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La indiferencia mata

Nunca un sí ni un no. Jamás una discusión subida de tono ni una objeción a lo que hace el otro. Aunque de afuera pueda parecer armonía, muchas parejas se agreden sin gritos y hasta sin palabras ignorándose mutuamente. Cómo lograr, con un cambio positivo en la actitud hacia el otro, que la indiferencia se transforme en diálogo.

Aunque de afuera pueda parecer armonía, muchas parejas se agreden sin gritos y hasta sin palabras ignorándose mutuamente.

Aunque de afuera pueda parecer armonía, muchas parejas se agreden sin gritos y hasta sin palabras ignorándose mutuamente.

  • de
  • 30/01/2010 00:05

    Por Redacción Día a Día

    El lenguaje está cargado de sabiduría. Muchas veces decimos, sin tener conciencia de lo que realmente estamos diciendo: “Lo voy a matar con la indiferencia” o “Matalo con la indiferencia”. Por supuesto, no hablamos en un sentido literal, sino figurado, pero al hacerlo expresamos, sin saberlo, que la indiferencia tiene capacidad de “matar”, es decir, revelamos su capacidad de agresión silenciosa capaz de herir profundamente.

    A menudo creemos que ser indiferente es una actitud pasiva que consiste en no hacer una acción, por ejemplo, no elogiar a nuestra pareja, no compartir sus inquietudes y problemas, no manifestarle nuestro amor…Sin embargo, la indiferencia no consiste sólo en dejar de hacer algo. Consiste en dañar mediante la supresión de nuestra intervención allí donde nuestra intervención sería esperable. Todos esperamos algo del otro y el otro también espera algo de nosotros. Cuando esa espera se ve frustrada, la relación se resiente. Por ejemplo, llegar tarde a una cita, así esa cita sea en nuestro propio hogar para cenar, hacer aquello que se sabe que al otro le molesta, desoír sus reclamos, son actitudes que pueden también encuadrarse dentro de la indiferencia porque tienen como rasgo en común la indiferencia ante las demandas o expectativas del otro.

    El silencio de los culpables
    Contrariamente a lo que se cree, no hacer algo que sería esperable es hacer algo que daña de manera seria una relación de pareja. A lo largo de mi experiencia profesional he aprendido que muchas parejas creen que no le hacen nada al otro porque dejen de prestarle atención. Suelen decir frases tales como “Él sabe que lo quiero aunque no se lo diga nunca.” “Ella sabe  que si le pasa algo grave puede contar conmigo aunque nunca le haga sentir que estoy a su lado.” “No es preciso que le diga que la quiero cada dos minutos. Ella sabe que es así.” Estas frases nacen de la creencia profunda de que basta con los sentimientos, de que no es necesario esforzarse en comunicarlos.

    Pocas son las personas capaces de percibir que la indiferencia no es una actitud pasiva, sino muy activa y que cuando se instala en la pareja ésta se convierte en un tóxico que la daña seriamente, pero en pequeñas cuotas. Saber detectarla a tiempo es sustancial para poder aplicar el antídoto adecuado a ese poderoso tóxico. Pero si la indiferencia ya se ha instalado, a no desesperar. Siempre se está tiempo de revertirla para liberar a la pareja de una actitud que pone sus sentimientos en estado de hibernación y que menoscaba la calidad del vínculo.

    Cómo se manifiesta
    Un viejo refrán referido al amor sexual dice que “En una pareja, con uno que sepa basta”. Es muy posible que este dicho no sea adecuado para caracterizar la naturaleza de la relación sexual. En cambio, es absolutamente adecuado para describir la toxicidad de la indiferencia: “En una pareja con uno solo que sea indiferente basta”.

    En efecto, hay parejas que no son indiferentes de manera bilateral: sólo lo es uno de sus integrantes y el otro sufre de manera reiterada la frustración de estrellarse contra  un muro de silencio e indiferencia que no puede interpretarse de otra forma que como una manifestación de desamor, aunque no lo sea. Sin embargo, la indiferencia es como un río caudaloso y termina por arrastrar también al integrante de la pareja que un principio no era indiferente. Cansado de “darse la cabeza contra la pared” una y otra vez, termina por convertirse en indiferente con el fin de preservarse.

    De todos modos, ya sea que la indiferencia sea unilateral o bilateral, siempre es un problema de la pareja. Se trata de una forma de toxicidad y las relaciones tóxicas siempre se generan de a dos, aunque sea sólo uno el que manifieste las características más evidentes de esa toxicidad. Además, aunque el que soporta la indiferencia jamás se convierta, a su vez, en indiferente, la actitud tóxica de la otra parte afectará a la pareja en su conjunto.

    Las pistas de la indiferencia
    La indiferencia tiene grados que pueden ir de la indiferencia leve en áreas precisas (por ejemplo, él jamás acusa recibo de los cambios de vestuario, el maquillaje, la puesta en forma o cualquier otro tipo de elemento de seducción que despliegue ella) a un bloqueo total del interés por la vida del otro que abarca desde sus sentimientos a su trabajo, sus planes de futuro y sus sueños.

    Como se trata de un tóxico silencioso, es preciso estar muy atento a los pequeños indicios para poder detectarlo. Algunas de sus manifestaciones más corrientes son: 

    * Un silencio que “hace ruido” de parte de uno o de los dos integrantes de la pareja ante hechos en los que serían esperables palabras de aliento.
    * No estimular ni sentirse estimulado por el otro.
    * Falta absoluta o casi absoluta de reclamos de afecto por una de las partes o de las dos.
    * Aislamiento.
    * Carencia de planes en común.
    * Descuido del hábitat en el que vive la pareja. Como uno o ninguno de los dos siente que ese lugar le pertenece, no lo cuida y pasa a ser más un hotel al que se va a dormir que un hogar. 
    * Fuerte sentimiento de frustración por una o por ambas partes. 
    * Descuidos afectivos respecto del otro y falta de interés.
    * Rabia que no se manifiesta en palabras. 
    * Rencores de vieja data hacia el otro, deudas pendientes de afecto que se consideran insalvables.

    Aunque en muchos casos la indiferencia propia no es percibida como tal, la indiferencia del otro es percibida como una actitud de desamor. El peligro es que, con el tiempo, cuando esta situación persiste, la indiferencia se “naturaliza” y cada uno termina por no esperar nada del otro dejando así la dupla de ser una pareja verdadera para transformarse en dos personas que, por alguna extraña razón, comparten el mismo espacio no sólo físico, sino también existencial.

    ¿Por qué se elige, sin saberlo, ponerle sordina al amor?
    Una pareja en la que hay indiferencia es una pareja que ha congelado sus sentimientos, que los ha puesto en el freezer a la espera de mejores oportunidades para manifestarlo, es una dupla amorosa que, ante la imposibilidad de resolver sus problemas de otra forma, ha decidido vivir con sordina.

    ¿Por qué una pareja cae en esta forma de toxicidad?
    Las razones son diversas, pero podrían resumirse en la siguiente lista:
    * Porque falla la comunicación y uno de los integrantes de la pareja o ambos no encuentran la forma de manifestar sus conflictos a través de las palabras.
    * Porque uno o los dos integrantes de la pareja son pesimistas, no creen que los conflictos puedan resolverse y creen que poniéndolos en estado de hibernación lograrán mantener la relación a pesar de todo. 
    * Porque cada uno confía en que el otro reaccionará ante la indiferencia y, si esto no sucede en un tiempo prudencial, ambos terminan por bajar los brazos y por conformarse con una relación poco satisfactoria.
    * Porque la pareja siente  miedo a poner los conflictos sobre la mesa.
    * Porque uno o ambos provienen de familias en que no había práctica de diálogo y, en consecuencia, carecen de práctica en el intercambio lingüístico cuando éste está relacionado con cuestiones íntimas. 
    * Porque se piensa que a “las cosas del amor” no es necesario explicarlas con palabras y que, si es preciso explicarlas con palabras, es porque no hay amor.
    * Porque la pareja confía en que. el tiempo terminará por arreglar los conflictos sin que medie su intervención
    * Porque cada integrante siente que la indiferencia es un sentimiento que “lo pone a salvo del otro” al generarle distancia afectiva respecto de él. 
    * Porque es una forma tóxica “elegante”: no hay gritos, no hay discusiones, los amigos y familiares no se enteran aunque haga que la pareja viva en la frustración. 
    * Porque se cree erróneamente que la indiferencia no es una forma de violencia y que, si no hay violencia, la pareja está bien.
    * Porque no puede reconocerse la indigencia como  una disfunción dentro de la relación de pareja. 
    * Porque la indiferencia se ofrece al principio como una suerte de “refugio” en el que atrincherarse.
    * Porque su carácter tóxico es difícil de detectar.

    Un tóxico peligroso
    Bajo una apariencia inocua, la indiferencia esconde un alto grado de toxicidad. Una pareja puede convivir mucho tiempo, incluso toda la vida, segregando este tipo de tóxico, pero, pasados ciertos límites de permanencia e intensidad, esa pareja dejará de ser tal, aunque siga junta.

    La indiferencia es un sentimiento destructivo porque genera  un progresivo sentimiento de distancia y extrañamiento respecto del otro. Cuando esa forma de relación subsiste a través del tiempo, quienes alguna vez dijeron amarse, terminan por convertirse en dos extraños con pocas cosas en común, como no sea el espacio físico que comparten.

    Afortunadamente, como todos los funcionamientos tóxicos de la pareja, también la indiferencia puede revertirse. Y lo más  importante de esta buena noticia es que no es preciso invertir el resto de nuestras vidas tratando de averiguar por qué nuestra pareja funciona de esa forma. Dicen los orientales que el aleteo de una mariposa en un hemisferio puede producir un huracán en el otro. Esto es particularmente cierto cuando se trata de combatir esta actitud tóxica: pequeños cambios de actitud pueden generar enormes cambios en la calidad del vínculo. En algunos casos, será necesario recurrir a un profesional capaz de establecer una guía de actitudes a incorporar por la pareja para salir del círculo vicioso en que está inmersa. Pero hay pequeños cambios que pueden comenzar a implementarse ni bien el lector que padece este tipo de relación termine de leer esta nota. En recuadro aparte, una batería de tips para rescatar la relación del freezer afectivo y para que recobre el calor que es la característica distintiva de toda relación vigorosa.

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