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Salinas: Mis maestros fueron los discos

Antes de su show el jueves en Córdoba, Luis Salinas analiza cómo llegó a ser una figura de la guitarra siendo autodidacta.

El genial guitarrista Luis Salinas acaba de editar Sin tiempo, su regreso a los discos de estudio después de 4 años, que además sirvió para estrenar su propio sello discográfico (MCA-Música). En una época en la que la industria del disco se debate en cómo continuar con vida, jaqueda por las nuevas tecnologías y la piratería, ¿lanzar un sello es un negocio, es para tener más libertar, o es un acto romántico de resistencia? “Las dos últimas opciones”, devuelve sin dudarlo Salinas.

“Yo creo que todos queremos ser independientes, dueños de nuestras cosas y tener libertad absoluta por lo menos para fracasar en el intento. Es un comienzo para poder ser el dueño de todo lo que haga, y aparte, la posibilidad de poder en algún momento hacer grabar a un amigo que me guste cómo toca. Lo importante es que sean buena gente y buenos músicos, después veremos cómo se desarrolla el tema”, sentencia confiado siempre más en la calidad humana que en las cláusulas contractuales.

“Este me pareció un buen disco para empezar porque está un poco bendecido con la presencia de (los españoles) Tomatito y Diego Amador, más Spinetta”, dice en referencia a los invitados de Sin tiempo. “El disco se grabó en lo de Lito Vitale, con la generosidad enorme que tuvo de entregarme las llaves y decirme ‘hacé lo que quieras’, como si fuera mi casa. Y con Spinetta estuve 10 días en el estudio de su casa mezclando el disco, le gustó un tema, le puso la letra y cuando lo terminó de cantar, le dije ‘gracias por hacerme escuchar un sueño’”.

–¿El tema no iba a tener su participación?
–Mostrándole algunas cosas me dijo que ese tema le gustaba y que le quería poner una letra. Me la mostró y le dije ‘Esto es demasiado para un tema mío’. Y encima después se puso a cantarlo y bueno, fue una de esas cosas que te quedan para toda la vida.

–Intuyo que vos le diste una alegría similar a Marcelo Dellamea, un enorme guitarrista de 18 años que te invitó a su disco. Pinta como un digno sucesor tuyo.
–Yo lo conocí a los 14 años, en el Festival del Chamamé. Terminé de tocar, en el camarín fueron a saludarme y nos pusimos a tocar. Ya hizo toda una carrera, grabó su disco y está tocando con el Chango Spasiuk. Me parece un virtuoso musical, no sólo guitarrístico. Le auguro lo mejor, es muy buena persona también. Yo siempre digo que no es llegar a ningún lado sino encontrar el camino y caminar hasta que dé.

En vivo. Luis Salinas presentará su nuevo material el jueves a las 21.30 en el Teatro del Libertador (entradas a platea 90; cazuela 70; tertulia 50; paraíso 40 y palcos para 4 a 400 pesos). Sin tiempo tiene 19 temas, con una parte eléctrica y otra acústica. “Tenía pensado o armar una mezcla de las dos cosas o hacer una primera parte de lo acústico y después lo eléctrico. Lo voy a definir en el ensayo que tengamos ahora porque también quiero que los temas tengan su desarrollo”, explica, y luego menciona a sus músicos en esta ocasión: Martín Ibarburu (baterista de Jaime Roos y Rubén Rada, “un genio en la batería”); el bajista Cristian Gálvez (“el mejor músico chileno”) y Claudio Lozano en piano (“mi compadre, con el que vengo tocando hace como 20 años juntos, un gran músico”).

–En este disco volvés a hacer gala de la facilidad con la que saltás de género en género, de la criolla a la eléctrica. ¿Qué no te sale tocar en la guitarra? Da la sensación de que tocás todo…
–No, no. Un montón de cosas no me salen. Cuando yo era pibe escuchaba de todo: era la época del rock sinfónico, más tango, folclore, música brasilera… y en mi forma de componer y tocar eso se filtró, que después se fue desarrollando cuando conocí a músicos como los que conocí y que también te autorizan a tocar determinadas ondas. Pero lo que no siento, no lo toco. Una vez estuve con Jaime Torres, y quisimos tocar un carnavalito y no me salía como otras músicas. Me acuerdo que le dije: “Maestro, toquemos una zamba, una chacarera, porque parezco un guitarrista de juguete”. Si no lo siento de adentro no lo toco. O si me pongo a tocar una bulería con Tomatito, que es una música muy compleja y a la vez simple para ellos… por ahí la toco en casa pero ante el público no. Toda la música si no sale de adentro no suena, por más que puedas tocarla. Lo que trato es tener mi personalidad en las distintas cosas que toque, que en definitiva es el concepto del jazz sobre diferentes ritmos. Frasear la melodía y después improvisar.

–El hecho de haber sido autodidacta, de no haber tenido una educación formal de conservatorio, ¿creés que te dio cierta libertad, especialmente mental?
–Sí, absolutamente. De todas maneras, me hubiese gustado mucho aprender música, porque sabés el nombre de lo que tocás, escribís lo que querés que hagan los músicos y suena. Es más ágil cuando sabés música, o cuando querés sacar un tema que te gusta mucho. Pero mis mejores maestros fueron los discos y tocar con mucha gente. Hermeto (Pascoal) me dijo alguna vez: “Vocé toca teoría a puta que pareu”. Lo importante es lo que suena.

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