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Adiós al ritmo, adiós a Bam Bam Miranda

El percusionista y luthier peruano falleció ayer después de haber sufrido un ACV sobre el escenario el jueves durante un show en el Teatro San Martín.

El percusionista Miguel Antonio “Bam Bam” Miranda, peruano de nacimiento y cordobés por adopción, murió ayer al mediodía después de haber sufrido un accidente cerebro vascular hemorrágico el jueves a la noche sobre el escenario del Teatro Libertador San Martín, durante una presentación de Guarango.

El músico, reconocido a nivel local y nacional, tenía sólo 55 años y se desplomó durante un solo de cajón peruano en una función homenaje al 190 aniversario de la independencia de Perú.

Tras informar sobre su muerte, el director de Hospital Córdoba, Carlos Simons explicó que se trató de una “hemorragia cerebral masiva” y “sin posibilidad de recuperación”. También aclaró que el músico estuvo inconsciente desde el momento en el que se descompuso. “Se rompieron las arterias y la inundación se extendió a todo el espacio cerebral”, detalló.

Gabriel “Catriel” Ruiz, colega y amigo de Bam Bam, estaba presente en el lugar y relató: “Fue horrible. A él se lo veía bien, estaba sonriente, sentado en el cajón, a punto de tocar y justo haciendo un chiste, cuando cayó desmayado. Entonces bajaron el telón y luego pidieron los médicos”.

Bam Bam era miembro estable de la orquesta de Carlitos “Mona” Jiménez, pero además lideraba la formación Guarango, que hacía un repertorio de música afroperuana. Además, a nivel nacional su talento lo había llevado a colaborar con grandes artistas del rock y otros géneros. Su muerte fue una sorpresa y el cariño que despertaba en quienes lo conocían se hizo presente en las redes sociales.

Homenaje y velorio fiel a él. Ayer mismo, músicos y percusionistas, decidieron realizar un homenaje a Bam Bam con una rueda de tambores en las escalinatas del Teatro San Martín, donde el peruano golpeó por última vez su cajón.

El velorio, que comenzó anoche a las 21.30 y tenía previsto finalizar hoy a las 10, tiene lugar en el 990 Arte Club (Los Andes 337). Luego su cuerpo será trasladado al Cementerio Parque de Villa Allende, donde esperará la llegada del hijo del músico, que vive en Perú.

El lugar elegido para velarlo no es casual, 990 fue parte de su vida (a tal punto que en su departamento –a metros del lugar– mantenía un papelito que decía: “Estoy en 990”, pegado con cinta del lado de adentro de la puerta, ya listo para salir y pegarlo del lado de afuera). Bam Bam era habitué de este lugar, a veces iba para compartir el escenario con los músicos estables de la Jam session, otras veces se acercaba para dar un show con Guarango o simplemente para mezclarse con el público.
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Vivir al ritmo de la música
Miguel Antonio “Bam Bam” Miranda nació el 11 de junio de 1956 en Lima, Perú. Su padre y su madre eran músicos y desde muy pequeño comenzó a incursionar en los instrumentos de percusión.

Dedicó su vida entera a la percusión, se definía a sí mismo como un “obrero de la música”, ya en Perú se destacaba como miembro de la orquesta de Machito Gil con quien ganó un Grammy en 1985, allí conoció a Alejandro Lerner, quien lo invitó a su banda y lo trajo a Argentina.

Según contó el mismo, su plan después de girar con Lerner era volver a su Lima natal, pero los músicos argentinos no querían dejar escapar su talento.

Después, el destino quiso cruzarlo con Carlos la Mona Jiménez, en 1992, fue entonces que Bam Bam dejó de lado algunos prejuicios y se aquerenció en Córdoba.

Luthier, percusionista, creador, estudioso y profesor de la música, apasionado e inquieto, Miranda tocaba jazz en 990, antes de ir al baile o viceversa.

Con su experiencia de vida, los escenarios pisados y su voz ronca, Bam Bam le tapaba la boca a esos cualquiera que osara criticar su trabajo con Jiménez.

“La música no es magia. La música es oficio. Y mientras más géneros toques, mientras más variado sea tu rango de conocimiento de patrones rítmicos, de idiosincrasia, de formas de baile y formas musicales… más cerca del jazz vas a estar”, explicaba cual docente, sin soberbia, pero con conocimiento de causa.
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Querido y requerido por el rock

Más allá de que su trabajo más estable, el que ponía el pan sobre su mesa, era su labor como miembro de la orquesta de Carlos Mona Jiménez, Bam Bam Miranda era respetado y reconocido como un gran percusionista por músicos de los más variados ambientes, desde el pop al jazz, pero sobre todo era requerido por el rock.

Miranda llegó a la Argentina de la mano de Alejandro Lerner, quien en 1985 lo invitó a formar parte de su banda. Después el percusionista tocó y grabó con bandas o solistas tan dispares como Divididos, Callejeros, Viejas Locas, Bersuit Vergarabat, Liliana Vitale, Juan Carlos Baglietto, Roberto “Polaco” Goyeneche, Teresa Parodi, Los Caligaris, Los Carabajal, Los Nocheros.

En una charla con Día a Día, hace sólo 4 días, Bam Bam habló sobre Cristian “Pity” Álvarez, quien está internado y recuperándose de su adicción a las drogas, y lo definió como “un hermano”. También contó de su amistad con Patricio “Pato” Fontanet, a quien acompañó hace sólo un mes en los dos shows que dio con su nueva banda Casi Justicia Social en Palm Beach.

“Pity es un hermano y yo lo voy a bancar a muerte. Lo mismo que al Pato Fontanet, que toqué con ellos las dos actuaciones en Palm Beach y de ahí me fui a tocar con la Mona”, contó.

Además mantenía desde hace 11 años unido a su grupo Guarango, que recorría la música afroperuana y tuvo otros proyectos como Monos con navaja y La banda latina, proyecto que lo unió con Willy González.

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