?>
Copa América 2011

Messi no cantó el himno

No pudo. Otra frustración de Lionel Messi que no cantó su himno: el gol. Igual, fue de lo mejorcito.

Por Sebastián Roggero - Enviado especial Santa Fe

RELACIONADAS

Saludó a Raúl Lavié, que le retribuía con una sonrisa de suegro que acepta al novio de la nena. “Dejá, cantalo vos”, pareció decirle el joven que vive la vida de un grande a quien entonó las estrofas de la canción patria. El gesto fue por lo del himno, claro. Lavié lo cantó nomás. Él no movió la boca. Después no llegó a la foto de la formación. Para qué. Si tenía que salir en la de la tapa de todos los diarios.

En los palcos, en los estelares palcos de la cancha de Colón, las gentes eran familias y allí estaban como en el teatro. Los chicos comían pochoclo y los padres estaban sentados, cruzando las piernas. La función estaba por empezar. Los chiches del “chico maravilla” eran más esperados que el primer beso en la boca por un adolescente.

Él, tranqui. Esperando que la dijeran “acción”. A que arranque la función. Pero la función tenía un capítulo con arranque inesperado. Un tal Pérez metió la pierna en el segundo palo. Y gol. De Uruguay. A los 6. Miró incrédulo. No entendió qué pasó. En realidad sí entendió. Era su hora. La hora de salir del chaleco de fuerza que lo ata cuando se pone la celeste y blanca. Y apareció.

A los 17. De puntero derecho. Con esa jugada suya tan clásica. De derecha hacia izquierda, llevándola pegada como con un imán, con una celeridad en los movimientos de pies que parecen ametralladoras. Tac, tac, tac. Ufff. Hace falta una cámara slow motion para seguirle el rastro. Sí apareció. Con la lucidez para mirar cuando los defensores se atrofian por el miedo a quedar en la mira de las burlas, le puso un centro de lujo a Higuaín. Empate. Gritó fuerte. Se sacó de encima algo más que bronca. Goooool. Y se soltó. Y fue a los choques contra los ásperos uruguayos, luchadores por naturaleza. Y ganó todos los duelos en ese primer tiempo de empate.

Los botines fluorescentes, como si fueran lucecitas en un boliche, sofocan los ojos de los 40 mil que asisten a la noche histórica. Porque con Messi todas las noches son históricas.

Aunque en la segunda parte de la historia del partido nadie le devuelve una pared. Ni Pastore. Recibe la cinta del expulsado Mascherano y vuelve a ser capitán de la selección como en aquel partido ante Grecia en el Mundial. Ni eso cambia la mano. Pasan minutos sin su luz. El partido es oscuro. Su rostro se empalidece. Argentina cae en la urgencia. Chau a los 90 minutos. Él se hunde en el alargue.

Le tira una masita a Muslera, quien le tapa otra. Se tira al piso. Se agarra la cabeza. Llegan los penales. Hace el suyo y va hacia la mitad de la cancha. Desde allí mira al cielo cuando la lotería de los penales le saca la bolilla perdedora otra vez.

Será el jugador de la tapa. No por una alegría. Es Messi y él es Argentina. Es Messi, quien se fue de la Copa América sin cantar el himno, su himno: el gol.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo