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Córdoba

La autopista tiró a la 9 a la banquina

Los comerciantes que viven de la vieja ruta temen que la caída del tránsito los condene.

Avelino Villarroel vendía tanto que su familia jamás pensó que alguna vez la pasaría mal. En la “curva” que hace la ruta 9 sur metros antes de ingresar a Río Segundo, aquel negocio era un festín a la vista: sobre tablones se amontonaban sandías, melones, salames, los “famosos” zapallos en almíbar, canastos, cueros, sillones de playa. Un almacén de ramos generales para los turistas y un punto obligado para los proveedores. Al lado había otros similares. Todos eran prósperos. El jueves último, Karina Tissera, nuera y “heredera” de Avelino, no disimuló el mazazo que le produjo a su mundo la autopista Córdoba–Rosario: “Paso semanas sin vender nada”, dijo parada en el centro del negocio que ahora luce desteñido. La pasa mal.

La noticia de que la autopista Córdoba–Rosario será finalizada mañana descolocó a la mujer. Cuenta que en sólo 300 metros se cerraron siete negocios como el de su suegro desde que se inauguró el primer tramo de la autovía, hace una década. Fue progresivo, pero inevitable. Ahora, advierte que el fin, su fin como comerciante, está más cerca: “Yo aplaudo el progreso, me gusta, pero no hay que dejar atrás a la gente”, dice.

En el otro extremo de la ruta 9 sur, en Morrison, el intendente José Cura prende velas para que se concreten los proyectos que asoman al lado de la flamante autopista: 11 hectáreas para una playa de maniobras y estacionamiento para camiones, con surtidores de gasoil, comedor y hotel. Una inversión de 30 millones de dólares para levantar todo y puestos de trabajo no es poco para el poblado de cuatro mil habitantes.

El jefe comunal de Leones, Francisco Francioni, está igual de expectante: un grupo de inversores privados está buscando tierras para montar un hotel con cancha de golf, y otro que planea una estación de servicios.

Con esta dualidad se vive por estas horas la cuenta regresiva  para la inauguración de la autopista, prevista para la semana del 20 de diciembre, con una fiesta a todo trapo, en lo que será el último evento groso del Bicentenario. Mañana, Vialidad Nacional hará un acto de alto simbolismo: tirará el último camión de hormigón sobre la carpeta: la ruta estará finalizada después de 30 y pico de años.

Mira quién pasa. Los datos confirman lo que puede verse a simple vista: tres de cada cuatro conductores  que ingresan a la ciudad de Córdoba desde el sudeste prefieren hacerlo por la autopista.

Entre 2001 y 2009, la cantidad de vehículos que cruzaron las cabinas de Caminos de las Sierras ubicadas en la autopista creció un 95 por ciento; mientras que en la ruta 9 sur la suba fue de sólo un 31,5 por ciento. En ese mismo período, sumadas ambas rutas, el tránsito pasó de 3.075.800 vehículos a 5.353.718, un incremento del 74 por ciento.

En el kilómetro 656 de la 9 sur, antes de Laguna Larga, la foto lo expresa todo: la vieja y gastada carpeta está desierta. El fotógrafo disparó el jueves pasado, a las 17.40. Ya en el pueblo, otra postal de la sangría de viajeros: el hotel tiene el cartel de “en venta”. Los dueños prefieren no explicar el por qué de la decisión. No hace falta.

Varios kilómetros atrás, en Toledo, Jorge Esquivel, el dueño de la estación de servicio San Esteban,  advirtió cómo estaría la ruta. “Vendo 10 mil litros de combustibles por mes. Nada”, dijo. “Sólo andan los autos de acá, algunos colectivos y camiones”, agregó.

Otra imagen se repite desde Pilar hasta Oncativo: en bici, los vecinos recorren plácidamente la ruta 9 sur. La recuperaron como calle “principal”.

El intendente de Manfredi, Roque Villalón, contó los autos que dejaron de pasar por su pueblo: 3.500 por día. Él está contento: “Ha sido muy conveniente la autopista porque nos permite vivir más como en un pueblo. Casi no hay accidentes y la gente de acá está más tranquila”, dice.

Hasta que la autopista se llene de estaciones de servicios y comedores, los camiones seguirán entrando a los pueblos que se amontonan cada 30 ó 50 kilómetros para aprovisionarse. Luego, los comercios deberán mudarse, como ya lo hicieron los fabricantes de salames de Oncativo y Oliva, pioneros en conquistar la “lejana” autopista. No será fácil: cerca de la nueva ruta, la hectárea se cotiza a precios astronómicos: entre 45 mil y 100 mil dólares, según el lugar, y no todos los productores quieren vender.

Hacia la autopista también se extenderán los pueblos, dicen los intendentes. En carpeta hay countries  a metros del camino. Será la próxima batalla por la tierra.

Mudarse para sobrevivir

Los primeros comerciantes en plantar bandera al costado de la autopista fueron los “salameros” de Oncativo. Silvia de Monnier recuerda que a la decisión la tomaron con su esposo cuando la ruta 9 empezó a verse desierta. “Quedó un 20 por ciento del tránsito sobre la vieja 9”, dice la mujer al explicar el motivo de la mudanza.

Al local se accede por una colectora de tierra, a pocos metros del puente de ingreso a Oncativo.

Silvia extraña el negocio del centro: “No es lo mismo estar acá (a la vera de la vía rápida) que en el pueblo, donde el que se pasaba podía frenar y dar la vuelta o caminar unas cuadras. Además, teníamos el ida y vuelta de los turistas. Acá, en cambio, sólo tenemos a quienes van hacia Córdoba. La mayoría no tiene como costumbre frenar y entrar por la colectora”, agrega.

En cambio, Salamines Picca mantiene por ahora su local en el centro de Oncativo, sobre la 9 sur. La ubicación del mismo es clave: está frente a la estación de servicio YPF, punto obligado para camioneros y turistas que deben meterse en el pueblo para cargar el tanque. “Clientes no faltan”, dice Maximiliano Ampoli mientras corta quirúrgicamente el chacinado. Pero vaticina que todo podría cambiar cuando “el de la estación decida irse para la autopista”.

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