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Córdoba

Empieza el desalojo de la vinchuca: adiós a los ranchos

En Las Jarillas, la Provincia tiró abajo las primeras viviendas rancho y las reemplazó por casas de material.

“Ahora ellos van a querer venirme a ver acá”. La frase es de Tolentino González, un hombre de edad indefinida, oficio de hachero y piel curtida que sufre de amor. Su mujer y sus hijos se fueron, escapando del rancho y de la pobreza. Ahora, que recibió una casa de material edificada por el Gobierno provincial como parte del programa para el combate de la vinchuca y el Chagas, tiene una esperanza: “Que se vengan conmigo”.

Su hermana, Asolina, es la que solloza cuando una topadora que sólo se puede imaginar ahí teletransportada, no cruzando los caminos imposibles de guadal apenas consolidado que unen el caserío con Las Jarillas, derriba el rancho en el que vivía con sus padres y sus hermanos.

En esta zona olvidada, que es el hogar de “la chinche”, como llaman allí a la vinchuca, el Gobierno provincial eligió comenzar el programa de erradicación de las viviendas rancho, que se creó por ley en febrero de este año. Ayer se entregaron las primeras 11 viviendas, todas ubicadas en la zona cercana a Las Jarillas, en el departamento Pocho, al extremo noroeste de la provincia.

“Toda Córdoba le debía esto al Oeste y al Norte de la Provincia. ¡Cómo Córdoba, que lidera la esperanza y el progreso en el país, no va a trabajar para erradicar las 2.500 viviendas rancho en las zonas más postergadas que tenemos!”, arengó el gobernador Juan Schiaretti, en un discurso que precedió a la entrega de las llaves de las casas a sus pobladores, un símbolo citadino de curiosa aplicación en un ambiente tan agreste.

La intención de la Provincia es llegar a fin de año con 150 viviendas rancho terminadas. Para eso, en las próximas semanas se abrirán otros tres frentes de obra para construir 14 viviendas en Las Jarillas, 31 más en Villa de Pocho, 60 en Chancaní y 10 en Las Palmas. A las que Schiaretti sumó ayer trabajos en los parajes San Tiburcio y La Concepción.

“Este programa se estableció por una ley, porque no sé si en mi gestión de gobierno vamos a poder alcanzar a terminar las 2.500 viviendas rancho, pero creo que es una tarea que no se debe interrumpir porque cambie una administración”, enfatizó el gobernador.

Juan José Eusebi, director de Programas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social, es el hombre que inició el relevamiento, en 2005, que llevó a determinar que en 10 departamentos de la Provincia hay 2.500 viviendas rancho que se deben erradicar, para combatir el parásito tripanosoma cruzi, que transmite las vinchucas. “Se detectó que cerca del 80 por ciento de las familias tiene el mal de Chagas Mazza”, confió. Para evitar el rechazo a las nuevas casas y el regreso al rancho, el plan previó que un integrante de la familia participe de la construcción de la vivienda. Y en el departamento Minas, incluso, se respetará el estilo constructivo de los ranchitos, que utilizan el encastre de piedras para hacer las paredes. A tal punto llegó la “adaptación” que hasta se le dio solución a un caso de bigamia. “Vivían todos juntos en un mismo rancho. Ahora tendrán dos casitas nuevas, que ellos pidieron que estén juntas, una al lado de la otra”, confesó, indiscreto, un funcionario.

“Lo hicimos con mis viejos”
Tolentino González espera a su familia perdida. Y sueña con su nueva casa. Pero no oculta una sensación ambivalente cuanto la topadora tira abajo el rancho: “Duele porque a esto lo hicimos a pulmón nosotros, con mi viejo. Tiene 61, 62 años, porque el hermano mío tiene 52 años y es nacido acá”. El rancho está armado con tirantes de quebracho, cortados a hachazos, que trasladaron con burros, hace una eternidad.
–¿Quiénes vivían acá?
–Mi viejo, mi vieja, el hermano más grande, yo y el otro sobrino– enumera. Pisos de tierra, techo de jarilla y paja. Eso ve el extraño. “Mi casa”, él.

“Me han hecho la comodidad”
Dalimera Ledesma de González parece la inspiración de Dona Jovita. Pícara, agradece porque   le “han hecho la comodidad” para instalarse y llevar a su marido –que “cuando podía se dedicaba al hacha”–, a su hijo mayor– y a los “animalitos”: “Tenía chivas, ovejas, gallinas, lechones, ahora no queda uno”.
La viejita asegura que no le da tristeza tirar abajo el rancho. “Antes trabajaba en telar, ahora ya no puedo trabajar”: de eso sí se queja. Dalimera vivió sus casi 90 años en la misma zona. “Yo soy de San Antonio, donde el Teodomiro Ledesma”, dice. Es su seña de orientación.

La erradicación en marcha
100 millones de pesos. Es lo que saldría erradicar los 2.500 ranchos que hay en la Provincia.
65 mil pesos. En Las Jarillas el promedio por casa fue más caro, por los problemas de accesibilidad y la falta de agua.
300 mil. Son las viviendas ranchos que hay en el país. Menos del 1 por ciento se ubican en Córdoba. 150 en obra. Antes de fin de año, la Provincia quiere entregar 150 casas de material en los departamentos Pocho y San Alberto.
36 meses. Es el plazo que se fijó en febrero, por ley, para reemplazar los ranchos.

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