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Córdoba

Aumentan los casos de niños con graves quemaduras

Accidentes domésticos. En un año, 127 chicos fueron internados por quemaduras graves. La mayoría fue por incendios con estufas eléctricas.

La cantidad de quemaduras graves en niños aumentó un 40 por ciento en un año, según los registros del Departamento de Emergentología del Hospital de Niños de la Santísima Trinidad. Se trata de pequeños que necesitaron internación, debido a que tenían afectada gran parte de su superficie corporal. La mayoría de los chicos fue víctima de incendios en viviendas precarias y calefaccionadas con estufas eléctricas.

Según la estadística anual de ese centro de salud provincial, la cantidad de pacientes con quemaduras graves que necesitaron internación aumentó un 40 por ciento en un año. De los 90 niños con lesiones importantes de piel registrados en 2009, se saltó a 127 chicos, en 2010.

Las lesiones severas que tienen que ver con el fuego o el calor intenso subieron una posición en el ranking de accidentes domésticos más comunes que requieren internación. En 2009, las quemaduras ocupaban el tercer lugar, con el 8 por ciento del total de los casos. Por encima se ubicaron los traumatismos (caídas o accidentes de tránsito), con el 74 por ciento del total, seguidos por las intoxicaciones de distinto tipo, con el 9 por ciento del total. Con el incremento de personas quemadas registrado en 2010, este tipo de lesiones subió del tercer al segundo puesto. Registró el 10 por ciento del total de casos y relegó a un tercer lugar a las intoxicaciones domésticas.

Ejemplos concretos. El viernes 20 de mayo fue un día poco habitual en la guardia del Hospital de Niños. Además del aluvión de consultas por enfermedades respiratorias, un acontecimiento fortuito cambiaría por completo la rutina de los médicos ese día. Tres niñas (de 5, 3 y 2 años) estaban quemadas casi por completo, tras un incendio registrado en una precaria vivienda de barrio Las Magdalenas. Necesitaban con urgencia un respirador.

En la sala de emergencias había ese día dos camas con respirador. Por si las dudas, estaban disponibles otras dos bocas de oxígeno, “en caso de una catástrofe”, según recuerda María Eugenia Gordillo, jefa del Departamento de Emergentología de ese centro de salud. Ese día, poco antes del cambio de guardia, hubo que usar tres camas con respirador. “No creo volver a ver una cosa así”, dijo la doctora.

Como si las palabras hubiesen quedado flotando en el aire, en forma de premonición, 24 días después, esos tres mismos puestos iban a ser usados, por segunda vez en la historia del hospital. Fue el lunes 13 de junio, cuando otra vivienda de barrio Comercial iba a ser deglutida por las llamas. De nuevo, tres chicos llegaron incinerados, también con demanda urgente de atención.

“Este mes fue inusual desde todo punto de vista –recuerda la doctora Gordillo–. Es muy poco frecuente que lleguen tres niños con la misma gravedad. Por primera vez en 30 años que llevo de servicio, recibí a seis en menos de un mes. Todos tenían del 40 al 60 por ciento de la superficie corporal afectada”. El caso de las hermanitas de Las Magdalenas y, posteriormente, el de barrio Comercial, se recuerdan hoy como antecedentes. Y ejemplifican además las estadísticas de accidentes del hospital.

Uno de los mayores desafíos que deben sortearse en la guardia cuando llegan tantos casos graves, es encontrar camas de terapia intensiva. “En épocas de frío, la terapia está llena de pacientes con enfermedades respiratorias. Tuvimos que hacer malabares para encontrarles camas. Afortunadamente encontramos”, recuerda Gordillo.

Coincidencias. De acuerdo con los datos aportados por el área, la mayoría de los pacientes que requiere internación por quemaduras severas proviene de viviendas precarias. Allí, los chicos comparten la habitación con varios hermanos y se calefaccionan con estufas eléctricas. “En años anteriores, llegaban intoxicados con braseros. Ahora vemos muchas estufas eléctricas como calefacción. Antes, la gente de bajo recursos sufría intoxicaciones por braseros que no provocaban quemaduras”, apuntó Gordillo, marcando la diferencia.

Los seis casos registrados en los últimos días registraron varias coincidencias: viviendas precarias, hacinamiento y calefacción eléctrica. Los seis tenían quemaduras de entre el 40 y el 60 por ciento de la superficie corporal. De las tres primeras, una falleció y las otras están en tratamiento de cirugía plástica reconstructiva. Los tres casos más recientes siguen en terapia intensiva.

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Accidentes: enfermedad como cualquiera otra
Los accidentes domésticos –llamados “injurias” o “daños no intencionales” por la Organización Mundial de la Salud (OMS)– hacen pico en determinada época del año, al igual que cualquier tipo de enfermedad. Así es como a partir de septiembre, las guardias de los hospitales comienzan a poblarse de niños accidentados. Los chicos pasan más tiempo al aire libre y es más posible que se caigan y sufran traumatismos.

De las 110 mil consultas anuales que recibe la guardia del Hospital de Niños de Córdoba, un 27 por ciento son accidentes domésticos. 8 mil niños que necesitan hospitalización y otros 5 mil que demandan curaciones en la Sala de Observación. Allí permanecen unas horas y luego parten a la casa.

En comparación con cualquier otro tipo de consulta por guardia, los accidentados requieren menos internación. El índice de mortalidad de accidentados también es menor. Los registros dicen que el 5 por ciento fallece. Pero en comparación con los demás casos, las recuperaciones son mucho más lentas y las consecuencias, más severas.

“La única forma de prevenir los accidentes es evitar que ocurran. Sólo el 20 por ciento del daño puede mitigarse con asistencia médica, una vez que la lesión se produjo. La mayoría muere en el momento. La única forma de evitarlo es con educación y toma de conciencia”, finalizó Gordillo.

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