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Córdoba

La cabeza de Alessio rodará hasta Roma

La sanción es un guiño de Ñáñez a los sectores conservadores y al Papa. El cura no piensa retractarse.

Hoy la Iglesia se ha convertido para muchos en el principal obstáculo para la fe. En ella solo puede verse la lucha por el poder humano, el mezquino teatro de quienes con sus observaciones quieren absolutizar el cristianismo oficial y paralizar el verdadero espíritu cristiano”. No es el cura Nicolás Alessio quien lo dice, aunque lo piensa, sino el Papa Joseph Ratzinger, quien en 1970 era un teólogo de avanzada y un fiel interlocutor del Concilio Vaticano II, el movimiento teológico que en 1962 buscó, sin suerte, abrir la institución a los problemas terrenales de sus fieles.

Casi 50 años después, la doctrina conservadora que baja desde Roma con el impulso de su jefe máximo, que contradice lo que pensaba antes, es el sustento institucional de la prohibición que el Tribunal Interdiosesano de Córdoba le aplicó al sacerdote Nicolás Alessio. Y aunque éste no participó del proceso en su contra por desconocer “la licitud de un proceso viciado de autoritarismo, que no entendió sobre ningún delito”, y por ende no piensa retractarse “porque sería contradecir mi conciencia”, el tema de fondo no es la interpretación de postulados bíblicos, sino qué posicionamiento debe asumir la Iglesia Católica como institución ante temas que atraviesan las sociedades modernas. En el ‘87 fue la sanción de la ley de divorcio, en 2010 el matrimonio igualitario, y en poco tiempo más será el debate sobre la despenalización del aborto.

Los tres son temas que generaron y generan tensiones entre la jerarquía y las bases, y el “caso” Alessio no es la excepción.

Desde hace tiempo, pero sobre todo a partir del matrimonio igualitario, los sectores más conservadores de la iglesia católica cordobesa presionaron al arzobispo Carlos Ñáñez para que asumiera una postura más comprometida en la condena a dicho tema.

“Ñáñez me castiga presionado por el ala mas dura del episcopado argentino, y por sectores conservadores en consonancia con Roma”, aseguró Alessio a Día a Día. “Esta desplegando una política de control, persecución y censura. Y Ñáñez, como obispo, no tuvo capacidad para frenar esto y priorizó someterse como un cruzado de obediencia y sumisión”.

En defensa del Arzobispo ayer opinó el padre José Aguirre, párroco de Oliva, quien consideró “hipócrita” a Alessio porque “él conoce la doctrina de la Iglesia de condena al matrimonio homosexual”. También Rodrigo Agrelo acompañó la sanción institucional.

Sin ser parte de la estructura eclesiástica, pero sí un miembro activo de su comunidad, Agrelo sostuvo que “la Iglesia tiene una normativa que es conocida y aceptada por quien ingresan a ella. Si acá se cumplieron los pasos procesales y se garantizó su derecho de defensa, creo que la decisión del Tribunal Arquidiocesano es correcta”.

La visión de Guillermo “Quito” Mariani apunta al fondo de la cuestión: “Ñáñez está presionado desde Buenos Aires y Roma, de la misma manera que Bergoglio, quien fue a justificar al Vaticano la crítica que Héctor Aguer, obispo de La Plata, le hizo por ‘tibio’. Como Bergoglio, a Ñáñez también lo condenaron en Córdoba, y por eso también fue a Roma a defenderse”.

Para él, “se acerca el final de Bergoglio como presidente de la Conferencia Episcopal, y la extrema derecha quiere elegir a Aguer, que tiene una actitud mucho mas severa hacia quienes se atrevan a alterar el concepto moral de la Iglesia”.

Otros miembros de la Iglesia cordobesa condenan la actitud de Ñáñez respecto a Alessio, pero no se atreven a decirlo en público por temor a represalias. La verticalidad ha sido una marca de fuego impuesta por Ratzinger. Y aquel que se atreva a desafiarlo no será quemado en la hoguera, pero sí, que lo de por seguro, desterrado de la institución.

Alessio: “Ñáñez no tuvo como obispo capacidad para frenar a los sectores conservadores, y priorizó someterse como un cruzado de obediencia y sumisión”.

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