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Tramposos por sexo, tramposas por afecto

Pareja. Una encuesta de Second Love a sus 40 mil usuarios revela características de los “piratas argentinos”.

La monogamia no se vive en todos las casas con estricta rigidez. Las webs para infieles le sacan el jugo al deseo.

La monogamia no se vive en todos las casas con estricta rigidez. Las webs para infieles le sacan el jugo al deseo.

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19/03/2012 00:00

Por Redacción Día a Día

Desde que una de las webs más importantes del “mundo pirata”, Second Love, desembarcó en nuestro país, allá por los fines de 2010, 40 mil argentinos se prendieron para navegar sus aguas, más turbulentas que calmas, y tirando a turbias, por así decirlo.

Cuatro decenas de miles, entre infieles ya actualizados e infieles en potencia, sumó Second Love en poco más de 12 meses, número que, si no habla por sí solo de una tendencia a la trampa casi innata entre nosotros, muestra, por lo menos, que una gran cantidad de compatriotas viven la monogamia más que como una regla, como una curva. Una curva tan maleable como la masa.

La novedad, ahora, es que Second Love –que no es la única en su campo, para colmo, lo que multiplica las “patas de lana”– realizó una encuesta entre sus comensales. De lo que vamos a hablar, entonces, es del tramposo argento. Y de la tramposa argenta, que también hay muchas. ¡Al abordaje!

Sapos y princesas. Es una especie de saber popular el que asegura que los hombres son infieles casi por deporte, mientras que las mujeres lo hacen empujadas por el amor, ya sea cuando este se acabó puertas adentro o cuando apareció puertas afuera. Si se cree en ello, el sexo masculino queda pintado en tonos casi animalescos, mientras que el equipo contrario se viste más de cortesano.

Las respuestas que unos y otras dieron a Second Love avalan, en parte, esa hipótesis no científica.

Los hombres quieren sexo. Así de simple. Van por la vida con un objetivo; esa “eterna necesidad” de estar con otra persona, más allá de la pareja formal, que no tiene una explicación al parecer que responda a la racionalidad.

El 79,9 por ciento de los encuestados respondió que lo que busca a la hora de cometer una infidelidad es “sexo”, mientras que sólo el 29,8 por ciento busca “atención y afecto”; el 25,8 por ciento, “flirteo y coqueteo”; y sólo el 9,6 por ciento quería otra “relación estable”.

Las mujeres son menos físicas. Sí, obvio, muchas querían sexo como parte (o clímax) de la aventura tenida o por tener, pero el porcentaje que eligió esa opción bajó considerablemente respecto de los hombres, hasta el 52,2 por ciento. Y, como era cantado, aumentaron los porcentajes de quienes buscan en la infidelidad “atención y afecto” (41,3 por ciento) y las que pretendían construir “una relación estable” (15,2 por ciento).

Algo similar sucedió cuando a faunos y a ninfas se les preguntó qué es lo que los llamaba a “bailar en otras praderas”. ¿Qué los hizo decidirse a buscar una aventura?

Entonces, se pudo ver que casi la mitad de los hombres infieles “busca otra” pese a estar feliz con lo que tiene, mientras que la cantidad de mujeres que duermen afuera satisfechas de lo que tienen en su lecho disminuye. El 47,5 por ciento de ellos contestó que lo que lo impulsó a la aventura fue el deseo de “probar algo nuevo y excitante aunque esté contento con mi pareja”, opción que sólo fue elegida por el 30,4 por ciento de ellas.

“Mi relación se ha vuelto muy rutinaria” fue lo más votado entre ellas (31,5%; 31,8% entre los hombres), superando también a “mi pareja no puede satisfacer todas mis necesidades” (20,7%; 29% para ellos) y “no siento afecto ni excitación por mi pareja actual” (18,5%; 9,6% los infieles).

Donde sí hubo más similitud, por último, es en el tiempo de pareja que llevaban los infieles a la hora de salir a trampear: en ambos casos, el porcentaje más alto lo alcanzaron quienes llevaban entre uno y cinco años casados o conviviendo, mientras que, como era de esperar, fue bien bajo el número de infieles que tuvieron un affaire antes de cumplir 365 días con sus parejas oficiales. Es que al principio, parece, pero sólo en esa etapa, “está todo bien”.

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Ellos lo pensarían. Ellas perdonan más.
La última pregunta a la que respondieron los usuarios de Second Love no tuvo tanto que ver con la aventura en sí, sino más con la vuelta a casa del tramposo. “¿Podrías perdonar una infidelidad a tu pareja?”, se les consultó a los mismos infieles. Entre ellas, el “sí” fue casi rotundo, con más del 60 por ciento. Entre ellos, en cambio, el sí quedó en segundo lugar, detrás del “tendría que pensarlo”. El “no”, sorpresivamente, apenas cosechó un 14,6 por ciento entre los hombres y un 9,8 por ciento entre las mujeres. Aparentemente, la infidelidad ya no está tan mal vista entre los nosotros los argentinos.

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