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Hay más chicas que varones en el Monse

Por primera vez en la historia, las mujeres son mayoría en un colegio con 313 años de tradición varonil.

Francisco y Rocío, las autoridades del centro de estudiantes del Monse.

Francisco y Rocío, las autoridades del centro de estudiantes del Monse.

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  • Hay más chicas que varones en el Monse

    14/03/2010 00:00

    Por Juan D'Alessandro

    El ciclo lectivo 2010 comenzó en el Colegio Nacional de Monserrat con una novedad estadística: luego de 12 años de proceso integrador, en sus pasillos se ven, apenas, más polleras que pantalones. Del total de 1.589 alumnos, 754 son varones y 835 son mujeres; es decir, en un colegio con 313 años de tradición varonil, ellas, por fin y por 81 polleras, son mayoría.

    Y lo mejor es que a los propios estudiantes –chicas y chicos– el dato no les interesa. ¿Por qué? “Porque todos somos monserratenses”, remarcan. Es lo único que les importa: el amor por su colegio, el orgullo de pertenecer a una institución histórica. Atrás, muy lejos, quedó la polémica, la resistencia de los alumnos varones, la discriminación de género, las presentaciones judiciales de padres equivocados.

    En los claustros son pocos los que recuerdan el polémico proceso que consagró el carácter mixto del colegio, rompiendo la tradición varonil del Monse. Ahora, los alumnos están tan naturalizados con sus compañeras que se extrañan cuando se les pregunta sobre la calidad de la convivencia. Desde 1998 –año en el que ingresó la primera camada de mujercitas– nunca se registró inconveniente alguno, ni una sola queja de una chica que haya sido discriminada por un compañero. Todo bien.

    En esta institución fundada en 1687, ellas, las alumnas, son parte indisoluble e indispensable de lo que sus miembros llaman, con orgullo, “sentimiento monserratense”. Son un poco más que la mitad, son necesarias y ningún alumno varón se imagina el cursado sin ellas.

    Este año se consolidó la tendencia que comenzó, tímidamente, hace 18 años: la primera tanda femenina consistió en 44 valientes, pero el número de las ingresantes, año a año, fue creciendo. En 2007, por primera vez las chicas ingresantes fueron más que los varones, y en 2008 las mujeres ya conformaban la mitad del alumnado. Este año ingresaron 127 chicos y 129 chicas. “En los últimos tres años hubo un equilibrio, y es lo esperable en un colegio mixto”, indica Aldo Sergio Guerra, vicerrector administrativo y ex alumno del Monserrat.

    ¿Algo cambió? “Con la entrada de las chicas, lo único que cambió en este colegio es que se construyeron nuevos baños, todo lo demás permanece igual”, dice Guerra en su oficina en el rectorado.

    “Lo más importante, quizá, es que no se ha perdido el orden, el clima de trabajo ordenado, que en el contexto educativo reinante es verdadero lujo para los docentes. Dar clases en el Monse es un recreo”, agrega Gustavo Zanghi, profesor de geografía, egresado de la promoción ‘79, quien regresó a su  cole en 1981 para trabajar como celador y el el ‘85 se convirtió en docente. 

    “Hay que reconocer que en 1997 la situación interna se tensionó bastante. El cambio fue muy brusco, no fue una decisión consensuada, sino impuesta (por la Universidad Nacional de Córdoba, de quien depende el colegio). Sería cínico decir que fue tranquilo. Pero la verdad es que nos sorprendió la integración inmediata de las chicas”, cuenta Zanghi.

    “Yo estuve en estas aulas como alumno, y ahora como docente. Y cuando miro a los chicos que comparten el día a día con sus compañeras, veo una radiografía de mi promoción, todo es igual. El ‘duende’ del Monserrat sigue tan vivo como siempre”, asegura el profe.

    Ella y él. Las autoridades del centro de estudiantes monserratense reflejan el espíritu de sus compañeros. Ambos ingresaron en 2005, un año después del egreso de la primera promoción de mujeres.

    El presidente, Francisco Jure, quien cursa sexto año, opina que “las chicas son más aplicadas y participan mucho en la vida del colegio” y recuerda: “Por lo menos las últimas dos abanderadas fueron mujeres”.

    La vicepresidenta, Rocío Chinellato, tiene 18 años, y asegura que el ingreso de chicas al tradicional centro educativo “fue un progreso social, que posibilitó a las mujeres tener la misma oportunidad que los hombres de educarse en un buen colegio” y estima, sin embargo, que “debería haber ocurrido una década antes”. Entre los muchos objetivos del centro de estudiantes –como la adquisición de una fotocopiadora– “reforzar los vínculos entre varones y mujeres” no figura. “Eso está saldado, se da naturalmente”, aseguran los chicos, y reconocen que  ahora “la ‘puja’ se da entre los turnos de la mañana y de la tarde, pero no entre chicos y chicas”.

    El “duende”
    “Yo amo a mi colegio” no es una frase muy pronunciada por los adolescentes, pero en el Monse es moneda corriente. Chicos y chicas están orgullosos de su colegio. “El Monse tiene una mística especial, terminás amándolo. Pasamos más tiempo acá que en nuestras casas. Es más que un colegio, es un punto de encuentro”, asegura Rocío Chinellato, y en sintonía se expresan todos los alumnos, profesores y directivos que conversan con Día a Día. Es sorprendente.

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