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Las lluvias no cesan y se agrava la situación

Brasil. Ya hay, al menos, 623 víctimas fatales y aun se desconoce la cantidad precisa de desaparecidos. El Ejercito colabora con el rescate.

A cinco días desde que se desató el terrible temporal, quizá el peor de la historia de Brasil, en que las aguas y los deslizamientos de tierra arrasaron con las viviendas de unos 14 mil habitantes, mataron a más de 620 personas en la región serrana del estado de Río de Janeiro y dejaron cientos de desaparecidos, continúan los rescates de cuerpos enterrados bajo el lodo y el Ejército se sumó a las tareas.

Las lluvias dejaron un saldo, hasta el momento, de 623 muertos. De ellos, 283 se registraron en Nova Friburgo, 268 en Teresópolis, 55 en Petrópolis, 19 en Sumidouro y dos en San José del Valle de Río Preto. De acuerdo a un nuevo informe elevado por Defensa Civil, 8.120 personas se quedaron sin hogar y 5.970 debieron abandonar sus casas temporalmente.

El Ejército brasileño se sumó ayer a las operaciones de rescate que avanzan a duras penas debido a las persistentes lluvias que siguieron empeorando durante el fin de semana y que ponen la zona bajo peligro de nuevos aludes. Un equipo de la Fuerza Aérea que debía desplazarse a Brejal, una área donde 80 personas estaban aisladas en el municipio de Petrópolis, tuvo que suspender la búsqueda de víctimas ayer a causa del clima.

“Tenemos dificultades con el clima. Los helicópteros no logran hacer vuelos de larga distancia. Las condiciones climatológicas no nos permiten brindar atención a las personas aisladas en las áreas rurales”, dijo el coronel Pedro Machado comandante de los Bomberos de Río. Las dificultades para el rescate por tierra son aún mayores. “Aquí cambió la geografía. Las rutas desaparecieron, uno agarra un mapa, y nos encontramos con otra montaña que ni existía, hay que abrir camino para llegar a los lugares”, señaló.

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