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El futuro no está escrito

El sábado, Los Fabulosos Cadillacs entregaron un show maratónico en el Estadio Olímpico Córdoba.

En su primer show argentino de su gira de regreso, Los Fabulosos Cadillacs se retiraron aclamados, tras 156 minutos de actuación, este sábado en el Estadio Olímpico Córdoba.

El concierto fue presenciado por unas 18 mil personas, de acuerdo con lo expresado por los organizadores de la etapa cordobesa del Satánico Pop Tour, que este fin de semana seguirá su marcha por el estadio de River Plate, en Buenos Aires. Allí, los Cadillacs se presentarán el viernes, con entradas  casi agotadas (quedan boletos de campo y popular), y el sábado. Desde Córdoba, las entradas se pueden adquirir a través del sistema Ticketek (www.ticketek.com.ar).

Partida en falso. En el escenario montado al borde de la pista de atletismo del Chateau, los Cadillacs tuvieron una partida en falso que obligó a largar de nuevo la carrera. Fue lo único negativo de una jornada casi perfecta, que incluso tuvo una concurrencia un tanto mayor a la que se aguardaba. A las 21.36, la banda inició desde la penumbra Manuel Santillán, el León. Y cuando las luces y las pantallas se encendieron, una explosión de graves obligó a parar la música. “Hay problemas con la tensión, paramos cinco minutos... gracias por la espera”, dijo Vicentico, que arrancó la noche de traje negro y bastón. Por suerte, el inconveniente de solucionó de inmediato y así largó un maratón de 29 canciones, muchas de ellas provenientes del disco El León (1992), para muchos el mejor de toda la discografía fabulosa.

Maratón. A tono con este espíritu olímpico de un estadio que de olímpico sólo tiene el nombre, el recital fue una exuberante quema de calorías de los artistas y el público. La gente, gran protagonista de la tarde/noche, bailó y cantó con entusiasmo e hizo temblar la platea alta del estadio.

De tan largo, el show se vuelve difícil de encerrar en un concepto y, por lo visto, todo indicaría que a la hora de armar la lista, los Cadillacs han hecho una selección de sus temas favoritos, más los nuevos de este flamante La luz del ritmo.

La primera etapa de la noche invitó al baile con Mi novia se cayó en un pozo ciego (primer temblor en la platea alta), Carmela, Estoy harto de verte con otros, El genio del Dub, Wake up and make love with me y Muy, muy temprano. A ese punto, el grupo había pasado por toda la variedad de ritmos a los que se asomaron en su larga trayectoria. Tras El aguijón y Paquito vino el primer invitado de la noche y con él, un nuevo ritmo para una nueva etapa. Con ovación incluida, Pablo Lescano entró a escena, presentado como “el príncipe de la cumbia”. El mote puesto por Vicentico le hace honor al fundador de Damas Gratis y uno de los creadores del sonido de la cumbia villera, el canto de guerra del gran Buenos Aires pos menemismo/delarruismo. Con sus teclas con los colores de Etiopía, Lescano mostró su propia lectura de Padre nuestro, y todos quedaron más que contentos, con las “manitos ahí, ahí”.

Pasada la ruidosa aclamación, se dejaron escuchar Saco azul, Siguiendo la luna (con dos lunas a los costados del escenario, que así tomó el aspecto de un coche antiguo) y Los condenaditos, cerrando el primer segmento. Luego, una recordación de Toto Rotblat, el percusionista fallecido en marzo. “Toda esta gira está dedicada a Toto, por eso el disco se llama La luz del ritmo”, contó Vicentico más tarde. El break dio paso al tramo final de esta larga carrera, momento en que sonaron Demasiada presión, Quinto centenario, La luz del ritmo, Calaveras y diablitos (aplausos para Hugo Lobo) y Gallo rojo, con el que bajaron un poco, como para cambiar el aire.

Sprint. Con un póquer de ases de su  producción, llegó el primer final del concierto, con Gitana (otra vez, el temblor en el Chateau), Carnaval toda la vida, Mal bicho y El satánico Dr. Cadillac. En el primer falso final de la noche, el público coreó más fuerte que en toda la tarde, el estribillo del clásico más tribunero que no han escrito Los Auténticos Decadentes.

Bises, primera parte. Con arreglo de armónica, Vicentico volvió al escenario (en realidad, una serie de andamios que recordó al video de Rock de la cárcel de Presley) para iniciar la tanda de bises que tuvo como invitada a Mimi Maura, para Vasos vacíos. Ya con 140 minutos de show, las pantallas ilustraron con imágenes de chimpancés y gorilas una versión de Vos sabés, que concluyeron ensamblado con un fragmento de Pinball wizard de The Who. El cierre fue Matador e hizo vibrar a la multitud. Pero todavía faltaba el himno que el público venía reclamando desde las 18, cuando se abrieron las puertas del predio.

Bises, segunda parte. Con el niño Gastón de 11 años tocando con fuerza la batería, Flavio cantó “un clásico de los Cadillacs”, la versión de Guns of Brixton de The Clash, los padrinos e iniciadores de una tradición multicultural que en lo musical tiene referentes como los anfitriones del sábado. El bajista de brazos tatuados (¿será El hombre ilustrado de Ray Bradbury?) cantó después Let's lynch the land lord de los Dead Kennedys.

Así, llegó el final, con los Cadillacs y la gente coreando el esperado Yo no me sentaría en tu mesa. ¿Seguirán? ¿Volverán a Córdoba? El futuro no está escrito.

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