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Humor Negro en el Chateau

La T acertó y fue pura alegría. Golazo del Negro Marín y sonrisas para todo Talleres. Racing intento, pero no pudo.

Recién después de que la pelota entrara ahí. Esquinada. Perfecta. Recién después de que todos sus compañeros se abrazaran. Recién después de que en la popu norte los hinchas gritaran un golazo. Después de todo eso, alguien lo visualizó. Porque el negrito sonrió. Abrió bien grande la boca. Se le vieron los dientes, reluciendo en su piel oscura. Era Ricardo Marín. El 3 de Talleres. Él fue quien le puso humor negro, alegría de la linda anoche al Mundo Talleres. Con su gol, los de barrio Jardín se quedaron anoche con la Copa de Invierno ante Racing por 1-0. Y es para festejarlo. Para abrazarlo a Marín. Y soñar con más sonrisas como esa, en un Argentino A que ya tiene ganas de arrancar.

Y se festeja porque el partido se vivió como para ser festejado. Ya en el inicio se percibió el clima tenso. Si cuando voló una patada y cayó un jugador de la T, Arzubialde saltó del banco y pisó la línea de cal. Loco. Minutos después, la misma situación. Pero al revés. Ahora era una pierna de Talleres la que bajaba a un contrario. Y Bonetto explotó. Levantando las manos. Gritando. Pidiendo amarilla.

No hay un manual escrito de cómo deben jugarse las finales. Es más, hay diferentes teorías. Pero lo cierto es que anoche, Talleres y Racing salieron a jugar una. Casi como si hubieran cantado un himno antes del silbatazo inicial. Sin importarle que a uno le alcanzaba con el empate (la Acadé) y para el otro era ganar o ganar (la T).

Es que más allá de que la Copa en cuestión era la de Invierno (organizada por la Liga Cordobesa), se vivió como si estuviera el propio Blatter en la platea. Sí, se metió. Sí, se corrió cada bola. Sí, se atacó sin medir demasiado las consecuencias. Sin cuidar tanto su propia sombra.

Y eso generó que la final de la Copa fuera realmente eso. Por eso, ya desde el inicio del primer tiempo las 10 mil personas que estuvieron en el Chateau sintieron que hicieron bien en pagar la entrada y comerse el frío. Ya a los 8, un show de cabezazos en el área de la T dejó a Damián Fernández a otro testazo del gol. Pero la bola dio en el travesaño. Primer aviso de los de Bonetto. Respondió Martinelli con una corrida a lo Kempes, que terminó en pase atrás a Pieters que no llegó a resolver en el área chica.

A los 19, fue el mismo Pieters quien remató desde afuera, de zurda, para que atrape Sanzotti. Era así, de ida y vuelta. Con Talleres mas contragolpeador, y la Acadé con la posesión.

Hacia el final del primer acto mejoró la T y, a los 32, el Bati Aranda tuvo una clarita tras un remate desde 25 metros que Sanzotti alcanzó a tocar con las uñas. Dio en el travesaño y salió afuera. Poco después, otra vez ese largo arquero le contuvo un picante cabezazo a Riaño. El 0-0 le quedaba incómodo a un partido que largamente no era un amistoso ni mucho menos.

Todo por ganar. Ambos mantuvieron sus convicciones en el complemento. Si hasta Bonetto mandó a la cancha al Beto Velárdez, con la clara intención de quedarse con el encuentro aunque con el empate la Copa terminaba igual en sus manos. Manos que casi se quedan sin nada, cuando a los 10 Lazzaroni quiso gambetear siendo último hombre y perdió ante Aranda. El Bati tocó para Riaño, que frente a Sanzotti, definió feo por arriba. La final estaba ahí, para el que se animara a ganarla.

Y allá fue el negrito Marín, tras un pase de aquellos de Pieters, para definir cruzado. Con clase. Como si estuviera en una final, para el 1-0, a los 29. Hubo que esperar unos minutos más para el final y la sonrisa general. Fue Marín el que le puso humor Negro al título invernal de Talleres. Y todavía dura la alegría.

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