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Diego Klimowicz, el 9 de la gente

El cordobés recibió ayer el homenaje del público albirrojo. “Hubiera querido que sea de otra forma, jugando”, dijo.

Ell Negro Fabián se acercó despacito. Caminó los pocos metros que los separaban. En las manos, una bolsa blanca con una plaqueta adentro. “A Diego Klimowicz, en homenaje a su paso por Instituto”, se podía leer, entre un par de palabras más que querían tocarle el corazón al gigante. En dos segundos, Fabián (el líder de la barra identificada como La Gloria), ya estaba junto al Granadero. Le dio un abrazo lindo. De esos sinceros. Y, recién entonces, Diego Klimowicz se sintió en casa.

Ayer, en el entretiempo del encuentro ante Chacarita, se dio una de esas cosas que llenan el corazón del hincha. Son regalitos. Recuerdos que se guardan y que también marcan a los protagonistas.

Porque también Diego Klimowicz sintió ese cosquilleo especial cuando el presidente Juan Carlos Barrera le entregó esa flamante camiseta albirroja con el 9 en la espalda. Y rápidamente se dio vuelta, para mostrársela a los hinchas que estaban en la popu, y también a las dos plateas.

Seguramente, el sueño más soñado en Alta Córdoba fue que Klimo volviera algún día de su aventura europea para ponérsela. Para sentirla otra vez. Y quién no lo imaginó trepado al alambrado, cantando un gol. Gritándolo con el alma.
Pero no pudo ser. “Me hubiese gustado jugar, pero no se puede (su lesión en la cadera es grave y no le permite correr).

Estoy agradecido e intentaremos hacer, desde adentro del club, que todo sea mejor para esta institución. Porque este club se merece lo mejor”, alcanzó a decir Klimo, cuando el locutor le puso el micrófono en las manos.

“Es hermoso recibir el afecto de todos los hinchas. Estoy seguro que en este torneo todo va a andar bien y que el año que viene Instituto va a estar jugando en Primera. Al equipo lo veo bien y seguramente va a hacer un gran torneo”, cerró, mientras sus hijos le correteaban alrededor.

Posó para las fotos. Habló para las notas radiales, pero lo más importante ya se había dicho en ese frío entretiempo. Fue cuando pisó otra vez el césped del Monumental. Y cuando el hincha lo aplaudió. Para seguir siendo, por siempre, el 9 de la gente.

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