Córdoba

Crecen los casos de tarjetas duplicadas en vacaciones

Muchos veraneantes en Brasil, Uruguay y México descubren al llegar que sus tarjetas de débito y crédito siguen haciendo compras en el exterior. 

Muchos argentinos que hicieron turismo este verano en Brasil, Uruguay o México, ya regresaron al país. Pero para un buen puñado de ellos, las vacaciones “lamentablemente” no terminaron. 

Es que al llegar a sus casas y chequear sus cuentas bancarias se dieron con que sus tarjetas de crédito o débito, las mismas que habían usado en sus destinos turísticos para pagar caipiriñas o pareos playeros, seguían haciendo compras bajo el sol en aquellos países.

Después de la sorpresa, la duda y luego la confirmación, previa llamado al banco: fueron víctimas de un fraude cada vez más común y extendido: la duplicación de tarjetas.

El delito, muy difícil de controlar, se concreta a través de pequeñas y sucesivas compras realizadas luego de que algún “posnet” trucho copiara la banda magnética del plástico y, merced a algún descuido del dueño de la tarjeta, alguien robara la clave de seguridad (seña) digitada en una compra. Así, antes de que la víctima se de cuenta, su caja de ahorro acumula varias compras o extracciones por cajero que, sumadas, pueden llegar a 3.000, 5.000 ó 10.000 pesos. O mucho más.

Para no caer en manos de estos delincuentes, hay varias recomendaciones a seguir. Antes de viajar, informar al banco la salida y regreso al país con suma precisión. En el destino, no dejar que se lleven la tarjeta lejos de la vista y digitar la clave sin que nadie (incluidas cámaras de seguridad) pueda verla.

Al regreso, si hemos sido víctimas de fraude, dar de baja inmediatamente el plástico duplicado, y pedir ante el banco emisor de la tarjeta un desconocimiento de las compras no realizadas, informando con precisión fecha de partida, llegada e itinerario del viaje. Los bancos están obligados a devolver provisoriamente el dinero, hasta tanto se determine qué sucedió con dichas compras fraudulentas. 

Y para el próximo viaje, piénselo dos veces antes de tarjetear un “milho quente” desde la mismísima “praia”.

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