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Policiales

Bronca, tensión y desalojo en Ampliación Cabildo

Una mujer denunció que su hija fue abusada por un vecino del barrio. Como la Justicia no tiene pruebas liberó al joven, y el barrio explotó. Ayer hubo "guerra" hasta que desalojaron a la familia.

La casa ya mostraba en su fachada la huellas de los cascotes que habían caído sobre ella desde la mañana. Los policías miraban con preocupación a la multitud que no daba señales de pretender alejarse. Eran las 16. El sol pegaba como un cross a la mandíbula de los infantes vestidos de Robocop. El fogón, con el que los vecinos habían intentado quemar la casa, seguía encendido. Muy cerca de allí, un niño de dos años se paseaba, orgulloso, entre los yuyos del baldío, con el triciclo nuevo color verde manzana que le trajo El Niño Dios.

Todo era una mezcla de confusión caos e inocencia, pero la tensión se percibía en el ambiente y nadie sabía qué podía pasar.
La madre de la nena de dos años que acusaba de abuso a uno de los habitantes de la vivienda atacada,   hablaba con la prensa con un cascote en su mano. Todo parecía estar a punto de explotar hasta que, de repente, llegó “el Roberto”.
“Robeeerto, Robeeerto”, gritó la multitud cuando el hombre morocho, de pelo largo, arito plateado, modos suaves y corbata roja se bajó del auto y saludó a la multitud.

–¿Quién es? –preguntó el cronista.

–El Roberto –afirmó una mujer– se hace el amigo acá, pero es puntero, trabaja para el ministerio– dijo mientras todos los vecinos, algunos insultándolo por lo bajo, se unían a él.

Las razones. Ayer a primera hora de la mañana los vecinos de barrio Ampliación Cabildo explotaron. Desde hace 20 días se comenta que un chico de 19 años (cuyo nombre no se da a conocer porque no existe imputación en su contra) está sospechado de haber abusado de una nena de tres años. La denuncia la realizó D. Ch., la madre de la menor.

Según explicó D. Ch., el 12 de diciembre el presunto abusador fue a visitarla y estuvieron charlando hasta que ella lo despidió “porque tenía que tender la ropa”. Mientras ella “estaba en la soga” asegura haber escuchado una  voz grave en la pieza de sus hijas. Al ingresar vio salir “a toda velocidad” al joven que acababa de despedir. 

D. Ch. estaba muy nerviosa ayer pidiendo venganza y no dudó al asegurar que su hija fue abusada. “Yo intenté hablar con ella y ella se fue corriendo a la casa de su abuela. Estuvimos todo el tiempo preguntándole si la habían manoseado y recién a las tres horas ella nos dijo que sí”, afirmó rodeada de sus vecinas que a manera de coro gritaban: “le cagó la vida” o “le arruinaron todo a la nena”.
Cuando este diario preguntó si  tenía certezas de que la chica había sido abusada, la madre se quejó: “En la Policía prácticamente me dijeron que la tengo que llevar sangrando a mi nena para demostrar que la abusaron”. Lo cierto es que el joven fue detenido pero puesto en libertad por falta de pruebas. Lo mismo pasó el sábado pasado que fue detenido y vuelto a liberar por la misma razón.

“Yo conozco a la familia. Dos de sus parientes son ahijados de una de mis hijas –sorprendió D. Ch., la denunciante– por eso sé que cuando vivieron en barrio Ferrer, él también fue acusado de abuso. Les dije a los vecinos y queremos que se vayan”, afirmó ayer, apenas antes de tomar un cascote y estrellarlo contra la pared de la casa de sus vecinos.

Solución. Durante el tiempo que duró la manifestación, la Policía se mantuvo tranquila. El experimentado jefe de Distrito 3, Miguel Castelló, le dijo a este diario que pensaba esperar “todo lo que hiciera falta” antes de reprimir.

En el momento más tenso del día (cerca de las 14) los vecinos denunciaron que la represión fue desmedida. Lo sufrió Celia Rodríguez, que recibió cinco impactos de perdigones de goma en su cuerpo.

Tras su llegada, este diario le preguntó a Roberto ¿Quién era? y éste respondió: “Soy Roberto Martínez. Poné que cuando llegué yo se arregló todo. Trabajo para el Ministerio de Gobierno en la zona sur”.

Roberto y Castelló (el segundo  confesó que no terminaba de entender qué hacía ahí el otro) percibieron  que la única forma de descomprimir la situación era mudando los muebles de la casa. Cerca de las 18 llegó un camión. Entre aplausos y vítores, los  niños del barrio ayudaron a subir las cosas más pequeñas. Los infantes cargaron el freezer, los televisores pantalla plana, la Play Station y varios electrodomésticos más.

Antes de irse, la Policía debió instalar una consigna en la casa porque una mujer y sus tres hijos se habían instalado en la vereda (con bolsos) preparados para usurparla.

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