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Córdoba

Ojo con el cuento del tío con la tarjeta

–Buenas tardes señor. Lo llamo para comunicarle que ha resultado ganador de la promoción del viaje a Miami.

–¿¡¿¡Qué!?

– Sí, señor. ¡Felicitaciones! Como Usted ya sabe, porque se había registrado en nuestra página web, es un voucher por 6.500 dólares para visitar Disney en nuestro exclusivo resort Orlando Special High Hotel.

–¿Qué yo qué...?

– Sólo tendrá que abonar los gastos administrativos y el sistema le asignará los días para que pueda viajar. Dígame, por favor, los primeros seis números de su tarjeta de crédito para que el sistema reconozca si es internacional y Usted pueda acceder al viaje.

–Pero, pero...

Si alguien con indisimulable tono centroamericano lo llama a su casa, incluso a su celular, y la conversación comienza de esta manera, no lo dude y háganlos caso: corte inmediatamente y olvídese de Miami. Como diría Francella, “lo están cachandooooo”.

Se trata de una nueva modalidad de engaños telefónicos del tipo “cuento del tío” en el que están cayendo muchos cordobeses.

Una promo inexistente pero “imperdible”, un viaje soñado gratarola, unos pocos gastos administrativos que se pagan con tarjeta, y un pavote que termina entrando como el más pintado.

Después de engatusarlo con el hipotético viaje, la telefonista le solicita los primeros números de la tarjeta de crédito para corroborar algunos datos.

Y en medio de una avalancha de comentarios sobre lo lindo que está Miami y lo bien que lo pasaron los anteriores ganadores de la promo, la señorita termina consiguiendo que le dé el número completo del plástico, incluidos los códigos de seguridad.

Con la promesa de que en la semana siguiente le llegarán los pasajes y la reserva del hotel, la agraciada voz caribeña se despide volviéndolo a felicitar por haber tenido tanta suerte.

Claro está, los tickets de avión nunca aparecen, la “misiva” que lo llamó es imposible de ubicar y, lo más grave, en el próximo resumen de cuenta Usted tendrá un gasto de 800 dólares que los está disfrutando algún vivo, en alguna parte.

No se sabe muy bien cómo, pero los estafadores llaman sabiendo el nombre y apellido de la persona a la que buscan engañar, y hasta llegan a conocer de antemano qué tarjetas tiene.

Con esos pocos datos iniciales, el fraude se pone en marcha. Las tarjetas de crédito están al tanto de estas maniobras, y aseguran que si uno no “entrega” los códigos de seguridad (los tres dígitos que están al lado de la banda magnética) ni la fecha de vencimiento del plástico, la estafa no podrá ser concretada. De todos modos, el chamuyo suele ser tal que muchos terminan informando hasta el tipo sanguíneo de sus abuelas, y la trampa surte efecto.

Por eso, recuerde que nadie que lo llame puede requerirle su número de tarjeta, la fecha de vencimiento y los códigos de seguridad. En todo caso, pida que lo llamen más tarde, y comuníquese con su tarjeta y coméntele la situación. La recomendación, le aseguramos, será la misma: corte el teléfono antes de quedar como un chorlito. Mejor ver a Mickey por Disney Channel, antes que perder unos buenos morlacos en un abrir y cerrar de ojos.

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