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A menos de un mes de entregar sus formalidades y atributos simbólicos, los gobiernos en retirada de Juan Schiaretti y Daniel Giacomino gastan tiempo.

Al poder ya lo dejaron. A menos de un mes de entregar sus formalidades y atributos simbólicos, los gobiernos en retirada de Juan Schiaretti y Daniel Giacomino gastan tiempo.

La conciliación obligatoria impuesta a los empleados estatales provinciales, en caso de que consiga respeto de los trabajadores, le pone el moño de regalo al conflicto para José Manuel de la Sota. El gobernador electo asumirá sin tiempo de gracia: la tregua se le terminará rápido, como la plata. Sin fondos de la Nación, la situación es crítica. Así como Schiaretti se va quemando el recurso de la conciliación, también agota el margen de endeudamiento con la emisión de Letras por 1.200 millones de pesos.

Una década más tarde, DLS tendrá que gobernar una crisis. Pero esta vez no estalló el país, un mal de todos (y consuelo de tontos). Hay que remontarse a 1995 para encontrar otro momento así. Clima de época consumista. Convertibilidad, voto cuota. Menem reelecto. Y a contramano, en Córdoba, Eduardo Angeloz no puede pagar sueldos, tiene a los empleados públicos en la calle.

Así tuvo que asumir Ramón Mestre (padre): con un ajuste. No tendrá otra DLS si la Nación no le da oxígeno. Y aún así, necesitará cobrar más impuestos y gastar menos para pagar los vencimientos de deuda y los certificados de obras que deja Schiaretti.

En la Municipalidad, a Giacomino sólo le queda una cosa por hacer para elevar a los monotributistas al rango de contratados: nombrarlos por decreto y violar una ordenanza que él mismo hizo aprobar. Unos le dicen que esa norma es inconstitucional. Otros lo atemorizan: le dicen que esa firma lo llevará a Bouwer.

Ramón Mestre se prepara para enfrentar esta batalla, la primera con el Suoem, aumentando su capital político. Sabe que necesitará mucho respaldo para resistir a este y a otros sindicatos (UTA, Surrbac) con enorme capacidad de fuego. Por eso, antes de salir a escena cerró con todos los sectores internos. Mantiene la alianza táctica con DLS. Aceptó liderar a los intendentes y ante la horfandad radical, se proyecta a escala país, lugar que ocupará con cautela: no quiere ponerse en la mira de CFK. Se mueve como para dar pelea.

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