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Policiales

Investigan denuncia por rapto y violación para una red de trata

Una chica de 19 denunció que la raptaron y violaron en un galpón donde había otras mujeres que serían llevadas al Uruguay.

La Fiscalía del Distrito 4, Turno 1, investiga la denuncia de una chica de 19 años quien, según su testimonio, fue secuestrada por dos hombres en barrio Granja de Funes y encerrada en un galpón en el que había otras mujeres que serían llevadas “al Uruguay” para explotarlas sexualmente, según les escuchó decir a los captores. La muchacha habría sido violada dos veces y luego abandonada en el sur de la ciudad de Córdoba.

Fuentes judiciales confirmaron la existencia de la denuncia de “Laura” (nombre ficticio), cuyo calvario comenzó el lunes 23 de marzo pasado sobre avenida Rafael Núñez al 5.600. Laura es la segunda de cinco hermanos y vive en un barrio de esta zona del noroeste de la Capital. Todos los días, toma dos colectivos para ir hasta la escuela donde aprende Gastronomía. Aquel lunes, todo cambiaría para ella.

María, una de sus hermanas, le contó a este diario la pesadilla sufrida: “Ese día, mi hermana llegó a las 15.30 a la Rafael Núñez. Plena siesta. Cruzó hasta un quiosco a comprar cospeles. Después encaró para la parada del segundo colectivo, pero se detuvo entre dos autos estacionados para sacar un cospel del paquete. En eso, siente que alguien le apoya algo en la espalda y le dice ‘callate o te quemo’. Se acercó un auto rojo con vidrios polarizados y la empujaron adentro. Ella cree que era un Renault 12”.

Laura vive días de angustia y miedo por lo que le tocó vivir. Por eso no es ella quien cuenta esta historia.  Apenas si se anima a salir a la calle acompañada. Su relato se encarna en la piel de su hermana María.

“Desde siempre, a mi hermana le suele bajar la tensión cuando vive un mal momento y se desmaya. Eso también ocurrió cuando estaba en el auto. Lloraba, estaba muy nerviosa y se desmayó. Se despertó tirada sobre el piso del auto. Quiso levantarse y un hombre le pisó la espalda y le ordenó que se callara. Le puso un arma frente a los ojos. Ella se descompuso y no recuerda más nada”. Laura abrió los ojos en un lugar cerrado y totalmente oscuro. Cree que era un galpón. Según su denuncia, un perro se acercó ladrando y, parándose en dos patas, se apoyó contra su cuerpo. Ella no veía nada. No sabía qué lugar era ni qué le pasaría. Producto del miedo, la tensión bajó y Laura se desmayó otra vez.

María prosigue el relato: “Cuando despertó, tenía las manos atadas y estaba tirada en una especie de cuarto. Todo seguía oscuro. Al rato entró un tipo, la agarró y la puso contra la pared. ‘Pendeja de mierda, perdimos toda la tarde con vos. No nos servís porque estás enferma’, le dijo. El hombre se fue y mi hermana quedó sola, sollozando. Estaba aterrada. Fue ahí que escuchó a otras mujeres llorando en otra parte del galpón. Eran varias voces. Y también escuchó a los tipos que hablaban y decían ‘ésta no nos sirve, ésta otra es muy pendeja…’ y así. Después dijeron que tenían que ‘apurarse con la mercancía’ que llevarían ‘al Uruguay’”.

Sometida. Laura no aguantaba más. Empezó a gritar que la maten. Pero los dos raptores tenían otro plan: entraron, la agarraron de la ropa y la pusieron contra la pared. “Sos un problema, te desmayás a cada rato. Pero, ¿sabés qué? Después de todo, para algo nos vas a servir”, ironizó uno de ellos. Le bajaron el pantalón y se turnaron para violarla. Según contaría Laura en la Unidad Judicial de la Mujer y el Niño, volvió en sí en el piso de un auto. Ella cree que no era el mismo vehículo en el que la habían secuestrado. Le pareció oír el correr de un río. Es lo último que recuerda.

Despertó temblando. El cuerpo le sudaba. Según María, estaba tirada en una especie de fábrica abandonada en la ruta 9 sur, cerca del Arco de Córdoba. Anochecía. Ella no sabía dónde estaba ni qué día era. Caminó una cuadra hacia un lado, volvió sobre sus pasos y encaró hacia el otro. Le costaba respirar. Con esfuerzo, anduvo tres cuadras.

Ella no lo sabía aún, pero estaba en avenida Sabattini al 3600, a la altura de barrio Villa Argentina. Lloraba desconsolada. Se cruzó con un grupo de varones, pero ninguno se acercó a ayudarla. Quien sí lo hizo fue Norma, empleada de una panadería que había salido a tomar aire aprovechando que no había clientes. 

“Ella (Laura) se acercó y me pidió que la ayudara porque la habían violado. Estaba ida, perdida, quizá la habían drogado. No tenía la ropa rasgada, pero sí estaba mojada por el sudor y temblaba. Lloraba mucho. Le preguntábamos su nombre, pero no nos respondía. Repetía que la habían violado y robado. Llamé a la Policía. Mientras la esperábamos, ella se descompuso y se desmayó. Busqué en su mochila: tenía el celular apagado. Cuando se la llevaron, eran las 19”.

Denuncia. La Policía llamó al padre de Laura, quien fue hasta la Unidad Judicial. La chica estaba mal y no quiso declarar esa noche. Pedía irse a su casa. La llevaron al Hospital Rawson, donde, según María, constataron que había sido violada. Le dieron unas pastillas y le hicieron análisis de sangre. Tres días después, Laura declaró. Le solicitaron hacer un reconocimiento fotográfico, pero ella argumentó que en ningún momento había visto a los captores. Tampoco quiere, por ahora, ver a un psicólogo. Al parecer, aún no se hallaron testigos del momento del secuestro.

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