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Ocio

Entre a mi teatro sin golpear

En su 120º aniversario, el Teatro del Libertador San Martín fue el gran protagonista de un martes muy primaveral.

Qué otoño ni otoño: la ciudad vivió ayer una jornada casi primaveral (en los termómetros y en los corazones) que tuvo como protagonista excluyente al Teatro del Libertador, que celebró sus 120 años con una jornada de puertas abiertas, tanto para que la gente entrase como para sacar el arte a las calles, en un día que muchos no olvidarán. Con intensidad y colorido, el Libertador y su gente celebraron con ganas un cumple que recordó a todos que este es el teatro más antiguo de la Argentina, superando por largos años a otros “colegas” de renombre como el mismísimo Teatro Colón que cumplió 102 años envuelto en toda clase de problemas, al punto que este año su actividad está seriamente resentida y sus artistas han llevado su reclamo incluso a los estadios de fútbol.

Fue, indudablemente, un festejo emocionante el que se vivió en el coliseo de la avenida Vélez Sársfield, que bien tempranito abrió sus elegantes portones de madera, para llamar a los transeúntes a ver y escuchar. En este sentido, la jornada también fue válida para que muchos cordobeses pudieran entrar por primera vez a la sala mayor, en una experiencia que algunos definieron como el “descubrimiento” de un tesoro que para ellos estaba escondido en el corazón de la ciudad.

¡Cómo suena! Con el sol calentando despacito la mañana, el teatro abrió su festejo a las 9 en punto, cuando los primeros y tímidos paseantes se animaron a entrar y presenciar el ensayo de la Banda Sinfónica de la Provincia, previo armado de la cámara acústica. Ante una concurrencia en la que resaltaban los buzos blancos de un grupo de estudiantes secundarios, el maestro Hadrián Avila Arzuza se hizo cargo de la batuta para dirigir a los músicos, que a diferencia de una velada de gala, se presentaron en el escenario de jean y zapatillas.

Y mientras esto sucedía, algunos comenzaron a abandonar el recinto, pero no por disgusto sino porque afuera, sobre la escalera y la vereda, varios bailarines del ballet se adueñaron de la vía pública, para improvisar algunos pasos y para entrar en calor. Allí, con el sol como único reflector y la fachada del Libertador como escenografía, los bailarines llevaron adelante una clase abierta del Seminario de Danza. Con el calorcito del mediodía y la siesta, la jornada ya era todo un éxito de convocatoria, con decenas de chicos y grandes mirando atentamente los movimientos de ballet (algunos incluso rompieron la timidez y se sentaron en el piso para ver el espectáculo).

Ya con el solcito aflojando y la tarde comenzando a tomar la tibieza otoñal, el escenario mayor volvió a ser el centro de la celebración, y a eso de las 17 llegó el turno del Coro de Cámara deleitó a los asistentes con una jornada abierta de ensayo de partituras.

Ya en el atardecer, se realizaron distintas intervenciones en la fachada, con la participación de artistas, músicos, cantantes y bailarines; y al cierre hubo un brindis a cielo abierto para dejar así concluido un cumpleaños de primera.

En la continuidad de estos festejos, este viernes a las 21.30 se hará el Concierto 120° Aniversario, en el que la Orquesta Sinfónica el poema sinfónico Prometeo de Franz Liszt. Entradas, en boleterías a 20, 15, 10 y 5 pesos.

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