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Córdoba

El tiro del final de Giaco, clave electoral

Mil monstruos al acecho y una sola bala en el revólver. Como el protagonista de una película de terror de clase B, el intendente Daniel Giacomino reza para espantar a todos sus enemigos con un solo tiro, el del final: la determinación de la fecha de las elecciones municipales. El gobernador Juan Schiaretti fijó primero el día de los comicios provinciales: el 7 de agosto y le dejó, como ofrenda, el poder de decidir si unifica o separa las elecciones municipales, de aquí en adelante la clave en las estrategias de los que aspiran al poder.

Al menos dos problemas de gestión exceden la fuerza política del intendente: el conflicto por la ubicación del predio de enterramiento de la basura en la zona sur cumplido el año de provisoriedad y la crisis desatada en Salud y contagiada al resto de la Municipalidad por el reclamo de efectivización de los contratados.

A cambio de ayuda, se escuchan ofertas. La unificación, en principio, es resistida por Ramón Mestre, quien lidera las encuestas, aunque sería bien recibida por otros sectores del radicalismo para ayudar a Oscar Aguad, necesitado de tracción inversa desde la ciudad para su candidatura provincial.

El peronismo midió todos los escenarios: qué pasa si Aguad se cae, con Schiaretti candidato a intendente, con Olga por fuera del partido y hoy preferiría que la municipal vaya por separado, después de las provinciales. Sin candidato a la intendencia, el juecismo tiene una sola carta fuerte: el propio Luis Juez. De allí que le gustaría un truco de una sola mano.

Hasta ahora, separar las elecciones es funcional a Mestre y tolerado por el peronismo, que resignaría expectativas de triunfo si se garantiza una derrota juecista. Pero eso podría variar.

Las elecciones internas que celebra hoy el peronismo pueden impulsar o dejar herida a Olga Riutort. Olga no necesita ganar para quedar en el centro de la escena: las encuestas la ubican cerca de Mestre y por encima de cualquier opción juecista. Si sale bien parada hoy, que sea o no la candidata depende de qué haga Schiaretti.

El gobernador fue tajante cuando dijo que no puede bajar de Papa a obispo, pero su imagen positiva de 60 puntos en la ciudad (que por el momento no se traslada a intención de voto) es muy tentadora para los estrategas del PJ. El peronismo imagina desde un operativo clamor con uno o varios estadios llenos a tratar de tentarlo con el desafío de ganar la intendencia para el peronismo por primera vez desde la restauración democrática. Un triunfo aplastante en la interna de Dante Heredia –referente del gobernador– podría traer la paradoja de dejar acorralado a Schiaretti en una candidatura que resiste.

No tendría sentido bajar a Schiaretti con elecciones desdobladas. Si juega en Capital el gobernador, será para aportarle votos a De la Sota desde su distrito más adverso. De allí que Giacomino, con una sola bala, no se puede apurar. Y si unifica, se tendrá que olvidar de los gestos del bloque radical, que le aportó algo de gobernabilidad desde el Concejo Deliberante y el Tribunal de Cuentas.

Gobernar a veces es eso: jugar al ajedrez sobre una caldera a presión.

El milagro, en esta situación, no sería sacar tablas, sino que en medio de la partida no estalle todo.

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