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Belgrano fue al frente

Sin ser una máquina, Belgrano cumplió con lo que se le pedía desde hace rato: atacar y ser protagonista. Eso es lo que pregona Labruna.

Todo comenzó con aquel hombre que se acomodaba constantemente sus anteojos y decidía poner en cancha a algún rústico para que no se le incendie el buque pirata cuando los rivales presionaban. Era Francisco Ferraro, quien comenzaba a generar esa ira insoportable para los siempre disconformes hinchas que pretendían un equipo más ofensivo. Pero, no. La idea del DT era siempre la misma: defendamos a muerte el poroto que tenemos. Después de un 7-0, pasó a la historia.

Luego, le llegó el turno a Mario Gómez, quien se agarraba la gorrita y llamaba a algún defensor del banco de suplentes. La platea de Alberdi explotaba en furia. Belgrano ganaba 1-0, pero los insultos eran masivos. La caída ante Racing en la Promoción, lo mandó al libro de los recuerdos.

Pasaron seis meses más y la imagen se repetía, sólo que con otro actor principal. Dalcio Giovagnoli acomodaba su sweater color beige, llevaba las manos a su espalda y miraba de reojo. Pocos segundos después se decidía y ponía en cancha a alguien para defender.

Nuevamente, la explosión de la platea. Belgrano ganaba 1-0, pero eso no conformaba. Y así pasó otro técnico que debió abandonar el barco tras un 0-3 en contra como local.

La reciente historia pirata está más ligada con el aguantar que con el generar. Más emparentada con el intentá ganarme al voy a intentar ganarte. Pero, al menos ayer, se encendió esa luz de optimismo que tanto reclamó el hincha pirata en todo este tiempo: ir al frente.

En el 1-0 ante la CAI, Belgrano fue para adelante, con sus virtudes y sus defectos. Pero, por lo menos, no fue mezquino y constantemente intentó hacer sentir a su rival que el protagonista era el de la camiseta celeste y que no cualquiera le robaría el centro de la escena.

El día que llegó, Omar Labruna fue contundente: “Quiero un equipo protagonista, más agresivo, ofensivo y que busque ganar en cualquier cancha. Hay que entender que acá hay presiones, sino no se puede estar en un club como Belgrano”.

Este discurso tocó el alma de sus jugadores. Y ayer, a pesar de lo ajustado del resultado, colmó las expectativas en el Gigante de Alberdi. Porque esta vez, los volantes por afuera, César Mansanelli y Leandro Becerra, vieron más de cerca el arco visitante que el que defendió Carlos de Giorgi. Sobre todo, Chucho, quien se convirtió en estandarte en cada ataque de la B. Y, así, a su vez, permitió que los delanteros, Héctor Cuevas y Pablo Chavarría, no se sientan perdidos en una isla solitaria. Sino que se vieron acompañados, tuvieron a alguien que los mime de cerca, compañeros que no debían buscarlos con larga vistas para intentar crear un ataque.

El rendimiento de Belgrano no fue para tirar manteca al techo, ni para que la Copa Libertadores esté al alcance de la mano, pero sí para que se escuchen los aplausos y que el volveremos, volveremos retorne para convertirse en un clásico hit de la ilusión.

20 metros más. Omar, ¿cómo se hace para ser más ofensivos?, fue la pregunta en su momento. “Es simple. Adelantando 20 metros la línea defensiva, de esa manera también se adelantan los volantes centrales y le permiten a los mediocampistas por afuera llegar al arco rival”, fue la respuesta.

¿Pasó esto ayer? Sí. Porque Diego Novaretti y Marcelo Berza (después Lollo) cortaron todo lo que pudieron apenas metros atrás del círculo central. Mario Pacheco se convirtió en el distribuidor de la mitad de cancha y Guillermo Farré se animó a pasar varias veces al ataque. En una de ellas convirtió, en la otra, a los 23 minutos del segundo tiempo, casi liquida el partido.

Con estas premisas, más las labores de los ya mencionados Becerra y Mansanelli, Belgrano justificó su victoria. Porque fue al frente. Bien, mal, con virtudes y defectos. Pero fue al frente. Quizás sea por eso que ese hombre de gorrita onda retro de la platea haya sacado una conclusión: “Ahora no somos el Milan, pero al menos fuimos al frente, eh”.

Y sí, el Pirata aún debe mejorar bastante, pero, al menos tuvo eso que tanto se le reclamó en todo este tiempo: pensar en atacar.

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