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Córdoba

El voto electrónico superó la prueba

El costoso sistema de voto electrónico demostró en acción ser eficiente. El escrutinio, el gran desafío de la clase política tras el escándalo del 2-S, también gritó "prueba superada": cerrar cada urna y la emisión del acta electoral demandó apenas un minuto, y a los 15 minutos de finalizado el acto comicial el 22 por ciento de los resultados ya estaban cargados en el centro de cómputos. La frutilla del postre fue la alta aceptación que tuvo el mecanismo entre los electores.

En síntesis, a las 19, quienes quisieron festejar lo hicieron; quienes quisieron llorar, lloraron; y la mayoría se apelotonó en los bares del centro sin pasiones encontradas.

Durante el escrutinio provisorio no hubo boletas apiladas sobre los bancos, ni se necesitó del pizarrón del aula para el conteo previo al acta. Todo fue automático. Y preciso: en las siete urnas que resultaron sorteadas para ser abiertas, el control manual, el recuento a la vieja usanza, no encontró diferencias con el resultado electrónico.

Algunos ancianos debieron preguntar a las autoridades de mesa qué hacer, pero finalmente sortearon el traspié tecnológico y expresaron su opinión. Para los más jóvenes, el voto fue cuestión de segundos. Pese a la buena aceptación del voto electrónico, el llamado de atención es el retroceso en el porcentaje de ciudadanos que votaron: 63 por ciento de 23 mil habilitados.

Votar como en el primer mundo no es barato: la aplicación en 62 mesas de Marcos Juárez demandó un subsidio de la Provincia de 570 mil pesos, contra los 7.500 pesos que desembolsó el municipio hace cuatro años. A favor, vale remarcarlo, el voto electrónico favorece la presentación de partidos minoritarios, puesto que no deben gastar en la impresión de boletas.

Pese al cambio tecnológico no se modificó la escenografía electoral: en las puertas de los colegios, los fiscales y punteros seguían, justamente, punteando el padrón para ver quién faltaba votar. Mañas que ninguna máquina podrá erradicar.

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