Ocio

Ella tuvo el look, y mucho más que eso

¡Viejos son los trapos! Roxette dio un show intenso y emotivo, que hizo delirar a los fanáticos que se llegaron hasta el Superdomo.

No hizo falta siquiera que entonara la primera estrofa del primer tema. Tras su agudo yea yea yea!!!, el público ya se había enfervorizado, enloquecido y erizado como un puercoespín. Tras 18 años sin pisar tierra cordobesa, el dúo sueco Roxette hizo un repaso por sus clásicos temas y le puso cuerpo a una imagen que es ya una leyenda.

Dressed for Success fue el primero en sonar. Vestida de cuero de pie a cabeza, Marie Fredriksson se presentó con su guitarra. La blonda de corte casi punk fue variando su voz en las distintas escalas de los agudos, hasta llegar a casi quedarse sin aliento. Cuando eso estaba por pasar, su compañero Per Gessie le hacía una mirada cómplice. Y todo seguía como si nada hubiese pasado.

Continuó con Sleeping in My Car y a esta altura el público ya estaba de pie. Aunque no saltaba, la gente miraba al dúo como no queriendo dar crédito de sus ojos. Cómo no saber reconocer la figura que tenían en frente, la misma que vieron mil veces en la portada de Joyride.

The Big L. no hizo más que traer recuerdos a una platea de casi 10 mil personas, 80 por ciento treintañera. Y tras el tema, dio gracias en inglés al público cordobés y reconoció haber estado un largo rato sin regresar. El show transcurrió con prácticamente todos temas clásicos: Wish I Could Fly, It Must Have Been Love, The Look, Listen To your Heart, It Must Have Been Love y Joyride, entre otros.

También entonaron temas de su nuevo disco Charm School, como She’s got nothing on (But the Radio).

Aunque el dúo evitó pronunciarse en castellano, excepto para decir “muchas gracias”, hubo un momento en que se comunicó con un lenguaje universal: Per tocó con su guitarra el comienzo de un cuarteto de Carlitos La Mona Jiménez y el publico deliró.

Marie, en cambio, tuvo movimientos cuidados. Ella decidió jugar mucho más con su voz que con su cuerpo. Allí no encontró resistencia alguna, ni vestigio de la riesgosa operación que le tocó pasar: un cáncer cerebral que después de recuperarse la hizo volver a vivir.

Spending my time fue la canción que el público entonó a capella. Y lo hizo con una entonación cuidadosa, como respetando a la figura que tenía en frente. Luego del coro, Marie retomó el micrófono y la banda la acompañó.

Marie cantó desde las entrañas. Acompañó sus versos con movimientos de cadera. Casi no se movió de su lugar. En cambio su compañero se recorrió el escenario de punta a punta. Saltando y haciendo saltar al publico, que lo seguía con cámaras de foto y filmación.

En cada uno de sus conciertos, Marie y Per volvieron a vivir. Y lo hicieron con todo.

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El texto original de este artículo fue publicado el 08/04/2011 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
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