?>
Deportes

Instituto: Canever para creer

Vive un sueño. Franco Canever, que no figuraba en los planes de nadie, re-debutó de la mano de Vivas y anhela un 2011 con ascenso.

Su hermano Marcos no suelta el joystick. “Pum... Boom”, escupe el TV de un jueguito de la Play 3 que poco tiene que ver con fútbol. Hay lucha, espadas y bombas que explotan por todos lados. Franco se ríe, mientras su novia Maru lo acompaña limpiando los platos y la mesa después de una noche linda. De esas que se disfrutan. Con los amigos del barrio, despidiendo el año. Un 2010 que terminó muy distinto de cómo comenzó. Y que tuvo un final que él ni nadie imaginaron. Ni los que más confianza le tenían, cuando era ese petisito que no paraba de gambetear rivales en las inferiores de Instituto.

Ahí, junto con él, en ese brindis especial, estuvieron el Ale, el Moncho y la Garza, tres de esos tipos que nunca se separaron de Franco Canever. Ni cuando pintaba para ser un desaparecido del fútbol, deambulando en la primera local de Instituto con más de 20 años, después de haber debutado en la B Nacional sin suerte. Ni ahora, cuando se esconde detrás de una gorra para que no lo reconozcan en el colectivo T que lo lleva al centro todos los días, desde barrio Parque San Vicente, para ir a entrenar. Ahí lo busca el Tanito Gagliardi, su amigote dentro del plantel, y van hacia Alta Córdoba.

Así se lo puede imaginar a Franco Canever. Como un pibe humilde. Sencillo. De 21 años que ya pintan para 22 (los cumple el 17 de febrero). Que vive desde hace un par de años con su hermano Marcos (otra promesa de la Glo que se cansó del ambiente y se bajó) en una casa alquilada a 15 cuadras de el hogar paterno. Ese que comandan Gustavo y Liliana en barrio Acosta. Y donde creció el Tato (como le dicen en la intimidad), junto a sus hermanos Marcos, Verónica y Andrea, su melliza. “Noooooo... La foto ahí en la esquina, no. Después me van a cargar todos acá en el barrio”, se ríe. Pero posa ante el pedido del fotógrafo de Día a Día.

Una vida. Son 15 años los de Canever en Instituto, club al que llegó de la mano de ese gran descubridor de talentos que es Santos Turza. “El Gordo es un fenómeno”, dice Tato, que arrancó con su zurdita y la pelota en un equipo de barrio, Los Pumas. Pero a los seis ya estaba vestido de rojo y blanco. Sí, toda una vida dedicada a esto. “Terminé el secundario y cuando estaba todo medio complicado y no sabía que iba a pasar, arranqué la carrera de martillero público. Ahora se me hace imposible. Pero seguramente la voy a retomar. Uno nunca sabe, ¿no? Además, estudiar te abre la cabeza. Te saca de esto... Eso dicen, ¿no?”, se pregunta.

Y quien mejor que él para afirmarlo. Si casi no cuenta este cuento que está viviendo. Porque parecía olvidado. Porque luego de que Jorge Ghiso lo hiciera debutar en la temporada 2007/08 (ante San Martín de Tucumán, el 26/10/07) y lo marcara como una gran promesa, lo olvidó. Y lo mismo hizo Marcelo Bonetto, que apenas lo llevó a entrenar con la Primera un par de veces. Para después bajarlo para hacerle lugar a algún refuerzo de esos que vienen seis meses y se van.

Pero Franco se la bancó. “Nunca bajé los brazos”, dice casi como lema de vida. Y ahí estuvo, cambiadito para afrontar una serie de pruebas para jugadores del club que pidió el flamante DT Claudio Vivas. Algo así como un colador. “Con 15 años en el club nunca imaginé que iba a tener que pasar por pruebas. Pero bueno, así vino la mano y ahí estuve. Con las mismas fuerzas de siempre. Le metí muchas ganas. Mucha actitud. Y cuando ya terminaba la pretemporada, tres días antes, empecé a entrenar con el plantel de primera”, cuenta.

Lo que siguió fue más inesperado aún. La posibilidad de jugar un par de encuentros de la Copa de Invierno. Que el propio Vivas se enamorara de su juego y que, días después, re-debutara como futbolista profesional, en la B Nacional, con la camiseta de Instituto. Fue en la 1ª fecha de este torneo, ante Boca Unidos de Corrientes en Alta Córdoba. Fue en este 2010 que jamás olvidará.

“Ya estaba todo armado en la pretemporada. Ni me esperaba todo esto. Y pensé que no iba a jugar más... Si estaba el mejicano (por Rergis Borja), Ribolzi... Estaba difícil. Iba a tener que pelearla como loco. La chance llegó rápido. Jugué la Copa Córdoba con Racing y Estudiantes. Fue raro. Entrar en un partido de la B Nacional después de tres años era raro. Estaba nervioso. Pero se te pasa... Fue como volver a debutar. Me había olvidado lo que se sentía”, dice, y mira para abajo. Tímido. “Yo sabía que tenía que estar tranquilo, pero era difícil. Pero si me ponía nervioso, me iba a jugar en contra. Así que me tomé todo con calma... Me saco nomás cuando juego a la Play y pierdo. Tiro el control y puteo... Pero en la cancha y en la vida soy un chico tranquilo”, cuenta el Tato.

–¿Cómo fue eso de asentarse en la Primera de Instituto? Tener continuidad...
–Fue lindo, obvio. Pero es una responsabilidad y hay que responderle al técnico. No salí más. Por ahí no tuvo todos buenos partidos, hubo un par donde bajé el rendimiento. Pero Claudio me bancó y me dio la posibilidad de seguir jugando. Por ahí contra Aldosivi no me salieron las cosas, con Ferro también... No fueron buenos partidos y el equipo tampoco anduvo bien. Pero siempre uno trata de hacer lo mejor.

–Siempre te vas a acordar de Vivas...
–Sí, claro. Fue el técnico que me dio la continuidad. Y eso es importante. Nadie te da continuidad en 18 fechas. Uno necesita jugar y es importante sentirse respaldado.

–¿Cómo ves el equipo y la ilusión de la gente de ascender?
–Tenemos que estar tranquilos, no hay que ilusionarse, ir partido a partido. Esto es muy largo. Cuando falten dos o tres fechas hay que hablar. No antes. Porque sino te ilusionás... Hay que ir tranquilos. Faltan 19 fechas y una de este campeonato. Son muchas fechas, son muchos puntos, son muchos viajes, mucho todo. Acá hay plantel, tenemos mucho recambio. A diferencia de otros equipos, tenemos buenos jugadores y nos hemos concientizado que este año no se puede fallar. A eso apuntamos.

–¿Está unido el grupo, a pesar de la diferencias entre los chicos y los más grandes?
–Hay gente muy buena, no hay gente mala leche. Todos siempre buscan unir al grupo. Hay varios líderes que llevan bien el vestuario, como Furios, Carranza, Barsottini, son pilares que tenemos.

–¿Te comiste muchos retos de ellos?
–Sí, sí... La pelota parada, cuando no la tiro bien me como un par de puteadas. Pero está bien, porque siempre te quieren corregir. Pucho (por Barso) tiene un temperamento en la cancha que lo hace muy aguerrido, por ahí se saca. Pero es normal. Lo tengo de mi lado y me habla muchísimo. Pero lo entiendo. Él va a matar a todas y contagia.

–¿Qué les falta para lograr el objetivo?
–Se habla mucho de la falta de gol, pero creo que no tuvimos suerte. Creamos muchísimas opciones en todos los partidos... El gol no llega y eso te devalúa lo que es el equipo. Pero creo que jugamos un fútbol bueno y presionamos en todas las canchas. Salimos a jugar de igual a igual en todos lados y eso creo que es una patente de este equipo. Además, hay buen pie. Y el que entra, sea Ribolzi, Torresi, el que entre... Tiene buen pie. Hasta Erpen puede jugar de 5 (risas).

Como en la 4ª. Antes de dar el salto con Vivas, Franco tuvo un par de buenos años en las inferiores de AFA. En 5ª, con Germán Panichelli como DT y, sobre todo, en 4ª, con Curletto como entrenador. “¿Viste cuando vos te das cuenta que anduviste bien? Bueno, así me sentí yo en ese año de 4º de AFA. Yo sabía que estaba bien, pero arriba no aparecía la chance”, cuenta el Tato. Pero, de la mano de Vivas, la chance apareció. Y así, este carrilero por izquierda sigue evolucionando en su juego. Y en su cabeza. “Trato de estar tranquilo, de no ser tan ansioso. Cuando empecé a jugar, dije que lo iba a hacer como si estuviera en 4º de AFA. No iba a pensar que estaba en Primera. Y eso hice y sigo haciendo lo mismo, sino me ponía nervioso. Y eso te puede traicionar”, cuenta y agradece la chance: “Si no me daban el lugar no iba a poder demostrar lo que sé hacer. La confianza es todo. Si alguien te respalda, podés jugar un partido mal, pero después vas a andar bien a la larga. La cabeza es todo para un jugador”.

–¿Te podés llegar a marear con esto de ser jugador profesional?
–Siempre voy a ser el mismo... Por ahí podés ir progresando, pero tenés que mantener los pies en la tierra. Ahora mucha gente se te acerca, te saluda... Pero uno tiene que seguir siempre el mismo sendero. Todo depende de uno y de la gente que te rodea.

–¿Cuál es tu deseo para el 2011?
–Mejorar este torneo que hicimos, sacar más puntos y ascender, que es el objetivo de principio de la era Vivas. En lo mío, quiero seguir creciendo como jugador. Quiero consolidarme aún más en Instituto. Tratar de acumular partidos y experiencia. Y, más adelante, tratar de dar un salto deportivo.

-Y siempre vas a pensar que seguís jugando en 4ª, ¿no?
-Sí... (risas). Trato de pensar en eso. Jugar tranquilo. Disfrutarlo. Sin que nada me influya. En Primera tenés muchas presiones. Jugás por plata, por prestigio, por la camiseta, por el hincha, por tu familia. Quiero jugar siempre con esa libertad. Con la que tenía en 4ª.

“Se trabaja mejor en las inferiores”
Franco es otro producto de esa gran camada que tuvo la Gloria en las inferiores: la famosa clase ‘89, de la que tanto se habló y que generó varios jugadores que el hincha disfrutó en Primera, como Facundo Agustinoy, Diego Nadaya, Alejandro Gagliardi y el propio Canever. Claro, no es fácil dar ese salto. Pero Tato dice que nota que hay un mejor laburo en la cantera actualmente. “Se nota que se está trabajando mejor. Hemos hecho muchos partidos con la 4º, los miércoles jugamos siempre. Algo que antes no sucedía. Se está trabajando de forma más seria. Está todo más organizado. La llegada de los coordinadores Bernardi y Monge cambió todo. Hay un proyecto. Hablan mucho con Vivas y se ven los mejores jugadores de abajo para subirlos.

¿Hay material? “Hay buenos jugadores. Pero es como todo. Si vos le das confianza a alguien, la puede hacer bosta en la B Nacional. Pero tenés que darle la oportunidad. Sino le das la chance, nunca vas a saber si pudo andar o no”, expresa Franco. Esa misma confianza que él hoy tiene.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo