?>
Argentina

Malvinas, ayer

El gobierno militar vio en la recuperación de Malvinas la oportunidad para perdurar. Y la injustificada guerra no hizo más que hundirlo.

La Operación Rosario estaba en marcha. La madrugada del 2 de abril de 1982, varios comandos del ejército argentino ocuparon las Islas Malvinas. En pocas horas, unos cinco mil efectivos al mando del general Mario Benjamín Menéndez desembarcaron en Puerto Argentino (Puerto Stanley, para los Kelpers), la capital del archipiélago, y obligaron a las tropas británicas a rendirse.
El plan comenzaba a transitar su camino sin retorno. El triunfal comienzo no dejaba predecir los vestigios del tremendo final.
El gobierno de facto que lideraba el general Leopoldo Fortunato Galtieri planificó secretamente, meses antes de la invasión, el operativo de recuperación de Malvinas. Fue un intento desesperado por huir de su ennegrecida decadencia. Pero lejos de ser un salvavidas, terminó ahogando al proceso militar.
Mientras en Buenos Aires el gobierno militar lograba el apoyo de gran parte de la población, enceguecida por un sentimiento patriótico, en Londres se forjaba una decisión de hierro.
La primera ministra británica, Margaret Thatcher (por entonces debilitada políticamente y en plena crisis) respondió con firmeza y no tardó en reunir a gran parte de los británicos tras la causa de la reparación del orgullo herido. No dudó en enviar una flota para recuperar esos territorios de ultramar. Más de 110 buques de guerra navegaron desde Porthsmouth hasta el archipiélago con 28 mil efectivos.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas exigía el repliegue de las tropas argentinas y el inicio de las negociaciones. Nada de eso sucedía. La guerra estaba cantada, y el 1º de mayo estallaba con un bombardeo británico sobre Puerto Argentino.
Un día más tarde, el conflicto escribía su peor capítulo para el bando argentino y el hecho más polémico del enfrentamiento: el crucero General Belgrano se perdía en el fondo del mar Atlántico.
Tras la orden de Thatcher, el submarino nuclear británico Conqueror disparó tres torpedos. Dos de ellos dieron en el blanco, el ARA General Belgrano. Fue fuera del campo de operaciones y la peor baja para Argentina. Solamente allí murieron más de la mitad del total de caídos en la guerra.
En un mes y medio, el desembarco de las fuerzas británicas lograba acorralar a las inexpertas y diezmadas tropas argentinas.
Las batallas se agudizaron y, si bien los argentinos lograron destruir varias piezas clave de la flota enemiga, la superioridad del poderío bélico británico se hizo notar. A comienzos de junio, los argentinos habían perdido posiciones y comenzaron a replegarse hacia Puerto Argentino, su último bastión.
El papa Juan Pablo II rezaba por la paz en Buenos Aires, junto a dos millones de argentinos, mientras en las Malvinas, un puñado de inexpertos soldados reconocía, el 14 de junio de 1982, que había perdido la guerra.

Sumate a la conversación
Seguí leyendo