?>
Córdoba

La princesa Milagros sueña volver a bailar

Se incendió su disfraz, al rozar un calefactor, y se quemó casi todo su cuerpito. De a poco, se recupera en el Infantil.

Está entrado el mediodía en barrio Müller y Milagros está en el comedor de su casa probándose sus trajes de disfraces: la sirena, la bailarina, la princesa. Sí, este último es el elegido para revolotear en un día frío, el sábado 7 de agosto. Con sólo 6 años arranca el desfile, pero algo no terminará bien. Sin querer, en una de sus vueltas, el vestido toca la estufa y en cuestión de segundos se prende fuego de arriba a abajo.

La niña sale corriendo en busca de ayuda a la vereda, donde justo su abuelo había salido un rato. En medio de la desesperación, un hombre que pasaba por el lugar le abre el vestido de un tirón e intenta quitárselo. Fue ahí cuando llega su mamá, Laura, desesperada desde el quiosco de quiniela, en el que trabaja y que está a la vuelta de su casa.

“Tenía la carne colgando. Toda quemada”, cuenta la madre, después de aquel día de tormento que vivió. “Un vecino nos cargó en su auto y nos llevó hasta el Instituto del Quemado. Como yo no puedo correr, porque tengo una férula en la pierna y tampoco podía por cómo estaba quemada Milagros llevarla en brazos, mi hija tenía que caminar... Llegamos a la guardia y desde allá una enfermera nos dijo que no se atendía a menores. Yo estaba desesperada. Hasta los pelos tenía quemados, se le caía la piel. Un policía que estaba como adicional pidió que viniera alguien a atendernos, pero la enfermera volvió a decir que no se atendían a niños”, recuerda la mujer. “Desesperada porque yo no puedo correr, el mismo policía agarró su auto y nos trajo al Hospital Infantil –agrega–. Mi hija pedía por favor que la atendieran. Gritaba: ‘Me muero, me muero, me duele’. Gracias a ese policía llegamos al Hospital Infantil”.

El relato de Laura pone los pelos de punta a cualquiera, la imagen de una niña quemada en la mitad de su cuerpo y pidiendo ayuda a los gritos es la que repite una y otra vez en su relato. “Me duele, no quiero que nadie más tenga que pasar por eso. Cualquiera, por lógica, va al Quemado. Yo no quiero plata, ahora sólo pienso en que Mili esté bien, pero lo cuento porque no quiero que le pase nunca más a otros papás. No nos atendieron, mi hija estaba quemada, se le caía la piel”, afirma la madre al hablar de la “diosa”, como la define a la pequeña.

Desde esa tarde del 7 de agosto de este año, la niña pelea como una leona desde una habitación aislada en el Infantil, enfrentó operaciones, curas de la piel que duelen hasta los huesos, pinchazos día de por medio para que le coloquen sangre, y una recuperación lenta a la que vendrán más intervenciones, cuando baje la infección. Si todo marcha bien, la semana que viene comenzarán con los injertos, con piel de la misma Mile que no esté dañada por las quemaduras.

La vida de esta pequeña, de rulos largos, coqueta y charleta, es un verdadero “milagro”. Nació con sólo 700 gramos y casi con seis meses de gestación porque a Laura, su mamá, le dio un pico de tensión y tuvo que adelantar su parto. Era un puñado de amor para esos padres que la vieron nacer en el Neonatal, por eso todos los años festeja en ese hospital su cumpleaños, como agradecimiento. De a poquito fue engordando y tuvo que soportar una operación del ducto, una conexión entre el corazón y los pulmones para poder vivir.

La “diosa” es una verdadera actriz en potencia. Le encanta disfrazarse, a tal punto que su mamá le hace confeccionar los trajes a medida para que pueda desfilar. De bailarina, sirena, princesa. Claro, que después de este accidente, que fue más que susto, no quiere saber nada con la nobleza. “No quiero jugar más a ser princesa”, le dice Milagros a su mamá desde su habitación en el Infantil, y no por eso se desanima porque ya está pensando en nuevos trajes. La nena tiene el pelo largo y unas uñas impecables que espera volver a pintarlas ni bien deje el hospital. Todavía le faltan muchas curaciones, pasar por los lavajes de rutina en un piletón de acero, y confiar en que los calmantes le traigan un poco de alivio. “Estoy muy agradecida por cómo tratan a mi hija en el Infantil. Dejan todo cuando vienen a verla, hay amor. No pasó lo mismo en el Quemado”, enfatizó.

El director del Hospital Córdoba (lugar donde funciona el Instituto del Quemado), Carlos Simón, explicó que allí sólo se atienden a mayores de 15 años, que en casos así los papás deben recurrir de inmediato al Hospital de Niños. Aunque aclaró que si el paciente llega en mal estado debe ser compensado por los médicos y, luego, derivado.

Cómo ayudar. La pequeña necesita donantes de sangre porque casi día de por medio es trasfundida. Se puede ayudar, al concurrir al Banco de Sangre como donante de Milagros Paz Roble, de 8 a 10, en Salta 480.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo