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La concentración, elástica como el chicle

Un estudio demostró que mascar chicle incrementa el desempeño en habilidades cognitivas e intelectuales. Además, reduce el estrés y ayuda a la higiene bucal.

Muchas madres ya estarán poniendo el grito en el cielo. Pero, a juzgar con rigor científico, parece que mascar chicle tiene más pro que contras. Sucede que un estudio realizado por científicos estadounidenses, presentado días atrás en el Décimo Congreso Internacional de Medicina del Comportamiento de Japón, arrojó como conclusión que el consumo de esta golosina alivia la ansiedad, mejora el estado de alerta, aumenta la concentración y reduce el estrés.

Por si esto fuera poco, los ensayos revelaron que mascar chicle puede aumentar considerablemente el rendimiento cerebral a la hora de desarrollar actividades multiarea, llegando incluso a mejorar en un 109 por ciento esos resultados. También incrementa considerablemente la capacidad de memorizar.

El estudio, patrocinado por el fabricante de chicles Wrigley, se basó en una serie de experimentos con 40 personas de 22 años de edad. La investigación reveló que masticar chicle aumenta el flujo sanguíneo cerebral y provoca un mayor suministro de oxígeno, que activa el estado de alerta. De esa forma, se mejoró notablemente la capacidad de concentración de los voluntarios del experimento.

Un estudio similar anterior demostró que masticar mejora en un 35 por ciento la capacidad de retener, por ejemplo, palabras. La Unidad de Neurociencias cognitivas de la Universidad de Northumbria, en el Reino Unido, dividió al azar en tres grupos a 75 jóvenes de 26 años. Durante dos minutos, un grupo masticó chicle sin azúcar, otro simuló los movimientos de mascado sin chicle y el tercero no masticó. Luego de un intervalo de 20 minutos con otras tareas, se evaluaron la memoria y la atención de los dos primeros grupos.

Según los investigadores, los jóvenes que habían masticado chicle recordaron un 35 por ciento más de palabras de una lista.

El resultado sugiere que la masticación mejora la memoria secundaria, que reúne la capacidad de aprender, almacenar y recuperar información.

En tanto, la memoria operativa, encargada de retener información a corto plazo, funcionó mejor en el grupo que masticó chicle que en el que simuló la masticación. El tiempo de reacción de este segundo grupo fue menor que el de quienes no masticaron.

Hay más.
Más allá de estos nuevos beneficios, estudios anteriores ya habían descubierto que la goma de mascar ayuda a quemar calorías. Mascando chicle se pueden quemar hasta 11 calorías por hora. También previene la ansiedad y los antojos, ya que evita picotear entre las comidas.

La masticación también estimula el flujo de saliva, una barrera de minerales que protege los tejidos bucales y evita las caries. La falta de saliva produce xerostomía, una afección conocida como boca seca, que lesiona las encías y los dientes por falta de lubricación y protección.

La goma de mascar también reduce el estrés. Al mascar chicle, se reducen los niveles de la hormona causante de estrés, llamada cortisol, a la vez que se incrementa el flujo sanguíneo. De hecho, después de mascar chicle, los niveles de cortisol en la saliva se reducen hasta un 16 por ciento.

Si lo vemos detenidamente, al fin y al cabo el chicle termina siendo el héroe de la película y las madres, las villanas que pretender desterrarlo. Eso sí, que la goma de mascar sea sin azúcar, para mantener a raya a las archienemigas de los dientes, las caries.

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