?>
Córdoba

Como padre y papá, Pepe casó a su hijo

El cura de Pasco, José Alberto Cruchinho, Pepe, ofició la boda de su único hijo Pablo en la Catedral Inmaculada Concepción de Villa María.

“Cuando tuve que dar el sí ante la pregunta del padre Pepe, mi padre,  vi pasar mi vida como una película”, admitió emocionado Pablo Andrés Cruchinho, el hijo del párroco de Pasco que ofició la boda de su propio hijo, ayer, en Villa María. Estas fueron las conmovedoras declaraciones que le hizo Pablo a la periodista Patricia Gatti de El Diario de Villa María que cubrió la austera ceremonia realizada en la Catedral de la Inmaculada Concepción en horas del mediodía.

Valeria, la esposa de Pablo, lució un sobrio vestido blanco con encaje a la altura de las rodillas, cuyos únicos detalles fueron una faja anaranjada que le rodeaba la cintura y dos rosas. Pablo tenía puesto un traje azul opaco, tan sobrio y sencillo como la ceremonia donde los únicos brillos fueron los flashes de las cámaras fotográficas y los reflejos de las cámaras de televisión. Una boda al estilo del Padre Pepe, quien siempre fue un cura comprometido con las necesidades de los sectores más vulnerables de la población.

Cubrime si lloro. “Como el padre Pepe tenía temor a emocionarse en algún momento de la boda, me pidió que cualquier cosa dijera unas palabras si veía que se involucraba demasiado en su rol de padre y se echaba a llorar”, relató Pedro Lucchese, párroco de la Catedral de la Inmaculada Concepción, quien estuvo al lado de Pepe durante toda la boda. 

A decir de Lucchese, hubo al menos dos momentos conmovedores que fueron el broche de oro de la ceremonia. El primero fue cuando uno de los nietos del padre Pepe dijo orgulloso: “Ahí está el abuelo Pepe”. Otro momento recordado fue cuando su colega le dijo a su hijo con un dejo de picardía: ahora puede besar a la novia. La respuesta, además del beso esperado, fue un caluroso aplauso de los casi 100 familiares y amigos que emocionados acompañaron a la pareja hasta la puerta de la Catedral  al son del Aleluya de Haendell.

Apenas terminada la boda, el padre Pepe –que se ordenó sacerdote después de la muerte de su esposa–, le dijo a Cadena 3: “Es una satisfacción que se case un hijo, el único que tengo. Los veo bien y eso me hace feliz. Es un momento muy especial. El casamiento es confirmar una situación de vida que uno acompaña muy de cerca como hace todo padre cuando llega ese momento”.

Luna de miel no tienen previsto hacer porque Valeria, que es perito caligráfica, y Pablo, que se desempeña en una empresa de turismo, tienen que seguir trabajando para mantener a sus tres hijos. No obstante festejaron el acontecimiento con un asado con torta en el tradicional Sport Social Club de Villa María junto a sus amigos y familiares.

Luis Cruchinho, el hermano de Pepe, relató: “comimos empanadas de entrada, un rico y suculento asado con ensaladas y de postre una torta muy grande que por suerte alcanzó para todos”.

“El siempre fue solidario y ayudó a la gente humilde que más lo necesitaba. Formó una familia, se casó y lo tuvo a Pablo, pero Pepe nació para ser sacerdote”, agregó su hermano. Así son las vueltas de la vida. Pepe comenzó el seminario a los 13 años, salió a los 24, cuando estaba por terminarlo abandonó los estudios. A los 28 se casó. Vivió feliz con su esposa 13 años. En 1977 enviudó cuando su hijo Pablo tenía 9. Regresó al Seminario, se convirtió en sacerdote, bautizó a sus nietos y ayer casó a su único hijo. Una vida intensa, bien vivida, que nunca dejó de ser espiritual. 

Sumate a la conversación
Seguí leyendo