten relaciones entre empleados. Eso obliga a que sea todo muy discreto, muy tapado. Entonces, es ideal para conseguir alguna historia secreta, y eso motiva que también surjan posibilidades entre personas que están en pareja, y que consiguen en el trabajo, algo alternativo y temporario, y con garantía de que no surja a la luz”, dice Constanza, 32 años, moza de un importante restaurante.

“Yo tenía una compañera que no funcionaba en el puesto. Era obvio que hacía todo mal. Sin embargo, siguió ahí por mucho tiempo. Nunca nos imaginamos que era amante del jefe. Lo tenían tan bien disimulado, que fue una sorpresa el día que la despidieron (después que ella había decidido cortar con el tipo) y ella se despachó y nos contó la verdad”.

“También están los que se enamoran. Conozco mil casos. Ellas conocen a alguien en el trabajo, y además de un empleo, consiguen un marido o un novio”, aporta Julia, 38 años, docente.

Donde se come... Como en todos los ámbitos, hay precisamente una posición que sostiene mucha gente, en el extremo contrario a la de aquellos que están “cazando parejas” en el trabajo. Es la de quienes creen que no hay nada menos estimulante para la libido que el espacio laboral.

En algunas empresas existen políticas que, explícita o implícitamente, desalientan los amores laborales y hasta los matrimonios. A través de sus reglas, valores, cultura, ciertas organizaciones se convierten en inhibidores de la permisividad sobre la concreción de las relaciones sexuales entre los miembros de un grupo. “En mi trabajo hay tanta tensión, trabajamos tan a full, que la verdad, lo menos que pretendo es agregarle más fuego del que las responsabilidades ya tienen por sí mismas”, agrega Constanza.

“Un día, estando con una amiga en el supermercado vi a un compañero de oficina, y ella me comentó lo fuerte que estaba. Recién ahí lo miré de otra manera y me di cuenta de que era cierto. Porque para mí los compañeros son parte del trabajo, los veo en el marco de las tareas, no me da para fijarme qué tal están como hombres. Un gerente me aconsejó, cuando empecé a trabajar, que si quería hacer bien las cosas, mantenga la sexualidad fuera del trabajo, porque siempre termina afectando, y complicando. Tenía razón. He visto a muchas perder posibilidades y hasta el trabajo, por enredarse con gente con la que trabajaban”, dice Julia.

Los especialistas reconocen que existen diferencias entre los ámbitos laborales, y que hay algunos en donde las relaciones sexuales entre compañeros son más frecuentes que en otros. Los factores culturales, horarios de trabajo, composición de los perfiles del personal, pueden condicionar estos comportamientos, o facilitarlos, como en el caso de los Call Centers, o los hospitales, por ejemplo.

El poder erotiza. El poder, sea en el ámbito que sea, es clave para generar un halo de seducción para quienes lo tienen. Dentro del microcosmos de una organización, la distribución del poder genera espacios propios de atracción, entre algunos jefes y sus subordinados.

“Hay un jefe que tenemos que se siente Brad Pitt. Es increíble cómo gana mujeres acá adentro. Te aseguro que afuera de la empresa no levantaría nada, o muy poco, pero acá, es un gato entre palomas”, dice Julia.

Mabel, de 28 años, empleada de una Obra Social, confiesa que no la pasó tan bien: “Lo mío fue bastante trágico, me enamoré de mi jefe sabiendo que era un imposible. Nos encontrábamos fuera del trabajo, siempre ocultos de todos. Hasta que se enteraron en la empresa y me dejaron sin trabajo”.

“Tengo una compañera que es linda, pero nada del otro mundo. Desde que la eligieron supervisora, empezó a tener un montón de candidatos. No para crecer ni trepar: los hombres la veían más sexy porque ella se hizo más poderosa”.

“La relación entre el gerente y la secretaria, la del médico y la recepcionista, la del supervisor y la promotora, son historias clásicas. Ellas caen a los pies de ellos, porque los tipos son más seductores desde esa posición de poder. No sé si eso pasa con la mujer cuando tiene un cargo superior: creo que a los hombres las mujeres poderosas lo intimidan”, asegura Matilde.

Las voces cuentan historias diferentes, los puntos de vista parecen ser muchos. Lo cierto es que la seducción entre los sexos, encuentra en el trabajo una tierra fértil para que se genere la posibilidad de una relación sexual o amorosa, que puede terminar en el altar, o (las más de las veces), en un escritorio o en algún hotel alojamiento.

Cómo saber si te interesa encontrar sexo en tu trabajo:

-Cuando recibís la pollera del uniforme, lo primero que pensás es: “La voy a cortar un poquito porque está muy larga”.

-Te enteraste de que ingresaron dos empleados nuevos a un sector diferente al tuyo, y buscás cualquier excusa para ir a conocerlos el mismo día que ellos entraron.

-Cuando conocés personalmente a un compañero de otra sucursal con el que sólo habías hablado por teléfono, lo primero que hacés es fijarte si usa alianza de casado.

-Cuando pasás por enfrente de los escritorios de los muchachos de la oficina, te ponés súper derecha y caminás como una modelo, sacando lo mejor de tu figura.

-Para la fiesta de fin de año, te producís como nunca, y te preocupás especialmente en cómo te marca el cuerpo el vestido y cuánto muestra el escote.

-Cuando te llama tu jefe, te fijás que ese botón de la camisa esté... desprendido.

-Te interesás mucho sobre el grado de confidencialidad y discreción del que son capaces tus compañeros de trabajo.

-No te perdés ningún encuentro que se organice entre el personal, fuera del horario laboral.

-Cuando sabés que un hombre que te parece interesante se quedará después de hora, vos también te quedás para “ponerte al día con el trabajo atrasado”.

-Te las ingeniás para que la recepcionista te avise cuando viene ese proveedor que es tan... simpático.

-Sos capaz de hacer cualquier cosa para que esa nueva empleada tan joven y bien formada, vaya a parar rápido a la oficina más lejana de la tuya posible.

-En el trabajo, tus problemas maritales son “más graves” de lo que en realidad son. Siempre decís que estás pasando una crisis de pareja, y que estás confundida.

-Cuando después de algunas frases e insinuaciones tuyas, tu jefe o compañero no te invita a salir, pensás: –”¡Qué lento!”.

Si son más de tres las respuestas afirmativas, ¡estás buscando guerra!... laboral, pero guerra al fin.

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