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Rubén Juárez celebra 40 años de tango en Villa Carlos Paz

El show será a las 21.30, en el Teatro Libertad (Libertad 70). Por el escenario desfilarán artistas como: Damiel Simmons, Gustavo Visentín, Lucila Juárez y María Graña, entre otros. Las entradas a 40 pesos.

El tango discurre por caminos ajetreados, es presa de modas, de auges y caídas. Pero hay un puñado de artistas que sobreviven los embates y, poco a poco, se convierten en leyendas. Uno de ellos es Rubén Juárez, bandoneonista y cantor, que esta noche estará festejando sus 40 años de carrera con una velada a todo trapo en el Teatro Libertad de Villa Carlos Paz.

Nacido en Ballesteros, en el interior cordobés, durante toda su vida Juárez ha ido recogiendo y guardando miles de anécdotas que lo han convertido en un personaje rico, con una enorme simpatía que le agrega un barniz pintoresco a sus dichos y gestos. Su contacto con el tango le viene desde la infancia, donde tuvo que remar varias adversidades "Vengo de una familia de clase baja. Era hijo único y mi mamá estaba separada de mi papá, cosa que me dolió muchísimo porque yo los quería un montón a los dos", relata. "Entonces, desde muy chico tomé la responsabilidad de encontrar un trabajo, por una cuestión de honor. Pero cuando murió Julio Sosa (de quien yo era un acérrimo admirador) mi mamá me dijo: ´No quiero que trabajés más, porque ahora hace falta una voz en el tango y yo quiero que seas vos´. Y me dijo que me dedicara pura y exclusivamente a la música".

-Sos bandoneonista y cantor al mismo tiempo, algo que no es usual en los tangueros. ¿Te veían como una rareza?

-Sí, porque generalmente al ver eso todos pensaban "este o toca bien y canta mal, o canta bien y toca mal". Pero yo tengo mucha maña porque aprendí desde pibe. Ya a los 8 años cantaba acompañándome con el bandoneón, aunque mi maestro no me dejaba. El le decía a mis viejos que no me dejaran cantar, porque quería que siguiera estudiando el bandoneón y no me dispersara. Terminé dejando de estudiar.

-¿Pensás que el hecho de haber nacido en el interior te ayuda a entender mejor la doble esencia, rural y urbana, del tango?

-He hecho varios tangos criollos. Incluso un disco con guitarras junto a Roberto Grela en el que hacíamos música surera. Y no me queda mal. Debe ser porque naturalmente soy un cantante que se puede adaptar bien a lo criollo. Y creo que es porque mi forma de cantar no suena exageradamente porteña.

El "gordo". Obviamente, entre los principales recuerdos de Rubén está el del primer encuentro con su principal mentor, el gran "Pichuco" Troilo. "Cuando salió mi primer simple, Para vos, canilla, se vendía en todos los kioscos de diarios del país, porque el Sindicato de Canillitas me ayudó", cuenta. "Es que me querían mucho, además ser canillita me atraía, fue una profesión frustrada para mí. Y cuando comenzó a difundirse el disco por la radio, Pichuco comenzó a averiguar quién era yo, porque me quería como cantante de su banda. Fuimos a conocerlo al estudio donde estaba grabando y casi me morí, porque verlo al ´Gordo´ era como ver a Dios. Y en un momento me llama, me agarra del cachete y me dice: ´Ya me contaron que vas a ser el cantante de mi banda, pero yo quiero decirte algo:¿me dejás ser tu padrino artístico? Ojo que yo soy muy exigente, pero vos tenés muchas condiciones y no quiero que te me escapes para ningún lado˜."

-¿Y qué recuerdo guardás de tu presentación en ese legendario programa de variedades que fue "Sábados circulares"?

-Yo tuve un manager muy capaz, Horacio Quintana, que me abrió un montón de puertas. El tipo tenía mucho oficio. Pasa que, imaginate, representaba también a Hugo del Carril y Atahualpa Yupanqui. Y él no quiso llevarme a Grandes valores del tango, e hizo que me presentarme en Sábados circulares. A la gente veterana del tango medio que no le gustó. Es que te sobreprotegen un poco, pero es nada más que por exceso de amor.

-Tener 40 años de carrera a los 61 es todo un logro. ¿Cuál pensás que fue la clave?

-Tengo mucho humor. Y con eso se vive mucho más. Todos los días me levanto sonriente y le agradezco a Dios estar despierto. No concibo levantarme de mal humor, no puedo. Y esa es la base de todo, la fórmula para sentirse joven. ¡Y, por supuesto, jamás hablo de enfermedades!

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