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El hombre de los pies incansables

Iñaki Urlezaga es simplemente imparable. Bailarín, coreógrafo y cabeza de compañía, su vida gira alrededor del ballet. Y este finde, estará en Córdoba presentando “Paquita”.

Iñaki Urlezaga tenía sólo ocho años cuando ya supo qué quería hacer de su vida: ser bailarín clásico. Y la vocación no fue equivocada: entre sus pergaminos figuran 10 años como figura del Royal Ballet de Londres y su status actual de principal bailarín invitado en el Dutch National Ballet de Holanda. Así que los que vayan a verlo este fin de semana, cuando se presente en Córdoba encabezando Paquita, podrán estar seguros de que están presenciando a uno de los mejores bailarines del mundo.

En la presentación, Urlezaga estará escoltado por la compañía Ballet Concierto, que él mismo creó y lleva adelante. Algo que no es una tarea fácil, como él mismo lo admite. “No estoy solo en esto. Hay una oficina de producción que se ocupa de cosas de las que yo ni me entero. Pero llevar adelante algo privado te hace tener conciencia de seguir trabajando sin parar. No me puedo relajar, porque no tengo un lugar público que me permita tener otra mentalidad. Hay que poner mucha creatividad para poder hacer algo con menos recursos que una compañia estatal”, comenta Iñaki.

–Además, tenés que conjugar la doble tarea de bailarín y coreógrafo.

–Pienso las cosas con mucho tiempo de anticipación, así en el momento de subir al escenario tengo la mente más libre. Hay muchas reuniones previas fuera del horario de trabajo con los iluminadores y los vestuaristas. Es un nivel de exigencia que a veces es muy absorbente, pero para tener nivel hay que estar dispuesto a trabajar así.

–¿Tenés proyectado qué vas a hacer cuando llegue el momento de tu retiro?

–No, para nada. Yo vivo el ahora y el día de mañana veré que hago. No pienso en absoluto qué va a ser de mí cuando deje de ser bailarín. ¡Es que en realidad tampoco tengo tiempo de pensar lo que va a pasar más adelante! (risas)

En el 2007, Iñaki tuvo la oportunidad de pisar un escenario diferente al que estaba acostumbrado: el de Bailando por un sueño, donde se volvió a presentar un año después. En su última aparición, anticipó Carmina Burana, la obra que estaba haciendo en ese momento y, según comenta, lo vivió como una experiencia sumamente positiva. “Me trataron muy bien y yo me sentí muy relajado. Es un ambiente donde hay una producción muy profesional que se encarga de que las cosas sean como tienen que ser”, cuenta el bailarín.

–¿Qué opinás al respecto de esa mediatización de la danza que hay en “Bailando por un sueño”?

–No lo veo como una mediatización. Es simplemente un show televisivo. No sé si estará planteado de esa forma, pero para mí no es un concurso de ballet.

–Este año actuaste en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín ¿Cómo viviste ese momento?

–Fue una experiencia divina. Algo muy emotivo. Fue muy importante para mí como persona, porque ese lugar es muy mítico. Es un privilegios que seguramente quedará en mi memoria como uno de los momentos más lindos que viví.

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