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Lucas Rodríguez, creer para ver

Antes de su ceguera total, un compañero de primer grado tuvo una idea: metió la pelota en una bolsa de nylon para que él la pudiera escuchar. Sus amigos del barrio la copiaron y así fue la infancia de Lucas Rodríguez, el campeón con los Murciélagos. Una historia de amigos.

Sucedió en el patio de una escuela. En el recreo largo. Llegó uno corriendo con una bolsa de plástico, blanca, inflada por el aire. “Ya está, listo”. Metió el balón en la bolsa, hasta que la Seño intervino. Sorprendida, les consultó qué estaban haciendo. La respuesta fue con la contundencia de la inocencia que esa edad impone: “Es para que Lucas pueda sentir el ruido y juegue a la pelota con nosotros”. Lucas, camino a su ceguera total, miraba desde su borrosidad. Perpleja, ella se corrió y no se olvidó jamás de esa mañana fría y de sol brillante. Fue un cachetazo a su conciencia, una lección a su adultez.

El destino de Lucas parecía cruel. Desde que el mundo lo cobijó, sus padres hicieron lo que todos: deambular con el chico por todos los médicos. Pero, de a poquito, la ceguera ganaría su espacio final. Ya en primer grado escribía cada dos renglones con un fibrón; aprendió a identificar los objetos; el sol y la lluvia; la mañana y la noche; justo antes de que se diluyeran en una bruma húmeda y desenfocada.

Cuando el bastón blanco fue cada vez más inevitable, el ingenio se apoderaba de su entorno. Y mientras los demás perdían el tiempo en lamentos, a él la tristeza le resbalaba por el alma. No había tiempo. Había que seguir. Ese día fue una luz a su destino, tras la mejor idea de su vida, gracias a un compañero del cole. “Los chicos, en la primaria (en la secundaria también, aclara), nunca me dejaron de lado. Siempre me hicieron partícipe de todo. A alguno se le ocurrió que poniendo la pelota dentro de una bolsa de nylon me facilitaría poder jugar como ellos”, le contó Lucas Rodríguez a Día a Día. “Si la pelota era de plástico, no les importaba romperla para meterle piedritas y yo así poder escucharla”, agregó. Cuando se mudó de barrio en ese tiempo, sus amigos de la infancia le copiaron la idea a los del cole. Era común que corrieran detrás de un balón tan ruidoso. Mientras, en cualquier otro barrio paraban el picado porque el fulbo se había pinchado, en Residencial Los Robles era porque la bolsa se había roto.

Volver a casa. Fue a la hora de la merienda, quizás, el momento más significativo para emparentar la amistad y la infancia. Sí, la hora de la leche. Javier y Emanuel Suárez, Darío Avico, Sebastián Vasquet e Iván Rodríguez (hermano) se juntaron con Lucas para recordar aquellos años felices. En esa niñez, a esa hora, también era la de la pelota. Y también era la hora de pelear contra dos rivales inmortales: La tapia de don Rojo y las plantas de Gladys, la mamá de Lucas. “Yo tenía una disminución visual en esos años, antes de perderla totalmente. Entonces veía un objeto borroso, podía identificar el blanco. Por eso y por el ruido metíamos la pelota en la bolsa”, recuerda Lucas.

No hay dudas: la inocencia es la mejor época del hombre, esa que agiliza la mente de otra manera, que nos permite vivir un mundo paralelo, de ensueño. Es la edad más pulcra, más pura, la que todos ansiamos recuperar de grandes, la que extrañamos con triste nostalgia. “Era siempre lo mismo: si se nos caía le pelota en lo de don Rojo estábamos listos. Por eso decidimos juntar 50 centavos para comprar una tela y ponerla arriba de la tapia, pero no había caso”, recuerda Lucas. Y Sebastián mete un bocadillo: “¿Y las plantas de Gladys? Había que luchar contra eso; cómo se las rompíamos”.

A los 10 años, Lucas comenzó a jugar fútbol para ciegos y logró hacerse de un balón con sus características particulares: pesada y con cascabeles. “No, tás loco, lo sacamos volando cuando nos quiso hacer jugar con esa pelota. Él la manejaba como quería, pero después andá a patearla, no sabés lo que pesaba”, contó quejándose Darío. Entonces, también Lucas se adaptó a ellos. Pero su vida nunca dejó de ser normal. “Nadie iba a buscarlo, o acompañarlo ni nada. Es más, nos íbamos a andar en bici y él también andaba”, rememoró Sebastián “El Enano”, uno de los cómplices del jugador de la Selección Argentina de Fútbol para Ciegos. “Ja, ja, una vez me mandaron al arco. ¡Sí, me mandaron al arco! Y ningún problema. Es que cuando me tocaba, me tocaba y no me quedaba otra”, agregó Lucas.

Hay miles de historias, de cosas divertidas y hasta de humor negro. Es natural en todos. Todos la pasan más que bien, como cuando eran chicos. “Nosotros dejábamos las bicicletas atrás de uno de los arcos y un día piqué, pasó la pelota y me mandé derecho adentro del arco. Me reventé contra todas las bicis. Me dolía todo, pero era todo el día fútbol y nunca me importaron los golpes”, agregó Lucas.

¿Cómo era jugar con un ciego?
No lo había, no existía. Era uno más. No había diferencias. Lucas, era Lucas. “De tanto estar con él no te das cuenta. Salíamos, hacíamos de todo y nos acostumbramos mucho. Y él tenía la virtud de manejarse muy bien. De día o de noche era una persona sumamente normal”, contó Sebastián. Fue tan normal la vida de Lucas que hizo primaria y secundaria en escuelas comunes, además de acudir al instituto Hellen Keller, para personas con problemas de ceguera. “Era bueno Lucas. Le pegaba muy bien a la pelota. Y cuando lo ves jugar la cubre muy bien, es difícil jugar contra él, es muy complicado quitarle la pelota”, dijo Emanuel.

Iván, su hermano, lo mira y ahora lo carga: “Se lo llevaron”. La broma es que ya dejó la casa de la infancia para irse a vivir su novia Karina en Nueva Córdoba. Proyectos de familia que le dicen. La vida es muy normal para Lucas Rodríguez que a los 27 años cumple su función como concejal, como deportista y como uno más que camina para adelante, sin ver con sus ojos, pero mirando con el alma. Esa energía de niño. Esa aventura de pensar que los colores primarios le imprimieron una esencia de la que será difícil despojarse algún día.

Yo soy: Lucas Rodríguez. Concejal y jugador de la Selección Argentina de Fútbol para Ciegos

Edad: 27 años.

Ocupación: Concejal por el Frente Cívico.

Carrera deportiva: Integra el seleccionado de fútbol Los Murciélagos con los que fue campeón del mundo en las copas de 2002 y 2006. Fue medallista de plata en los juegos paralímpicos de Atenas 2004 y bronce en Beijing 2008.

Se prepara ahora para afrontar la Copa América a disputarse entre el 20 y 30 de noviembre de este año en Buenos Aires.

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