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Córdoba

El tango, un caballero

Diego quería bailar desde que era un niño. Encontró su modelo en su padre, y pronto estuvo aprendiendo sus primeros pasos de folklore en una academia.

Suele suceder que el descubrimiento llega inesperadamente para revelar un momento único en la vida de un hombre, que atisba, si se lo propone, el misterio de saber para qué vino a este mundo. A Diego le pasó cuando tenía 13 años.

Se había abierto un curso intensivo de tango y la profesora, para tentar a sus alumnos, invitó a un milonguero amigo. Diego no olvida esa sensación. Recuerda cada detalle: se llamaba Dardo Cabrera, estaba vestido de negro y llevaba zapatos de charol. Por entonces, era raro encontrar una milonga en Córdoba; más bien, el tango era una danza exótica. La imagen estética del milonguero fue el descubrimiento que le marcó a Diego lo que quería hacer el resto de su vida, que apenas se iniciaba. “Ahí me picó el bichito del tango. Este milonguero era todo un caballero. Me impactó su presencia”, recuerda.

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