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Los roncos maullidos de la gata herida

El sábado, Adriana Varela presentó un show enérgico y conmovedor en el Teatro del Libertador.

Con la “gola” casi desnuda, arropada sólo por cinco guitarras, Adriana Varela se presentó en la noche del sábado en el Teatro del Libertador, anticipando su nuevo álbum, Docke, que sale a la venta esta semana.

“Es una gata herida”, dice de ella Cacho Castaña en la canción La Gata Varela. Y eso se siente en su voz: un ronroneo oscuro, lleno de sentimientos y desgarros nocturnos. Algo que le sienta muy bien al repertorio que la cantante eligió para su presentación en Córdoba, que tuvo a los sonidos “orilleros” como principal motivo.

Si bien tangazos como Grisel (en una versión que retorció corazones) o Quién hubiera dicho trajeron grandes momentos, también aparecieron otros ritmos para redondear el show. En ese sentido, se destacaron el vals Desde el alma y la hermosa y enérgica milonga El morocho y el oriental.

La Negra también se animó a incluir en el repertorio dos canciones de Joaquín Sabina (Una canción para la Magdalena y Contigo) y otra de Jaime Roos (Milonga de Gauna), “préstamos” que cosechó gracias a su amistad con ambos músicos.

La voz de la Varela se mostró en excelente forma, desatándose y calentándose de a poco para llegar a una fluidez y una profundidad expresiva ciertamente conmovedora. Algo en lo que, por supuesto, ayudó enormemente el excelente quinteto de guitarristas que acompañó a la cantante, formado por Rafael Varela (el hijo de la cantante), Osvaldo Burucuá, Mariano Olivera, Juan Manuel Avilano y Horacio Avilano.

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