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Las mil esencias de una bailarina

El fin de semana, Eleonora Cassano, junto al Ballet Argentino, presentará el espectáculo “Perfumes” en Córdoba.

“No hay nada específico que me haya quedado por hacer. Es que siempre me gustó incursionar en cosas nuevas, y eso me ha llevado a hacer un poco de todo. El otro día, por ejemplo, hice una clase con un chico, bailando una mezcla de diferentes estilos de danza moderna. ¡Y, a mi edad, era la primera vez que estaba en una clase así!”.

Ahí la tienen. Sus mismas palabras la describen. Eleonora Cassano es una de las bailarinas clásicas más importantes que ha visto el país pero, por sobre todo, es una artista desprejuiciada. Y este fin de semana, su cuerpo diminuto y fibroso se estará paseando por el escenario de la Ciudad de las Artes para presentar Perfumes, una obra que es una perfecta síntesis de la multiplicidad de intereses de la Cassano. Allí, con coreografías de Ana María Stekelman, y acompañada por Cecilia Figaredo y el Ballet Argentino, Eleonora bailará tangos, valses, piezas clásicas, jazz y boleros.

–¿Cuáles son los diferentes desafíos que plantean las obras de música popular frente a las clásicas?

–La preparación que tenemos las bailarinas clásicas permite tener un abanico muy amplio de recursos. Si bien cada ritmo tiene sus secretos, al momento de hacer jazz o tango tenemos cierta facilidad. Pero cuando bailo una pieza clásica, estoy arriba del escenario y me voy... me vuelo. No tengo contacto con el público, lo hago con una manera muy interna. Y cuando bailo otro tipo de música, por ejemplo, las obras que están en Perfumes, la experiencia es como más terrena.  Una de las cosas que me ayudó a diferenciar eso fue hacer La Cassano en el Maipo, que me enseñó a tener un contacto con el público que no podés lograr mediante el ballet. Me di cuenta que podía encarar a la gente desde arriba del escenario. Y eso es lo que pasa con Perfumes. La gente lo disfruta plenamente porque siente esa música como propia, están habituados a escucharla, a tener algún sentimiento atada a ella. Y eso es algo que no pasa con el ballet. En ese caso, siento que el público a veces tiene como miedo de meter la pata. De aplaudir cuando no debe, o de no terminar de entender lo que está viendo.

–¿Cómo fluye la relación escénica con Cecilia Figaredo, la otra gran figura femenina del Ballet Argentino?

–La relación escénica es muy buena. Ella ya me ha acompañado varias veces en escena y me gusta mucho trabajar con ella y, por supuesto, también con los otros miembros de la compañía. Se ha formado un grupo muy lindo. Además, ya nos conocemos hace mucho tiempo.

–¿Extrañás tener a Julio Bocca como partenaire?

–Sí, la verdad que lo extraño. Sentir que no baila más conmigo es duro. Ahora su trabajo en el Ballet Argentino es más lejano. No está todos los días con nosotros en los ensayos, pero le toca tomar todas las decisiones. El que está todo el tiempo con nosotros es Raúl Candal, que fue un excelente primer bailarín en el Teatro Colón y es un gran profesional y un artista que nos está transmitiendo muchas cosas.

–En cierta forma, lo tuyo con Julio fue una especie de matrimonio artístico.

–Sí, fue una cosa medio así. Compartíamos escenarios, hoteles, almuerzos. Estábamos mucho tiempo juntos, y eso generó una relación muy especial.

–Cambiando de tema, ¿qué opinión te merece el paso de Hernán Piquín al teatro de revistas en la obra “La fiesta está en el Tabarís”?

–Yo del Colón pasé al Maipo a hacer un espectáculo que muchos consideraron como de revista, en el que tenía que bajar escaleras con zapatos de taco alto. Cada uno tiene que sentir cuándo es el momento de hacer cada cosa. Y creo que Hernán estaba en el momento justo. Además, eso no significa que no pueda volver al clásico. Yo hice La Cassano en el Maipo hace 12 años y muchos pensaron de que me había pasado de rubro. Y después de eso, volví a los escenarios clásicos.

–¿Has planificado tu retiro?

–No sé exactamente cuál va a ser el momento. Lo que sé es que necesito, seguro, un retiro de lo clásico. Calculo que no está muy lejano... ¡dije que lo iba a hacer a los 45 y ya tengo 44! Pero no me voy a retirar de los escenarios, me gustaría seguir haciendo algo, porque me siento plena cuando estoy arriba de las tablas.

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