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El 2x4 llora a Rubén Juárez

El bandoneonista falleció ayer. Era considerado como uno de los grandes de la rica historia de la música ciudadana rioplatense.

El final inevitable llegó ayer, cuando el Negro Rubén Juárez ya no pudo seguir enfrentando a un cáncer de próstata que le complicó la salud en los últimos tiempos. Así, la ingrata noticia se apoderó de las radios, los noticieros y la Internet, en la peor mañana de lunes que un lunes haya tenido. A los 62 años se apagó la vida de este bandoneonista, cantor y compositor, considerado como uno de los grandes del tango argentino de las últimas épocas.

La crónica establece que falleció en el sanatorio Güemes, de Buenos Aires, donde se encontraba internado desde el viernes, tras ser derivado desde Villa Carlos Paz, donde tenía su residencia.

Aunque cordobés de origen, Juárez vivió su infancia en Sarandí, en el Gran Buenos Aires (la cercanía con Avellaneda lo llevó a adoptar el sentimiento por la Academia Racing Club) y había sido declarado ciudadano ilustre de la Capital Federal. Por este motivo, sus restos eran velados anoche en el recinto de la Legislatura Porteña, por donde pasaron vecinos y destacadas figuras de la cultura, para darle la despedida.

Dueño del recordado Café Homero ubicado en el barrio porteño de Palermo, Juárez dejó ese local para radicarse tiempo atrás en Villa Carlos Paz, donde se convirtió en uno de los vecinos destacados e ilustres de la villa.

El popular artista nació el 5 de noviembre de 1947 en el pueblo de Ballesteros del departamento Unión, en el sur provincial. Siendo muy pequeño, su familia se mudó a Buenos Aires, donde abrazó con fervor la música ciudadana y el “fueye”. Su inicio fue en un certamen de cantantes de la cantina La Huella del Tango, donde actuó durante un par de meses. Luego concretó giras por las provincias, con el guitarrista Héctor Arbelo y por esos caminos conoció a Horacio Quintana, quien le abrió las puertas de Caño 14, la meca tanguera de los ‘60. En 1969 grabó su primer disco y al poco tiempo conoció al inmortal Aníbal Troilo, que se ofreció para ser su padrino artístico. Así comenzaba una carrera que lo llevó por todas partes y a compartir escenarios y estudios con artistas de primer nivel. Considerado un innovador del “fueye”, el Negro está merecidamente entre los dioses del Olimpo del tango.

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